
Por mirar hacia las estrellas podría el prójimo acusarme de evasión. No lo es, el universo no es evasivo. Yo no estoy en una torre de marfil, milito en el bando de los que protestan y se oponen a la muerte de los elefantes para robarles el marfil. No hay tal torre cuando se vive con una cubana libreta de abastecimientos, bajo una cuota que no llena mis necesidades, en un medio donde todo está muy caro y no tengo la solvencia debida. Si fuera millonario, quizás entonces me podría evadir. El futuro cambiará, él tampoco es una evasión.
Mirar hacia las estrellas es un oficio legendario. Blas Pascal decía que era algo terrible, pues solo somos juncos que piensan. Pero el junco no nos piensa, y el universo tampoco, o eso creemos, y hasta nos sentimos superiores a él. Pascal se aterraba, yo no, pienso que hay allá arriba una música infinita, formada por estruendos de soles que estallan, por el ritmo inagotable de las galaxias, por la materia bullente. Todo es un torbellino, quizás Pascal no sabía eso. Las estrellas hablan, tienen sus lenguajes. Todo en el cosmos se comunica, el universo es un mensaje.
A la larga, será la poesía la que sepa qué dice ese mensaje, dentro de miles de años comprenderemos ese poema infinito, o no, nunca lo comprenderemos por completo, queda siempre trunco, como La Eneida, de Virgilio. Por ahora es la ciencia la que más especula, los científicos son poetas cuánticos o cósmicos, reveladores de sucesos que mañana tendrán significados distintos. No hemos rebasado el sentido adánico de nuestra especie, y seguimos poniendo nombre a las cosas, las estrellas se llaman Altair, Aldebarán, Sirio o Casiopea, pero también R136a1, WOH S170, o VY Canis Majoris. Ello ocurre también con las galaxias, los seres humanos las llaman del Cigarro, Andrómeda, Vía Láctea, NGC 5866, y al Objeto Messier 64, M64 o NGC 4826 también se le conoce como Galaxia del Ojo del Diablo. ¿Quién sabe si haya un diablo allí o sea la residencia de algún dios? Creer algo así es acto de fe, pura poesía. Por ahora nos asomamos a los astros sednoides, o sea, los que se parecen a 90377 Sedna, en un circuito que pareciera ya externo o en la frontera del sistema solar, que resulta una suerte de petite galaxie.
Así, mirar hacia las estrellas no es una evasión. Divierte más que una telenovela, hace pensar más que un libro de autoayuda. El universo es grandioso, no cabe todo en mi pensamiento ni en la imaginación. No hay dudas que pensar es una parte ínfima del cosmos. A lo más que puede llegar el prójimo es a acusarme de estar loco. Es una locura contar las estrellas, pero hay quien las cuenta, y las ordena en sus clasificaciones correspondientes, y las inscribe en libros en las que aparecen con nombres como los que ya comenté.
Si trato sobre el universo y especulo sobre él, puede que esté haciendo ciencia, o poesía. Ni la ciencia ni la poesía son evasivas. La Vía Láctea es una maravilla, alguna de sus fibras, brazos, tentáculos pueden ser vistos en las noches campestres, en las ciudades todo se difumina y se alcanza a ver solo pocas estrellas, las más próximas (Proxima centauri, sin embargo, a tan solo 4.2 años luz, no se ve a simple vista) o las que brillan más por ser mayores que el Sol. Algunas tendrán astros poblados en torno, en la zona llamada Ricitos de Oro, donde puede haber agua y condiciones como las de la Tierra.
Podemos rompernos la cabeza imaginando cómo puede ser la vida extraterrestre. No lo sabremos en siglos, hasta que la veamos con nuestros propios ojos: los telescopios. O cuando naves, absurdas hoy, lleguen a los planetas o satélites fecundos en vida, y envíen señales de cómo son. Tendemos a figurarlos con dos pies, dos manos, dos ojos, dos orejas, una boca y una nariz. Qué absurdo homocentrismo. Ni siquiera sabemos si tengan cabeza, porque no la necesiten. Sobre la Tierra hay muchas gentes sin cabeza, obsérvense a los políticos guerreristas. Por qué habrían de tener cabeza en astros que triplican la fuerza de gravedad de la Tierra o que son solo mar, un inmenso acuario donde a ninguno de sus residentes se le ocurriría pensar que existe algo llamado isla, o continente.
Es una locura mirar así hacia las estrellas. Pero cuánta poesía hay en ello. Una vez conquistado nuestro planeta, hay que salir al sistema solar y conquistarlo, luego se verá más allá, pues somos conquistadores. Las sagas del futuro cantarán a los Marco Polo del cosmos. Para volver al planeta llamado Ítaca se requerirá diez mil años en ese relato odiseico. La Penélope del futuro tejera incansablemente un manto, que hoy llamaríamos eterno.
Una mirada de este tipo al universo, nos muestra cuán primitivos somos con dos manos, dos pies, dos ojos y una boca. No nos sobrevaloremos. Solo nos «salva» de la inopia cósmica que hacemos poesía y hacemos ciencia. Mientras miro con mis ojos el resquicio del cosmos que me permite la luz de la ciudad, los telescopios del mundo se enfocan hacia Ammonite 2023 KQ 14, un astro aparecido en la zona transneptuniana. Es pequeño, tiene solo unos doscientos cincuenta kilómetros de diámetro, pero quien sabe si, luego de poblar Plutón, sea el sitio adecuado para una base cósmica de salida al Más Allá del sistema solar.
Nada es más veloz en el cosmos que la imaginación. La luz es lenta al respecto. Con la imaginación podemos ir a Avatar, donde las gentes son azules y tienen una cola apropiada para el lugar. De pronto estoy allí, y alguien lo filma. Con la imaginación se me ocurre pensar cómo sea Dios y en qué sitio del cosmos habita, si no es que Él es todo el Universo. El pensamiento viaja a velocidades inauditas, y nada lo ata, hasta que hallemos otras especies en el lejano cielo, tanto o más inteligentes que nosotros, o al menos más que los delfines o los cuervos.
El cosmos no es una evasión, quede dicho.
Visitas: 11






Deja un comentario