
El ámbito intelectual de Mariano Aramburu —finales del siglo XIX y las primeras cuatro décadas del XX— es, a nuestros ojos, muy diferente del actual, pero no menos interesante. La cultura —es decir, el acceso a ella— conserva aún el sentido elitista de los viejos tiempos y el intelectual no deja de ser un individuo con ciertos medios. La cultura, por lo general, es parte del abolengo familiar. Aunque por supuesto existen excepciones muy señaladas.
El camagüeyano Mariano Aramburu nació el 30 de noviembre de 1870 y tuvo una educación espléndida: cursó en España las carreras de Derecho y de Filosofía y Letras, allá mismo dio a conocer sus primeros trabajos jurídicos; alcanzó medalla de oro en el concurso del Círculo de Abogados de La Habana en 1883 y fue un joven intelectual de honda cultura y brillante desempeño profesional, dedicado por muchos años al ejercicio de la carrera de Derecho, con un renombre que se extendió más allá de las fronteras nacionales.
Orador y conferenciante, hombre de sociedad y miembro de varias academias —la Nacional de Artes y Letras y del Ateneo de La Habana— tuvo la honrosa distinción de ser el segundo presidente de la Academia Cubana de la Lengua, sucediendo en el cargo a su presidente fundador Enrique José Varona y siendo sucedido él a su vez, al morir, por el ilustre intelectual que fue José María Chacón y Calvo. Se le designó ministro extraordinario y plenipotenciario en Chile y presidió el Instituto Cubano-Chileno de Cultura.
La bibliografía del doctor Aramburu es extensa. Descuellan en ella los discursos impresos y asuntos de diversa índole, pero además, numerosos estudios de carácter literario y crítico, los temas filosóficos y acerca del idioma.
Echemos un vistazo a algunos de los títulos: Origen, desarrollo y decadencia de la tragedia griega, 1891; Personalidad literaria de doña Gertrudis Gómez de Avellaneda, 1898; Impresiones y juicios, 1901; Literatura crítica, 1909; Arte de bien vivir, 1915; La divina palabra, 1921; Ocaso, 1938; Divulgaciones, 1943, entre otros.
De su labor periodística dan cuenta las colaboraciones publicadas en Diario de la Marina, El Fígaro, Universal, La Discusión, Heraldo de Cuba, Revista Contemporánea y otros periódicos.
Para mejor justipreciar al Aramburu escritor, preferimos incluir este comentario del crítico Max Henríquez Ureña:
Según avanzaba en años, su juicio era más penetrante y certero, y aún más se aprecian esas cualidades que alcanzó Aramburu en su madurez activa y fecunda leyendo sus conferencias sobre La Época Constantina y La Edad Contemporánea, La divina palabra y Los valores humanos, obra de pensador.
Hombre de doble vocación, por la literatura y por el derecho (no hemos citado su abundante producción de libros y folletos sobre esta materia), Mariano Aramburu, murió en La Habana el 28 de junio de 1942, a la edad de 71 años.
El tiempo transcurrido y el peso enorme de la información continuamente generada por los medios modernos de comunicación al servicio de la cultura pueden, en ocasiones, agravar un proceso mediante el cual el polvo del olvido se acumula sobre algunas personalidades notables dentro de la sociedad y la cultura de su época. ¡Qué pena que así sea! Para contribuir a no olvidar se escriben estas letras.
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