
Cuando conocí a Marta Lesmes Albis (Cienfuegos, Las Villas, 1961) personalmente, estábamos en la oficina de Cubaliteraria, todo el equipo alrededor de nuestra mesa de trabajo. Mi primera impresión fue, ¡qué callada!, pero bastó un breve lapso para que su sapiencia se hiciera notar. Durante el encuentro advertí el modo de caleidoscopio con el que analiza cualquier asunto. Yo, que recién llegaba a la editorial me dije:
—¡A Marti o Martica, como solemos llamarla los cubaliterarios, hay que escucharla!
¿Cómo llegas al ámbito de la investigación y por qué escogiste el camino, sobre todo, de la investigación sobre la crítica literaria?
Aunque al graduarme de la universidad yo optaba por una plaza como conservadora de la sala Condes de Lagunillas en el Museo Nacional de Bellas Artes, por circunstancias eventuales —ajenas a mis reales intenciones profesionales en aquellos momentos—, comencé a trabajar como investigadora en el Instituto de Literatura y Lingüística (ILL), lugar que ha sido mi centro principal de trabajo por más de 40 años. El interés por la crítica literaria surgió después de un trabajo evaluativo durante la carrera, en la que debía analizar la crítica literaria en los poetas latinos Lucilio, Horacio, Persio y Juvenal. La tarea con estos autores de la antigüedad clásica estaba en demostrar cómo la crítica literaria se ejercía desde la propia creación de ficción, no como un acto sistemático de reflexión o evaluación de obras y autores, pero sí a través de comentarios dispersos en los que muchas veces se empleaba la burla y la ironía cuando se trataba de criterios negativos sobre los mismos.
Las grandes disciplinas que forman la llamada Ciencia de la Literatura (la Teoría, la Historia y la Crítica) ganaron en organización mucho después en los siglos XIX y XX, pero sus inicios están unidos a la creación de ficción de la antigüedad clásica. Ese pequeño trabajo marcó mi interés por el tema que comencé a investigar desde mi entrada al ILL. A partir de ese momento la crítica literaria sería una constante a lo largo de mi trabajo como investigadora. Pocos años después de mi incorporación al centro ya participé en la investigación del tomo dedicado a la época de la Colonia de la Historia de la literatura cubana para el que elaboré cinco epígrafes, tres de ellos sobre la crítica literaria de escritores como Martín Morúa Delgado, Rafael Montoro, Julián del Casal y Manuel De la Cruz, entre otros. Años después escogí la crítica literaria de Jorge Mañach como tema de mi doctorado y el año pasado apareció por Cubaliteraria el libro Discursos críticos. Siglos XX-XXI con valiosos repasos y enfoques sobre aspectos de la crítica literaria en la época de La Revolución.
Esta constancia sobre el ejercicio de la crítica a lo largo de diferentes etapas de la literatura cubana me ha permitido alcanzar una visión de ella en sentido histórico y por extensión, otra forma de cercanía con los géneros de ficción.
¿Qué opinión te merece el ejercicio de la crítica literaria en el patrimonio cultural cubano actual?
A diferencia de los géneros de ficción, los dedicados a la prosa reflexiva, donde se incluye la crítica, suelen tener menos presencia en el campo literario. No es extraño, pues la crítica tiene amplitudes y retos mayores que los géneros de ficción; por una parte, su doble función, estética y valorativa; y por otra, también se ejerce desde distintos campos: el académico y el cultural, donde cambia la perspectiva valorativa. Con la llegada y el despliegue de las nuevas tecnologías, la amplitud y los retos se han hecho mayores.
Antes era relativamente fácil seguirle el rumbo a los críticos. Comentarios y reseñas en periódicos y revistas; libros de recopilaciones sobre temas y figuras específicas daban cuenta de su actividad. La investigación académica (científica) se desarrolla a través de varias líneas, una de ellas es la investigación crítico-literaria que va mucho más allá de la recopilación de textos o la elaboración de diccionarios. Es la línea en la que el investigador arriesga con el criterio y la interpretación partiendo del enfoque teórico y metodológico que escoge.
La historia de la literatura cubana está llena de grandes figuras. Algunas de ellas solo se dedicaron a la crítica, en el siglo XIX tenemos a un Enrique Piñero del que se decía que era un crítico frío, pero es el crítico por excelencia de su época lo que no desmerece autores más atrevidos como Manuel de la Cruz, Julián del Casa o José Martí. En el XX, no se me ocurre otra gran figura de la crítica que no sea Jorge Mañach, quien se desempeñó con igual talento en la crítica académica como en la periodística; talento para escribir, atrevimiento para opinar, un provocador por excelencia a pesar de cierto conservadurismo y carácter polémico de sus ideas, lo que lo hizo, a mi modo de ver, más interesante. También hay otros nombres de valía probada, por ejemplo, el quehacer de Fina García Marrúz y Cintio Vitier.
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Creí necesario este gran preámbulo antes de concentrarme en el meollo de la respuesta. Para responder esa pregunta habría que saber lo que se está produciendo en el país. No basta con la actividad que se observa en y desde la capital. Sí hay críticos de presencia constante, tanto en la actividad académica como en la periodística.
Cubaliteraria y La Jiribilla, son espacios de estable presencia de la crítica literaria. Hay nombres que se repiten en sus «páginas». Lo difícil, y ya tengo sobrada experiencia en eso, es organizar y estudiar ese inmenso corpus. Ya no sería suficiente indagar en la cada vez menor producción editorial impresa, aunque la presencia de libros digitales de crítica literaria sí me parece muy poca o nula (es una impresión no comprobada). Habría que tener en cuenta, además, lo que se promueve desde el mundo virtual y eso no puede ser tarea de un investigador en solitario.
Pero, ¿a quién le interesa la crítica en realidad, me parece que a pocos? Ahora mismo el libro Discursos críticos. Siglos XX- XXI que se atreve a indagar sobre aspectos del desarrollo de la crítica literaria cubana después del triunfo de la Revolución ha pasado por el campo cultural cubano sin penas, ni glorias, a pesar de que es una obra de fácil acceso, gratis y on line, y es un libro que organiza y cuestiona sin pretensiones de decir la última palabra sobre el tema, pues en materia de crítica e interpretación la última palabra no la tiene nadie.
El ensayo es un género en el que te desenvuelves muy bien. ¿Qué aptitudes o características crees que debe tener un buen ensayista?
El ensayo es un género difícil y sus complejidades dependen de la perspectiva desde la que se haga: si con carácter de estudio, si con entusiasmo artístico. Yo lo he hecho con carácter de estudio, lo que me obliga al dato y la verificación, más libre me he sentido en el comentario y la reseña. El ensayista, como practicante del género mayor de la crítica en cualquiera de estas dos modalidades, debe ser una persona de una adecuada formación cultural.
El autor de ensayos ordena, analiza e interpreta su materia. El objetivo no es decir verdades absolutas, sino cuestionar y mover ideas con su interpretación. Si me preguntas cuáles ensayistas prefiero te diría que Barthes, Todorov, en lengua española Reyes, Paz; ensayistas cubanos, por supuesto Mañach, Retamar… No pienso en sus obras completas —que no he leído—, sino en algunos de sus libros que han motivado con mayor constancia mi interés.
Por supuesto, hay otros nombres. Creo que ensayo es lo que más he leído en mi vida aunque carezca de habilidades para improvisar disertaciones y recitar citas textuales.

¿Desde cuándo formas parte de la familia de Cubaliteraria y cuéntame una experiencia en la editorial, sea con el equipo, o editando algún texto que recuerdes con especial cariño?
Me preguntas por la familia de Cubaliteraria. Es una de las mejores cosas que me ha pasado en mi vida profesional. Ya yo había incursionado de forma modesta dentro del mundo del trabajo de edición y corrección tanto de obras en papel como en versión digital. Hace muchos años edité para Extramuros cuatro pequeños libros: El tercer malku, Guanabacoa en la leyenda y Destinatario dragón, este último un libro delicioso para niños. También tengo el orgullo de haber hecho la corrección de los primeros cuatro números de Movimiento, la revista de rap cubano. Además, edité una página web sobre el Dr. Eduardo Torres Cuevas, pero estamos hablando de más de quince años o más, de todo esto.
Yo provengo del mundo analógico, así que incursionar en el trabajo con una editorial digital significa un reto para mí. Adquirir nuevos conocimientos. Siempre me ha gustado explorar en actividades que, de alguna manera, sean diferentes, pero conserven ciertas afinidades con mi trabajo principal. Hace muy poco me dirigí a Cubaliteraria con doble intención, retomar la posibilidad de un trabajo que me oxigenara de la investigación y colocar en esa vía algunos de mis libros.
¿Qué me ha gustado de la editorial? Su equipo. Se trabaja muy bien con ellos. He trabajado directamente con Sandra de la Caridad Gomez, con Magdey Zayas, con Jonathan (Jona), con Jeiner Martínez, con Nora Lelyen, con Enrique Smith (Kike), con Alberto Correa Mak. Hay una tremenda compenetración como equipo. No hay día y casi ni hora para trabajar. Nunca hay un no por respuesta, siempre un «Vamos a ver». El respeto, el cariño, no siempre se trabaja así en todos los lugares. Soy una de las mayores en edad, pero a la vez la de menos experiencia en el trabajo virtual. Sin embargo, con qué respeto escuchan siempre mis criterios porque donde ellos ven el trabajo por hacer en su lado tecnológico, yo veo el libro terminado como artefacto cultural y sé que pueden dar mucho más.
Con especial cariño recuerdo la primera etapa de la edición del libro Discursos críticos cubanos. Siglos XX-XXI. Su editora, Sandra de la C. Gómez, investigadora también entonces del Centro de Estudios Martianos, estaba embarazada. Como investigadora, entendía el valor del material en sus manos. La edición fue muy compleja, larga. Es un libro grande, complejo, con muchas notas.
A mí me parece que los libros deben tener un diseño interior agradable y en un libro tan árido como ese, hubieran convenido fotos de los críticos y ensayistas y de portadas de algunos libros incluidos en el estudio.
La edición se alargó mucho por las dificultades propias de un libro difícil y ya al final Sandra, que estaba embarazada de su primer hijo, no quería dejar el trabajo. Eso me impresionó mucho y yo estoy convencida de que, ese parto prematuro, fue consecuencia, entre otras cosas, del estrés que le ocasionó la edición —muy buena por cierto— que ella hizo. Con su mirada de investigadora propuso cambios muy atendibles en la estructura del libro, me refiero al orden de los textos. Me dolió que tantas horas invertidas en la búsqueda de imágenes que hicieran más agradable el libro en su visualidad interna se perdieran, no sólo por cuestiones tecnológicas (se rompió mi celular de entonces), sino que tampoco fuera viable agregar imágenes que darían más «peso» a la obra y en nuestra precariedad tecnológica haría más difícil a los lectores la descarga. Optamos por tratar de garantizar el contenido y dejar de lado su acabado como artefacto cultural.
Magdey Zayas, también editor y profesor de Historia de la Universidad de La Habana, versado en temas de filosofía, concluyó espléndidamente la edición y corrección. Disfruto cada día de trabajo y relaciones con los colegas de Cubaliteraria. Me gustaría que poco a poco se vaya viendo mejor todo lo alcanzado, así como el potencial enorme que tienen, en materia de ediciones digitales.
En el oficio de la edición, ¿qué es lo que más le disgusta a Marta Lesmes? ¿Un libro que te haya resultado particularmente complejo y por qué?
Prefiero no hablar de lo que me disgusta. Desde mi posición, en donde se pueden ver varios ángulos del trabajo, las cosas que me disgustan no están dentro de Cubaliteraria, sino en su entorno. Con excepciones, parece que no muchos entienden que hacer libros no es fabricar cajas de tabaco y que el libro tiene una doble condición estética y técnica para llegar a su acabado.
Sabes cuándo comienzas a trabajar un libro, pero no cuándo lo vas a terminar con exactitud, porque cuando se hace un plan editorial esto es solo un estimado basado en una revisión menos profunda del conjunto de los libros propuestos. Ya cuando comienza el trabajo se empiezan a ver las dificultades que, unidas a la precariedad de las condiciones de trabajo del editor en nuestro contexto, hacen cada día, de su labor, una verdadera proeza teniendo en cuenta que varios editores no sólo realizan la edición y la corrección de libros, sino que también atienden todo lo referente al portal digital. Doy fe de que no existen fines de semana, ni días feriados. Allí se trabaja de domingo a domingo.

¿Cómo te gustaría que fuera la editorial Cubaliteraria en el futuro, en cuanto a las dinámicas de trabajo y al personal?
Que Cubaliteraria no pierda su talento, su esfuerzo y su ternura al trabajar, y que en el mundo de la edición digital consolide su liderazgo. El Instituto Cubano del Libro tiene en sus manos una joya.
Algo que quieras contarle sobre ti a los lectores del portal, colaboradores y seguidores de Cubaliteraria que yo haya pasado por alto.
Ya no quiero decir nada más, así dejo algo para otra entrevista… dentro de unos años.
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Datos de autor
Marta Paulova Lesmes Albis. (Cienfuegos, Las Villas, 1961). Ensayista cubana. Se ha destacado dentro del campo de la investigación literaria. Desde temprana edad manifestó inclinación por las artes, particularmente la literatura, a la que ha dedicado sabiamente estudios críticos desde los tempranos años en que estudiaba la carrera de Filología, en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. Labora como investigadora del Instituto de Literatura y Lingüística «José Antonio Portuondo Valdor». Ha recibido numerosos premios y distinciones entre los que destacan en 1994: Premio Nacional de la Asociación Nacional de Jóvenes Escritores «Hermanos Saíz» (AHS); en 1996: Premio Calendario (AHS) y en 2000: Premio Razón de Ser, Premio Pinos Nuevos y Premio Mirta Aguirre. Actualmente es editora, además, de Cubaliteraria.
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