
«La nota predominante de sus producciones es el amor y su cualidad personal, la modestia. Era una violeta. Su vida intelectual se desarrollaba en un florecimiento progresivo; pero muy temprano enmudeció». Así escribió José Manuel Carbonell de Nieves Xenes, una poetisa hoy día bastante desconocida, pero que no lo fue en su época, los años finales del siglo XIX y los primeros quince del siglo XX.
Ella es la autora del soneto titulado «Al pueblo de Cuba». A más de cien años de escrito, queremos compartirlo con el lector:
Pueblo que ayer, en lucha pavorosa, tu libertad sagrada defendiste, no pierdas el derecho que adquiriste derramando tu sangre generosa. No olvides en inercia vergonzosa la empresa que valiente acometiste; no abandones la senda que emprendiste cumple abnegado tu misión gloriosa. ¡Heroico paladín de santa idea, sé grande como ayer en la pelea, no te ciñas tú mismo tu mortaja; no en mezquinas e inútiles porfías agotes tus potentes energías; si libre quieres ser, piensa y trabaja!
Nieves Xenes nació en Quivicán el 5 de agosto de 1859 y su infancia transcurrió en un medio rural, por lo que solo cursó la enseñanza primaria. Tuvo, no obstante, la oportunidad de concurrir a las tertulias literarias de Nicolás Azcárate, donde podía dar a conocer sus composiciones y recibir apreciaciones críticas. Colaboró en El País, El Triunfo, El Fígaro, Letras, La Habana Elegante, Revista Cubana…
Ganó un premio en Juegos Florales. Figuró entre los miembros fundadores de la Academia Nacional de Artes y Letras.
Pese a todo lo anterior, no reunió sus poemas en libro alguno y solo en 1915, póstumamente, se le dedicó un volumen titulado Poesías, con prólogo de Aurelia Castillo. También en 1965 se publicaron sus composiciones.
Max Henríquez Ureña, dominicano-cubano con muy profundo saber de nuestra literatura, revela la tendencia prosaísta de esta autora en casi toda su obra y señala cómo fueron aquellos versos que descubren los estados pasionales de Nieves (referidos, por ejemplo, a su admiración por la figura y personalidad del tribuno José Antonio Cortina), los que le ganaron más renombre entre los lectores y curiosos.
Pasó sus últimos años retraída, dedicada a la vida doméstica y murió en La Habana el 8 de julio de 1915. Afortunadamente, ni el tiempo ni el olvido se ensañaron con sus versos, sépase que el semanario Bohemia le dedicó su portada (retrato del artista Esteban Valderrama) en la edición del 11 de julio de 1915, a raíz de la muerte de la poetisa.
Desde Cubaliteraria se la honra y, en lo posible, se la recuerda con una violeta simbólica.
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