
En noviembre de 1972, Pablo Neruda regresaba a Chile desde París, por primera vez después de recibir el Premio Nobel de Literatura, y tras dejar su cargo de embajador en Francia. En el Estadio Nacional, durante su homenaje popular, el poeta expresó: «Pero, por una razón o por otra, yo soy un triste desterrado. De alguna manera o de otra yo viajo con nuestro territorio y siguen viviendo conmigo, allá, lejos, las esencias longitudinales de mi patria» (Neruda, 2002, p.367).
Son las palabras de quien sentía a Chile correr por sus venas. Esta sensación de llevar un país dentro, ha sido leitmotiv en la historia de muchos escritores del pasado siglo XX, cuando las guerras separaron a muchos de sus raíces. Las palabras de Neruda encuentran una resonancia profunda en la vida y obra de Isabel Allende, cuya experiencia vital ha estado marcada por el desarraigo, el exilio y la escritura como forma de pertenencia y eco de su nación. Isabel conocería el exilio tras la dictadura que fracturó el país y desde 1973, año del golpe militar, vivió una larga diáspora, primero en Venezuela y luego en Estados Unidos. No obstante, su escritura nunca abandonó la geografía afectiva de Chile, país que, como dijese Neruda, la acompañó como una esencia longitudinal en su narrativa.
En su biografía, Mi país inventado, la escritora admite que este exilio moldeó su obra: «… pero de una cosa estoy segura: no sería escritora sin haber pasado por la experiencia del exilio» (Allende, 2003, p.187). No podría estar más en ella los versos de Neruda: «Hay exilios que muerden… / Hay dolores de patria muerta…» (Neruda, 2005).
Neruda, no solo está en la vida de Isabel Allende, sino habita su obra. No está solo referido en La casa de los espíritus (1982), sino que a medida que avanza la narrativa de Isabel Allende, el poeta va adquiriendo fisonomía y se asienta con más fuerza, un ejemplo es la novela Largo pétalo de mar, publicada en 2019.
La obra de Pablo Neruda, trasciende la mera expresión lírica para configurar un intertexto emocional y político fundamental en la novela Largo pétalo de mar. La presencia de Neruda no se limita a una simple referencia, sino que opera como un hilo conductor que enriquece la trama narrativa y dota de mayor profundidad a los acontecimientos históricos y personales que se desarrollan en la obra. La lírica nerudiana se entrelaza con la prosa de Allende, creando un diálogo entre la poesía y la ficción que amplifica el alcance crítico y emotivo de la novela.
En esta obra narrativa, de carácter histórico, Isabel Allende nos presenta una historia de amor, en el marco de un suceso histórico: la oleada de refugiados de la guerra civil española, quienes escaparon de la derrota, cuando en 1939, Neruda por encargo del gobierno chileno, fletó un barco, el Winnipeg, que zarpó de Marsella y se trasladó a Chile: intelectuales, escritores, médicos, artistas, etc. Así, la autora pretende entrelazar historia y ficción mediante la figura de Neruda, donde toma su persona y la presenta como personaje y como poeta, pues su lírica será un tejido transversal que recorre el relato.
La voz de Pablo Neruda emerge no solo como referente histórico, sino como una presencia poética que informa, acompaña y da sentido a los acontecimientos narrados. Es Neruda un intertexto persistente que articula lo político y lo afectivo, y dota de densidad simbólica a las experiencias de exilio, resistencia y reconstrucción que marcan la trama. Su poesía opera en la novela como marco ético y emocional, orientando al lector tanto en la sensibilidad de los personajes como en la lectura crítica de los acontecimientos históricos. La elección de versos de Neruda como exergos al inicio de los capítulos, junto con su mención explícita en momentos clave, consolida su presencia como figura poética y política.
La presencia de Neruda en la novela se manifiesta de múltiples maneras: como personaje, dotado de un carácter histórico al participar en la historia, y como poeta, dimensión desde la cual se convierte en guía estético, pues sus versos, presentados como exergos establecen una estrecha relación con cada capítulo y las ideas que en él se presentan.
Como personaje, Isabel Allende lo convierte en un personaje activo dentro de la narración histórica y emocional que sostiene la novela. Su presencia como figura real, con nombre propio y acciones verificables, funciona como un puente entre la ficción y la historia, dotando al relato de un espesor histórico y político que ancla los acontecimientos narrados en una dimensión de memoria historiográfica. Así, la novela retrata a Neruda en distintas facetas: poeta y diplomático.
Una de las intervenciones más significativas ocurre en el capítulo en que, movido por su amor a la causa republicana, logra convencer al presidente chileno de acoger a refugiados españoles, a pesar de la resistencia conservadora; y facilita la llegada del Winnipeg, el barco que transporta a más de dos mil refugiados desde Francia hasta Chile en 1939. Este acontecimiento histórico, rescatado y dramatizado por la autora, sitúa a Neruda como un factor político crucial, cuya intervención será determinante en el destino de cientos de republicanos, entre ellos los protagonistas de la novela.
Significativo resulta, el momento de la historia en que se nos narra su muerte, ocurrida poco después del golpe militar de 1973. Su desceso es presentado como consecuencia directa de sus temores ante el quiebre democrático. Isabel Allende narra cómo fue trasladado a una clínica mientras los militares allanaban su casa de Isla Negra, y cómo comenzaron a circular sospechas sobre un posible envenenamiento. Antes de morir, el poeta escribió en sus memorias sobre la muerte de Salvador Allende: «aquella gloriosa figura muerta iba acribillada y despedazada por las balas de las ametralladoras de los soldados de Chile, que otra vez habían traicionado a Chile» (Allende, 2019, p.287). Este testimonio final del poeta se convierte en una acusación directa al régimen y en una defensa póstuma del gobierno derrocado, dotando a la novela, desde el personaje de Neruda, de un carácter histórico. La autora también recogerá el momento del sepelio:
«El funeral del poeta fue el primer acto de repudio a los golpistas, que no fue prohibido porque los ojos del mundo estaban mirando…
—Yo iba adelante, bastante asustado… El féretro estaba cubierto de flores. Andábamos callados hasta que alguien gritó: ¡Compañero Pablo Neruda! Y todos contestamos: ¡Presente, ahora y siempre!… Entonces un tipo valiente gritó: ¡Compañero presidente! Y todos contestaron: ¡Presente, ahora y siempre! Fue emocionante…»
Allende, 2019, pp. 287-288
La presencia de Pablo Neruda no se limita a ser un personaje que rescata el marco histórico de la novela, sino que es un recurso compositivo que ofrece unidad a la novela desde la intertextualidad entre sus versos y pasajes de la obra. A través de la inserción de su voz poética como exergos, Allende articula un relato en el que la literatura y la historia se entrelazan para construir una memoria que es tanto política como afectiva. Es por esto, que cuando analizamos su presencia en la novela como poeta debe entenderse desde una mirada más estética.
La conexión entre la poesía de Neruda y los pasajes de Largo pétalo de mar es palpable desde el título mismo de la novela. El verso «Largo pétalo de mar y vino y nieve», tomado del poema «Cuando de Chile», incluido en Canto General, aparece citado explícitamente en el Capítulo V de la segunda parte, cuando los exiliados españoles arriban por primera vez a la costa chilena a bordo del Winnipeg, bautizado como «la nave de la esperanza». La narradora indica: «Neruda habría de definirlo como un “largo pétalo de mar y vino y nieve…” con una “cinta de espuma blanca y negra”» (Allende, 2019, p.141).
Este verso, que define a Chile a través de sus contrastes y singularidades, no solo evoca una imagen poética del territorio, sino que también establece un vínculo inmediato con la identidad y el destino de los personajes que transitan por él. La elección de este verso como título y su reiteración en el texto subrayan la importancia del imaginario nerudiano en la construcción del escenario y el ambiente de la novela.
El valor emotivo de la lírica de Neruda se manifiestan de manera contundente a través de los exergos que encabezan diversos capítulos de la novela. Estos versos, cuidadosamente seleccionados por Allende, no solo anticipan el contenido temático de cada sección, sino que también actúan como comentarios poéticos que contextualizan y amplifican los acontecimientos históricos. Un ejemplo claro de esta intertextualidad se ofrece en el Capítulo VI de la novela acerca de la llegada de los exiliados, en el que su exergo nos abre el camino.
«Delgada es nuestra patria Y en su desnudo filo de cuchillo Arde nuestra bandera delicada.» Sí, camarada, es hora de jardín, de El mar y las campanas.
Los versos abren el capítulo en el que los refugiados del Winnipeg llegan a Chile y comienzan su proceso de adaptación. La imagen poética que ofrece Neruda: la patria como una franja delgada, frágil pero ardiente, es una clara alusión a la geografía y el alma de Chile. «Delgada es nuestra patria» es otra de las formas en que se refiere a las características territoriales de Chile, aunque no tan poética como cuando la define como «un largo pétalo de mar», donde la sublimidad de las flores ofrece al país una naturaleza sensible. En estos versos, por el contrario, además de la estrechez física, con la metáfora «filo de cuchillo», alude a Chile como un espacio de tensión y contrastes políticos y culturales que pueden ser cortantes. «Arde nuestra bandera delicada» será el verso con el que cierra para aludir a esa lucha ideológica que marcaba el contexto chileno.
Es este el país que recibe a Víctor, Roser y Marcel, quienes deberán enfrentarse a un imaginario nuevo y desconocido, lleno de incertidumbres. Este verso funciona entonces como síntesis lírica del momento histórico, del espíritu chileno y del estado emocional de los exiliados y muestra la ambivalencia de una patria prometida, que es a la vez bella y desafiante.
Por otro lado, esta relación entre la lírica de Neruda con los pasajes de la novela, demuestra la función política de su poesía. Isabel Allende no solo presentará versos que enriquezcan la trama amorosa de los protagonistas, o los ya analizados sobre el pasaje histórico de la llegada de los exiliados, sino que expondrá versos nerudianos que desnuden el alma del poeta, que expongan su sentir político y su profundo espíritu rebelde. En el Capítulo X, la crítica al golpe de Estado militar y las ideas de Neruda en contra de la dictadura de Pinochet encuentran eco en los versos que encabezan:
«En medio de la noche me pregunto: ¿qué pasará con Chile? ¿Qué será de mi pobre patria oscura?» Insomnio, de Memorial de Isla Negra.
Este exergo introduce un tono sombrío, de inquietud existencial y desesperanza ante el porvenir de un país herido por el golpe militar. En ese contexto, el capítulo narra el ambiente de creciente polarización y tensión que antecede al golpe de Estado de 1973 en Chile. La narración muestra cómo el país se divide en bandos irreconciliables, y cómo los protagonistas, especialmente Víctor Dalmau, perciben la fragilidad del orden democrático. La figura del presidente Salvador Allende aparece como símbolo de esperanza asediada, mientras en las calles crecen el caos, la inflación y la amenaza militar. Así, los versos no solo funcionan como una reflexión íntima del poeta ante la oscuridad del país, sino que también enmarcan emocionalmente el capítulo, al transmitir el sentimiento colectivo de incertidumbre, vulnerabilidad y angustia. La «patria oscura» de Neruda se convierte aquí en una imagen anticipatoria del quiebre que envuelve al país y del colapso de los ideales que habían dado forma a Chile hasta ese momento.
Adicionalmente, la novela incorpora versos de Neruda dentro de la propia narrativa, lo que refuerza la presencia del poeta no solo como una influencia, sino como una voz que acompaña a los personajes. Así por ejemplo, en el Capítulo IX, donde se narra la amistad entre Neruda y el protagonista, Vítor Dalmau, se insertan versos de Neruda a propósito de mostrar los insultos que el poeta le dedicaba al presidente, quien estaba en contra del Partido Comunista. «Pequeño vampiro vil y encarnizado», fueron algunos de los versos más suaves que le regaló. Esto hizo que Neruda fuese perseguido por la policía y necesitara refugio junto a su esposa Delia del Carril, en casa de los Dalmau. Estos insertos poéticos actúan como pinceladas que añaden capas de significado, permitiendo que la visión de Neruda sobre la realidad se fusione con las ideas y sentimientos expuestas en la novela.
La lírica de Pablo Neruda en Largo pétalo de mar trasciende el homenaje: se convierte en una guía estética y política que modela la estructura narrativa de la obra. Allende no solo incorpora versos del poeta al inicio de cada capítulo, sino que también lo convierte en personaje activo dentro de la trama. Neruda representa en la novela la voz de la conciencia colectiva, capaz de nombrar el dolor y la belleza de un país, el exilio y la dignidad. Su lírica atraviesa los grandes ejes temáticos de la novela: la guerra, el exilio, la identidad, la memoria; ofreciendo una forma de resistencia poética.
La obra de Isabel Allende, al incorporar su poesía, no la cita como ornamento, sino que la incorpora como arquitectura narrativa, donde la intertextualidad traza una línea definitoria entre el verso nerudiano y el relato. En ese sentido, la impronta de Neruda se manifiesta tanto en la sustancia de los personajes como en concepción estética de la novela: ambos comparten una visión del mundo en la que la palabra, ya sea narrada o versificada, tiene el poder de sanar, de recordar y de enfrentar la oscuridad.
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Referencias
Allende, I. (2003). Mi país inventado. Barcelona: Penguin Random House.
Allende, I. (2019). Largo pétalo de mar. Barcelona: Plaza Janes.
Neruda, P. (2002). Obras completas. Tomo V. Barcelona: Círculo de lectores & Galixia Gutenberg.
Neruda, P. (2005). Cantos Ceremoniales. Porto Alegre: L&PM.
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Aunque no soy devoto de la narrativa de I. Allende, sí reconozco que la chilena se ha ganado el favor de múltiples lectores en todo el mundo, contra viento, marea y tambièn de muchos colegas suyos (tanto hombres como mujeres) que tampoco la han mirado con buenos ojos.