
Roberto Fernández Retamar alcanzó el Premio Nacional de Literatura en 1989, en su séptima emisión, por una obra poética y ensayística de relieve. Cultivó esos dos géneros desde su llegada a la labor literaria en la década de 1950, con tres libros de poemas: Elegía como un himno, Patrias y Alabanzas, conversaciones, de 1950, 1952 y 1955 respectivamente, cuando tenía cierto vínculo con los poetas de la revista Orígenes, pero en el tercero de esos poemarios ya vemos el interés por separarse de ellos mediante la asunción de un todavía tímido tono conversacional, que asumiría de forma radical más adelante.
El importante estudio La poesía contemporánea en Cuba. 1927-1953 (1954) demostraría sus aptitudes como crítico literario y ensayista. En forma de tesis, es un estudio muy serio de las corrientes líricas cubanas y de sus figuras más representativas, en el que Retamar planteó un nuevo modo de mirar la evolución del género poético en la nación.
Unos cuarenta poemarios, entre ediciones príncipe y selecciones poéticas, lo dibujaron como uno de los poetas centrales de la corriente coloquialista. Retamar fue de los primeros en asumir una «nueva poesía» de la circunstancia, afín al proceso revolucionario iniciado en 1959, plena ella de testimonios y de lenguaje llano e incluso prosaísta, que lo distinguió como una de las cabezas estilísticas de tal corriente. Ya en Vuelta de la antigua esperanza (1959) ese tono estaba definido, pero alcanzó su momento radicalmente inclinado al tono conversacional en Con las mismas manos (1962), donde además agrupaba su poesía principal desde 1949 hasta esa fecha. Los dos versos que dan título al libro son memorables y marcan muy bien el advenimiento de la poesía testimonial: «Con las mismas manos de acariciarte / estoy construyendo una escuela». Allí radica la diferencia esencial con la poesía de amor neorromántica y con el transcendentalismo origenista.
Los poemarios Historia antigua (1964) y Buena suerte viviendo (1967) hacen gala de una manera-otra de concebir la poesía, mientras agrupó en Poesía reunida (1966) el caudal de su obra en versos, con un título que sugiere las muchas reuniones de la época, políticas o económicas, y el hecho de reunir la poesía escrita en un solo volumen. Sin dudas, desde estos años, ya Retamar se colocaba entre las firmas más decisivas de la evolución de la poesía cubana.
Llegó al momento central del impulso intermedio de una poesía en versos libres y tono de prosa poética con Que veremos arder (1970), cuando el coloquialismo ascendía a su punto más alto como corriente poética casi total, o al menos central, de la literatura cubana de las décadas comprendidas entre 1960 y 1979. Claro que en ello Retamar tuvo un papel protagónico.
Con ese último libro, comenzó el reconocimiento internacional, mediante su edición en España, bajo el título de Algo semejante a los monstruos antediluvianos. Con la compilación de su mejor poesía en A quien pueda interesar (México, 1970), y Circunstancia de poesía (Buenos Aires, 1974), Retamar se sumaba a la poesía conversacional americana, bajo los nombres genéricos de antipoesía, poesía de la circunstancia, testimonial o exteriorista. Cuaderno paralelo (1973) fue homenaje al rebelde Viet Nam, y Retamar subió el tono prosaísta de sus versos. Con cercanía al gran nicaragüense Ernesto Cardenal, publicó en Nicaragua su laureado poemario Juana y otros poemas personales (1981). Sus Poesías escogidas, bajo el título de Hemos construido una alegría olvidada (Madrid, 1989), ratifican el camino poético elegido y el papel notable que Retamar compartía con algunos de sus colegas generacionales de Cuba y de la lengua española. Además del reino del español, sus libros fueron traducidos a unos quince países de Europa y América.
Se hizo famoso también con su ensayo Calibán (1971), reeditado en muchas capitales hispanoamericanas. Sus estudios sobre José Martí se vieron recogidos en varios volúmenes, mientras que Todo Calibán tuvo una rica edición en 1995. En el nuevo siglo se comenzó a editar sus obras completas.
Tanto en la poesía como en su amplia labor en prosa de ideas, Retamar alcanzó un lenguaje de amplia gama para lectores de todo tipo; ni en sus libros sobre teoría literaria (Para una teoría de la literatura hispanoamericana, 2024), quiso usar un vocabulario tecnicista que lo alejara de sus lectores. Es en la poesía, especialmente, donde alcanzó un brillo notable, con poemas entre los mejores de la corriente coloquialista, como «¿Y Fernández?», «Usted tenía razón, Tallet, somos hombres de transición», «El otro», «Felices los normales», entre varios que lo sitúan también como un autor de textos antologables. Sus aportes a la poesía cubana crecieron no solo como poeta, sino también como crítico literario, ensayista, antologador, estudioso de los detalles esenciales de la identidad nacional.
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