
Varias veces coincidimos con Mercedes Santos Moray en la emisora Habana Radio, y allí, como si nos conociéramos de toda la vida, conversamos, intercambiamos direcciones de correo electrónico y números de teléfono, porque Mercedes, además de una gran escritora, estaba perennemente al servicio de la cultura y en disposición de contribuir con su sabiduría a quien de ella lo solicitara.
Además de su rostro de mirada llana, recordamos su voz, cálida y grave, como para que el interlocutor sellara con el diálogo franco toda distancia. Mercedes murió el 8 de enero de 2011, y somos muchos los que echamos de menos su ilustre firma.
El quehacer intelectual de Mercedes Santos Moray puede considerarse de intensísimo. La prensa plana y la digital la tuvieron siempre ocupada, lo cual revela a través de una y de otra los hallazgos de su fecunda investigación acerca de la vida de José Martí o de cualquier otro suceso relacionado con libros, acontecimientos y crítica literaria y de arte en general, porque su campo de acción no solo era vasto, sino profundo.
Por todo cuanto escribió, Mercedes tuvo que disfrutar enormemente su trabajo y el acto de escribir; además de cotidiano, debió hacérsele gozoso. Licenciada en Lengua y Literatura Hispánica, alcanzó el doctorado en Ciencias Históricas, ejerció el periodismo, y la docencia universitaria e intensa fue también su colaboración con el Centro de Estudios Martianos.
Sobre el Apóstol escribió mucho y bueno. Si de libros se trata: Martí, amigo y compañero; Martí a la luz del sol; Páginas del joven Martí; Lucía Jerez, y otras narraciones; Subir lomas hermana hombres; Lluvia fina, sufrida en silencio; Enamorado de la vida. Otros libros suyos son: Nadie está hecho de su propia compañía y Como el zunzún era su corazón. Súmense artículos y conferencias.
He aquí una arista más que no hemos mencionado y resalta en la producción de Mercedes Santos Moray: la de poetisa, autora para niños, narradora, porque nada escapaba a su quehacer.
Santos Moray nació en La Habana el 24 de octubre de 1944 y desde sus años de estudiante en la Universidad comenzó a cosechar lauros en el género de ensayo del concurso 13 de Marzo. Su labor al graduarse la encaminó a dar clases en el Seminario de Investigación Literaria y de Teoría y Crítica Literarias en el propio centro de altos estudios.
Colaboró por entonces en El Caimán Barbudo, Casa de las Américas, Unión, Granma, Juventud Rebelde, Revolución y Cultura, Anuario Martiano y en algunas publicaciones de América Latina. En el periódico Trabajadores se le recuerda de un modo especial, a cargo de la crítica e informaciones culturales. Difícil resulta para quienes hojean la prensa diariamente no haberse tropezado decenas de veces con la firma de esta autora en el ejercicio de su faceta periodística.
Más acá, era colaboradora asidua de las publicaciones digitales, en dos de ellas con profunda huella: Cubaliteraria, del Instituto Cubano del Libro, y Librínsula de la Biblioteca Nacional José Martí.
Miembro de la Sección de Crítica e Investigación de la Asociación de Medios Audiovisuales y Radio de la Uneac, se le había conferido la Distinción por la Cultura Nacional, aunque también se le distinguió con los premios Razón de Ser, la Rosa Blanca, Memoria, Chamán y Abril.
Mercedes fue, y continúa siendo, una presencia inmanente en nuestras letras.
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