
Fina García Marruz alcanzó el Premio Nacional de Literatura en 1990, en su octava emisión. Aunque fue una notable ensayista, el mérito esencial de su obra radica en la poesía, pues alcanzó a ser una de las más brillantes damas poéticas del panorama literario cubano e hispanoamericano. Curiosamente, fue la integrante del famoso grupo de Orígenes que obtuvo premios más elevados: el Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, de 2007, otorgado por Chile, y el español Reina Sofía de Poesía de 2011.
Al modo de Eliseo Diego, ella tampoco tiene una obra de poemas antológicos, porque toda posee un alto nivel creativo. Comenzó a editarla muy pronto, cuando tenía veinte años, con Poemas (1942), y alcanzó un momento definidor con Transfiguración de Jesús en el Monte (1947). Ya con Las miradas perdidas (1951) se colocó entre los poetas cubanos de más relieve, con una poesía que puede llamarse íntima por el recogimiento expresivo, una suerte de timidez o de rubor de las palabras, un sentido cristiano de la mirada hacia el mundo, centrado por la piedad. Y un sutil fervor o júbilo del hallazgo poético.
Demoraría en publicar nuevo libro, con Visitaciones (1970), y más adelante, junto con su esposo Cintio Vitier Viaje a Nicaragua (1987), en el que se decantó mucho más por el tono conversacional que ya aparecía en algunos de sus poemas y por el sentido cristiano común entre muchos origenistas, denominado «pobreza irradiante», con exaltación de la humildad y distante de las riquezas materiales. En 1984 había publicado un tomo de sus Poesías escogidas, y luego tendría una década de 1990 con muchos poemarios como Créditos de Charlot (1990), y Habana del centro (1997) y ediciones de sus poemas en Venezuela, Colombia y España.
Cerca de una veintena de libros de ensayos verificaron su capacidad analítica, entre ellos, y junto con Vitier, publicó tres volúmenes de Temas martianos (1969, 1982 y 1993), resultado de las labores de ambos esposos como investigadores del Centro de Estudios Martianos, y también entre ambos ofrecieron un bello opúsculo: Flor oculta de poesía cubana (1978), en el que pusieron de relieve algunos notables poetas olvidados o de firmas difuminadas en la historia literaria pero con poetas que merecían recuerdo. Ello fue una labor a la par crítica y antológica.
Con Hablar de la poesía (1986) consolidó su prestigio como ensayista de muy agudo sentido crítico, visible en su ensayo «Bécquer o la breve bruma», uno de los más bellos escritos en Cuba sobre poetas españoles. Obras suyas sobre Quevedo, Darío, Juana Borrero en franca reivindicación, la distinguieron aún más. Su estudio sobre Samuel Feijóo, el clásico La familia de Orígenes (1997) son textos de consulta obligada si se quiere explorar el horizonte que ella tan bien definió.
Fina fue una sonetista de vuelo imaginativo y precisión formal, y dominó el verso libre rítmico, en el que la densidad conceptual de lo tratado, de lo versificado, pasa no como un texto de matiz filosófico sino como una indagación en el idioma. Habría que decir que fue una poeta «contenidista», porque el fragor lírico pasa por los temas que trata: la patria, la familia, la fe cristiana, la pobreza, las delicadezas cubanas, los detalles citadinos criollos de parques y calles, el amor e incluso los referentes que proceden del mundo literario. Su interés por expresar «lo cubano» la convirtió también en una poetisa de la identidad.
Tiene algunos rasgos en común con poetas amigos, desde el propio Cintio Vitier, con el que comparte el sesgo cubano, como con José Lezama Lima, con quien pareciera a veces que hay una relación de influjo del gran poeta de Dador. Con Samuel Feijóo comparte su interés por las personas humildes y cierto lenguaje que abre la intimidad al conglomerado de lo social, y con Cleva Solís el deseo de cantar a parquecitos urbanos llenos de gracia y recogimiento. A su cuñado Eliseo Diego quizás deba, o comparta con él, ese sentido de no hacer textos grandilocuentes o incluso de valor antológico per se, sino de impulsar una sencillez que inunda toda su labor poética. Ella ha sido decisiva en el desarrollo de una poesía cubana escrita por mujer, en la que no se iba a asentar la supuesta delicadeza de humildad doméstica subordinada al varón, pero sí un sentido de lo hogareño muy delicado y amoroso. La influencia de la poesía de Fina García Marruz no ha cesado en el devenir de la poesía cubana.
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