
Norita es meticulosa y encuentra el detalle preciso que le falta a un libro digital con una habilidad entrenada de años. Yo podría presentarla de mil formas, al equipo de Cubaliteraria, le sucedería igual, estoy segura. Sin rodeos, aquí va la conversación con Nora Lelyen Fernández, esa editora estrella, puntal indiscutible de la editorial.
«Nori», para el equipo eres «la maestra», aunque no precisamente de dar clases, conferencias, sino de las consultas sobre edición todo el tiempo, dispuesta a cualquier hora, como una Pepe Grillo, sabia y certera, como guiando el camino. Sin embargo, sabemos que la modestia te caracteriza, es decir, no ambicionas el reconocimiento público. ¿Cómo te definirías, como persona y como editora, para quienes no te conocen?
Es una pregunta trampa, porque intentar definirse es ver, a la vez, todos los rostros en el espejo. Pero como conozco tu noble empeño, creo que podría decirte que soy una persona apasionada y que le gusta ayudar a los demás; y como editora, intento ser meticulosa y afiligranar la obra todo lo que pueda, digamos que me permite ser orfebre, en esa versátil materia que es el lenguaje.
Cuéntame la «historia resumida» de Cubaliteraria, aprovechando que eres de las editoras fundadoras: principales momentos, escritores, personas que han acompañado el camino, tropiezos y alegrías.
La fundación en 2001, en el Segundo Cabo, fue, sin dudas el punto de arranque principal, pues brotó de una necesidad cultural. En el entorno mediático no existía un lugar virtual que exclusivamente se refiriera a la literatura cubana, aunque sí existían varios medios de prensa nacionales y el inestimable sitio de Cubarte, que apuntaba a la cultura cubana en general. Su primer director, el escritor Luis Rafael Hernández y las personas que comenzamos entonces, plantamos la semilla de mucho de lo que vendría después. Un segundo momento significativo fue el traslado de la editorial para el 9no piso del Instituto Cubano del Libro, en Obispo 302, esquina a Aguiar. Los cambios de locación traen aparejados reflexiones y cambios de perspectiva, la mayoría de las veces, beneficiosos, pero también implican grandes retos y yerros.
Muchos son los nombres que pudiera referir desde los directivos, periodistas, editores, diseñadores e informáticos, pero sin dudas, el periodo de 2019 a 2024, bajo la dirección de Yaremis Pérez Dueñas marcó un antes y un después; sumado al estremecedor momento de la Covid, de profundos desajustes personales y colectivos, nacionales y mundiales.
Hemos sido privilegiados en el área noticiosa o de crítica literaria del portal (www.cubaliteraria.cu) con nuestros colaboradores y columnistas. De los primeros Reynaldo González, la fallecida Mercedes Santos Romay, Roberto Manzano, Roberto Méndez, Antonio Rodríguez Salvador, Laydi Fernández de Juan, Virgilio López Lemus, Alberto Garrandés, Emilio Comas, Luis Álvarez, Ricardo Riverón, Jorge Ángel Hernández, Marilyn Bobes, Gerardo Chávez, Bruno Enríquez, Mercedes Melo Pereira, Madeleine Sautié, Ismael González Castañer, Elaine Vilar Madruga, Alina Iglesias, Ciro Bianchi, Jesús David Curbelo, Cira Romero (también fallecida). De los actuales, destacar a Olga Sánchez Guevara, Caridad Atencio, Rito Ramón Arocha, Yilian Amalia Martínez Vázquez, Anniel Humberto Perez Yera… Aunque la lista de las colaboraciones sería demasiado larga, agradecer especialmente a los fundadores Leonardo Depestre, Jesús Dueñas y Enrique Pérez Díaz (esa triada fiel que ya es «cubaliteraria» por derecho propio).
Por mi parte lo he vivido como si fuera una familia —como dije ya una vez— quizás sea ese el secreto de haber permanecido estos años en la Editorial, a pesar de los altibajos y la constante afluencia de personal. La mayor alegría será siempre lo que aún nos queda por hacer.
¿Qué parte del proceso de edición de un libro digital disfrutas más en lo personal? ¿Cuál te resulta, digamos, más tedioso y por qué?
Lo que más me sigue gustando de editar es la primera lectura del original. Esa sorpresa de no saber qué nos propone el creador del texto y de qué manera nos lo hace llegar; descubrir si forma y contenido se engarzan armoniosamente… Escribir es un acto de conciencia, a pesar de todos los experimentos de escritura automática, en ese primer momento se establece el más hermoso diálogo entre dos conciencias: es como tener a cada autor dentro de tu cabeza despertándote a nuevas posibilidades y sentidos.
El más tedioso es componer el texto para edición digital, no tanto aburrido a nivel intelectual sino físico: la vista se cansa y la postura de estar sentado horas delante de una computadora agotan, además son muchos detalles a tener en cuenta para que la «joya» brille con luz propia, que es un cuidado extra de nuestro oficio, es menester compenetrarse lo mejor posible con la obra e intenciones del que escribe y evitar que se note, muy poco, si hubo alguna intervención ajena a la del creador.
¿Cuál ha sido el libro más complejo que recuerdes haber editado y cuál el que recuerdes con más cariño o más hayas disfrutado?
Como no me canso de repetir, todo editor es un ente incansable en la búsqueda de saber, pero humanamente tenemos áreas en las cuales tenemos más competencia profesional o que nos gustan o atraen más que otras.
Los más complejos son los de teatro… recuerdo a Margarita Borges y su Relationships, hermoso texto que muchas veces creía que era un gran poema por su nivel estético.
Los que más amo, por consiguiente, son los de poesía, y no creo haber disfrutado ninguno por sobre otro, cada uno me ha iluminado.
Evoco con especial cariño mi primer libro electrónico, Espiral de interrogantes, de Reynaldo González, junto a Heresiarcas y pontífices, de Garrandés, y Meditraiciones, de Curbelo, pues fueron pdfs que guardamos en el ya extinto formato de disquete de 3 media.
Muy especialmente, me honra haber editado el texto de Domingo Alfonso (recientemente fallecido), En busca de la poesía & En piel color tabaco. A su alma generosa y a su poesía, agradezco.
Si tuvieras que darle cinco consejos a editores que comienzan o personas que pretendan comenzar en la profesión, ¿cuáles serían?
- Leer mucho, en cualquier género y formatos.
- Conocer del mejor modo que se pueda la lengua materna.
- Aprender otro (s) idioma (s).
- No cansarse de aprender y aprehender cada día algo nuevo, pretendiendo interconectar la mayor cantidad de áreas del conocimiento humano posible desde las artes (cine, teatro, pintura, etc.) a las ciencias, la filosofía, la política, la economía, entre otras. A mejor cultura, mayor excelencia en el oficio.
- Dominar las nuevas tecnologías, desde los programas básicos como el paquete de Office, hasta los específicos de edición, diseño y programación.
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