
Mujeres de la noche, del nonagenario escritor y periodista artemiseño Jorge Velázquez Ramayo, es el título del libro publicado por Ediciones Verde Olivo, para beneplácito de los amantes de la buena literatura insular.
Ante todo, habría que destacar los valores éticos, literarios, humanos y espirituales que el lector puede descubrir en ese texto, dedicado a la Heroína de la Sierra y el Llano, Vilma Espín Guillois (1930-2007), así como al ensayista y amigo del alma, Dr. Sergio Chaple (1939-2019).
Mujeres de la noche es una prueba fehaciente de la persistencia de un hombre que, a sus 92 años de edad, trabaja con una energía positiva envidiable y un amor incondicional a las dos profesiones: el periodismo y la literatura, a cuyo ético ejercicio se ha entregado en cuerpo, mente y alma.
La novela comienza con azucenas, claveles y girasoles, en un entorno aparentemente tranquilo. No obstante, es solo el preámbulo de lo que muy pronto acaecerá.
La horrorosa pesadilla que persigue a Elisa, la protagonista, ya sin flores ni alivios de ningún tipo, está apenas por comenzar, como también está por florecer su esperanza y el comienzo de una lucha a brazo partido por recorrer un camino más pleno en la efervescencia de un país involucrado en profundas y radicales transformaciones políticas y socio-económicas.
El veterano narrador y profesional de la prensa aprovecha al máximo cada instante de su fecunda existencia terrenal. No quiere perder un segundo del tiempo que le queda en este mundo. Y, por cierto, no lo pierde. Cada página escrita por él deviene un fiel testimonio del íntegro periodista y escritor cubanísimo que lo habita desde que se encontraba en el claustro materno.
Por último, Velázquez Ramayo explica cuáles fueron los factores motivacionales que le aguijonearon el intelecto y el espíritu para crear esa obra:
A principios de la década del 60, yo viajaba en un ómnibus y ahí tuve la oportunidad de conversar con una antigua prostituta, que se había incorporado a un sistema reeducativo cuando la Revolución triunfante decidió exterminar todos los prostíbulos en el país. El tema me cautivó […] y comencé una profunda investigación sobre el tema. Investigué mucho acerca de la vida de otras prostitutas acogidas a ese tipo de reeducación, sobre [todo en] el prostíbulo de Caimanera, siempre rebosante de marines [estadounidenses], y sobre las llamadas Zonas de Tolerancia en San Isidro, Colón, Pajarito y la calle Aguacate [en La Habana], verdaderos antros donde las mujeres vendían el cuerpo y el alma a cualquier cliente.
Mujeres de la noche ya está en manos de un juez, cuya sentencia es infalible e inapelable: el lector, que estoy seguro compartirá con Jorge Velázquez Ramayo las emociones, vivencias, pensamientos, sentimientos u otros estados subjetivos del yo reflejados en las páginas de esa joya de la literatura realista contemporánea, como la califica el poeta, escritor y periodista, Emilio Comas Paret, columnista del portal Cubaliteraria y del sitio web de la UNEAC.
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