
Lo primero que debo decir de Cinco noches con Carilda es que es un libro hermoso. En su base tenemos que son más que entrevistas —esas que generalmente tenemos predeterminadas—, sino que —y no podría ser de otro modo entre estas dos personalidades tan auténticas, Carilda Oliver Labra y Vicente González Castro—, surge un verdadero diálogo. Ese donde cada interlocutor sabe intervenir y también escuchar al otro. Algo raro en la actualidad, pues para lograrlo se precisa tiempo y disposición. Por eso necesitaban más que una tarde cualquiera o siquiera una noche.
El autor, Vicente González Castro, Doctor en Ciencias acreditado por la Universidad de Costa Rica y Doctor en Ciencias Pedagógicas ICCP de Cuba fue director de televisión, guionista e investigador. Gran conocedor de los medios audiovisuales sus investigaciones han estado dirigidas a la teoría y metodología del uso de la televisión en el sistema de medios de enseñanza de la Educación Superior, y en general a las bases teóricas y metodológicas de los diversos medios de enseñanza. González Castro falleció el 26 de septiembre de 2009, a causa de un infarto.
El libro electrónico que hoy presentamos cumple una doble función de caja china. Por un lado es un creador (los invito a que a que busquen sus extensos datos biográficos en la web) que se asoma a la vida de otro creador, en este caso una poeta (nuestra premio Nacional de Literatura en 1997 y Premio Excelencias en 2018, en la séptima edición de la entrega de este galardón en Cuba, que reconoce a personalidades, organismos e instituciones que contribuyen al desarrollo de la Isla en diversos sectores); y además todo el texto es en sí una gran entrevista (podríamos fantasear con un título socrático como “¿Quién es Carilda Oliver Labra?”) que contiene dentro cinco entrevistas, estructuradas a modo de capítulos independientes nombrados Primera, Segunda y sucesivas noches hasta alcanzar la Quinta (y no dejen de observar cuánta poesía hay en los subtítulos de cada una de ellas: “Anatomía de la tristeza”, “Una muchacha buena”, “Habrá que perdonarme la tristeza”, “Me hace falta un cielo” y “Anoche he soñado contigo”).
Nuestro “entrevistador” pretende adentrarse en aspectos poco conocidos o mal enfocados de la vida de esa gran mujer y poeta que enaltece nuestras letras, pero para hacerlo quiere deshacer los mitos populares y de la crítica desde la propia herramienta de las preguntas y respuestas. Por ponerles solo un ejemplo, Vicente le pregunta: “¿Por qué el mito de Carilda?” y ella responde:
Yo trato de explicármelo y creo que la primera causa fue el intento de suicidio de mi primer esposo y el de un muchacho con el que yo no tuve nada que ver. De eso no quiero ni hablar: segundo suicidio. Después viene un chiflado, poeta pero chiflado, que era graduado de la Sorbona, y se enamora de mí, pero como yo tenía novio, se enreda a piñazos con él: se cayeron al río y casi se ahogan… y vino el otro escándalo.
Luego se suicida de verdad Hugo… Mi matrimonio con un hombre mucho más joven que yo. También están los rumores del presunto romance entre Hemingway y yo, que no existió, y la anécdota publicista de un periódico suramericano en relación con aquel poeta que después escaló el Aconcagua para gritar desde el pico que me amaba. Esas pueden ser las causas del mito, pero tal vez en alguna de ellas yo no tenga nada que ver.
Es decir, la audacia de Vicente es recompensada con un retrato, si bien subjetivo, lo más verdaderamente fidedigno de Carilda. Esas son las aristas que nos revela el más que autor de un texto, copartícipe de una imagen. Luego de leerlo, más que saber quién era Carilda, logramos imaginarla!
Otro detalle interesante es la noche como trasfondo y escenario no solo de las propias charlas en el sentido físico, ya que las entrevistas ocurrieron en horas nocturnas, sino y al día de hoy cuando ambos han fallecido, la noche simbólica en que nos deja la muerte cómo es posible iluminarla con palabras, con diálogo y con poesía.
También quisiera hacer referencia a la sensualidad que atraviesa todo el texto. Aunque el autor desea —y felizmente logra— que nos deshagamos de que “Carilda Oliver Labra sea para los cubanos algo más que la autora de ese repetido, pegajoso y cosquilleante: «… me desordeno, amor, me desordeno»”, aflora en cada frase, en cada ambiente, un poco de esa belleza, de esa calidez y erotismo que trasvasó toda su vida y obra. Al comienzo de la conversación una muy zalamera Carilda le dice (mirándole a los ojos): «Estoy a su entera disposición».
Espero que también lo estén uds. para descargar y disfrutar, en modo gratuito, Cinco noches con Carilda, de Vicente González Castro, en sus formatos epub y pdf, en nuestro portal.
Visitas: 28






Deja un comentario