
En ese libro fascinante que es El infinito en un junco, Irene Vallejo cuenta cómo Nico Rost, prisionero en el campo de concentración de Dachau, llevaba un diario del que luego surgiría un libro, y cómo él y otros prisioneros mantuvieron allí un club de lectura donde compartían obras literarias y conversaban sobre ellas, en las extremas circunstancias de su cautiverio. Y todo eso bajo el más estricto sigilo, porque ser descubiertos habría resultado fatal.
Nicolaas Rost nació en Groningen, Países Bajos, el 21 de junio de 1896. Siendo muy joven escapó de la casa paterna y se abrió camino como periodista y escritor. Entre 1923 y 1933 residió en Berlín, donde escribió en neerlandés para periódicos de su país y en alemán para periódicos alemanes. En esa misma época tradujo al neerlandés a Alfred Döblin, Hans Fallada, Egon Erwin Kisch, Anna Seghers, Joseph Roth y otros autores de lengua alemana, cuyas obras dio a conocer en los Países Bajos. Durante la República de Weimar se vinculó a grupos anarquistas y comunistas; escribió reportajes políticos que le granjearon fama de enemigo del nacionalsocialismo, y al llegar los nazis al poder fue detenido y llevado al campo de concentración de Oranienburg. Después de dos semanas fue puesto en libertad, gracias a personalidades que protestaron por la detención arbitraria de un periodista.
Expulsado de Alemania, continuó sus actividades periodísticas, literarias y políticas en Bruselas y Amsterdam. Su casa fue lugar de encuentro para escritores y artistas exiliados de la Alemania nazi como Joseph Roth, Stefan Zweig, Egon Erwin Kisch, Hanns Eisler y Jean Améry. En 1937 Rost se fue a España y combatió del lado republicano en la guerra civil; desde el frente escribió diversos artículos y reportajes. Al regresar a su país se integró de inmediato al movimiento antifascista. En 1943 fue descubierto y detenido; después de pasar por dos prisiones y por el campo de concentración de Herzogenbusch, fue enviado en mayo de 1944 a Dachau, donde convertiría la escritura y la lectura en formas de resistencia.
Los prisioneros de Dachau fueron liberados por el ejército estadounidense el 29 de abril de 1945. Hasta su repatriación, Nico Rost colaboró en el periódico Stem de Lage Landen (Voz de los Países Bajos), editado por los sobrevivientes neerlandeses en el campo liberado. Tiempo después Rost se reunió con su familia en Bruselas. Él y su esposa se trasladaron a la zona de ocupación soviética en Alemania, donde amigos que habían sobrevivido a la persecución y el exilio les dieron la bienvenida.
En 1948, la editorial Volk und Welt publicó por primera vez en alemán el diario de Nico Rost convertido en libro —traducido del neerlandés por su esposa Edith—, bajo el título Goethe in Dachau. Literatur und Wirklichkeit (Goethe en Dachau. Literatura y realidad). En el prólogo, Anna Seghers afirmó:
Este es el libro que necesito, el libro que he estado esperando, donde página a página, línea a línea, la palabra le gana terreno a la muerte.
En 1949 Goethe in Dachau fue publicado también por la editorial germanooccidental Weismann, y en ese mismo año aparecieron traducciones al checo y el eslovaco.
Goethe en Dachau vio la luz en España hace diez años por la Editorial Contraescritura, en traducción de Núria Molines Galarza, quien ha comentado:
Nico Rost sobrevive no como mero cuerpo, sino como ser humano. (…) Es la literatura, la palabra, lo único que logra salvarle, lo único que le permite apartar sus pensamientos de la muerte, el hambre, la nostalgia, el frío y los cadáveres.[1]
Y en una nota sobre la edición, dice Antón Castro:
Goethe (también lee su novela Wilhelm Meister) y la literatura alemana en general lo acompañarán. Nico Rost habla de Novalis, recuerda anécdotas poéticas y amorosas del poeta Friedrich Hölderlin, retrata, en diálogo con el sabio E. A. Reinhardt, uno de los grandes personajes del libro, a Bettina Brentano, poeta y todo un personaje que frecuentó a Goethe, a Carolina von Günderode, poeta suicida, etc. El libro está lleno de reflexiones literarias, de comentarios de lectores y de conversaciones, mientras la muerte —filosa e implacable— se cuela por todas partes.[2]
De vrienden van mijn vader (Los amigos de mi padre, 1956) es una crónica de Nico Rost sobre la comunidad judía de Groningen, cuyos miembros, salvo unas pocas excepciones, fueron asesinados por las hordas nazis. El autor denunció los crímenes fascistas y abogó porque fueran castigados los culpables, incluidos aquellos que hasta entonces no habían sido acusados.
Rost promovió la creación de un memorial en el antiguo campo de concentración de Dachau, y fue miembro del comité internacional que hizo realidad esa iniciativa. Entre 1955 y 1965 colaboró en la recopilación de los documentos que debían ser mostrados en el memorial. Escribió sobre una de sus primeras visitas al lugar en el folleto Estuve una vez más en Dachau (1956). Impartió conferencias en escuelas, universidades y otras instituciones, en las que narró sus vivencias como exprisionero y al mismo tiempo reafirmó su veneración por la literatura alemana.
Nico Rost falleció en Amsterdam el 1 de febrero de 1967. Su legado literario y periodístico se conserva en la Universidad de Leiden, donde en 2001 se realizó una exposición sobre su vida y obra.
De Goethe en Dachau existen numerosas ediciones y traducciones, incluyendo la ya mencionada de Contraescritura, editorial que ha publicado también los Reportajes antifascistas, con los textos «Un campo de concentración en el Tercer Reich» (1933), donde Rost narra su experiencia en Oranienburg; «Desde el frente español de liberación. Un reportaje» (1937), que expone su visión de la guerra civil española, así como «Los amigos de mi padre». (1955).
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Referencias
[1] Nico Rost, Sobrevivir en Dachau
Consultado en junio de 2026.
[2] Ibid.
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