
La misión al sur del paralelo 15 en la encrucijada de la liberación de Angola. La descolonización de Angola. Los antecedentes
Los acontecimientos que el investigador Pedro Edy Campos Perales nos reconstruye de manera magistral, a través de un rosario testimonial de más de veinte internacionalistas cubanos, tuvieron un antecedente inmediato en el proceso de descolonización del territorio angolano. Casi cinco siglos de dominación portuguesa fueron configurando una extensa colonia en el Cono sur del continente madre, que quedaría delimitada con el Reparto de África: el Congo Belga por el norte, el África Sudoccidental Alemana por el sur y la entrada de los intereses británicos a través de las compañías de Cecil Rhodes y la imposición al colonialismo lusitano de su dominio sobre el África Central.
En el territorio angolano quedaron incorporados una gran variedad de grupos étnicos como los bakongos, los ovimbundu, los kimbundu, los lunda y otros que marcaron el devenir de la historia angolana durante casi quinientos años de presencia lusitana.
El pueblo angolano protagonizó una extensa y accidentada lucha por su liberación, marcada por un proceso de maduración ideológica y escalonamiento de todos los factores de concienciación que la desmarcaron de la descolonización clásica que tuvo su momento de eclosión alrededor del año 1960, el llamado año de África. Las colonias portuguesas y sus sectores nacionalistas experimentaron un contexto de radicalización que se relacionaba dialécticamente con la represión desplegada por una dictadura portuguesa que había quedado descolocada después de la derrota del fascismo. La debilidad de sus estructuras económicas, obligó a Lisboa a concertar alianzas con el capital occidental y con la Sudáfrica del Apartheid para mantener su dominio, utilizando los recursos naturales de las colonias con el objetivo de sostener durante más de un decenio tres guerras coloniales al unísono, entre el primer lustro de la década de los años sesenta y 1974.
En el caso de Angola no podemos dejar de advertir, en el contexto de la posguerra, el tránsito de organizaciones de naturaleza académica o cultural hacia instituciones de corte propiamente político, a finales de la década de los años cuarenta, que ejercieron un papel de irradiación de conciencia y de una opinión pública, que, marcada por la inflexibilidad del gobierno metropolitano y su visión integrista del Estado lusófono, se acercaron cada vez más a un cuestionamiento político.
Es este el caso del Centro de Estudios Africanos creado en Lisboa que agruparía a un núcleo de jóvenes de las colonias portuguesas como Agostinho Neto, Amílcar Cabral y otros que se incorporaron ulteriormente. El objetivo era apropiarse de herramientas culturales y etnolingüísticas que se enfrentaran a los procesos de asimilación cultural que irradiaban desde la metrópoli. No obstante, este centro contribuyó a la formación integral de sus miembros y al posterior cuestionamiento de la política colonial, lo que provocó su cierre por la dictadura portuguesa.
La Asociación de Naturales de Angola (ANANGOLA) dirigida por Viriato Da Cruz fue otra de las organizaciones creadas en ese momento de transición hacia una confrontación política abierta como se puede observar en el territorio angolano, en el escenario de los años cincuenta. A mediados de esta década se observa un clandestinaje político de organizaciones todavía poco coordinadas y algunas de carácter cultural o tribal, en las que se advertía un fuerte ambiente conspirativo, y actividades de un marcado carácter anticolonial como las desarrolladas por el Partido de la Lucha Unida de los Africanos de Angola (PLUA), surgido en 1953 e influenciado por las organizaciones culturales que le precedieron. Fue en ese contexto en el que surgiría en 1956 el Movimiento Popular para la Liberación de Angola (MPLA) —que fusionaría al PLUA con otras de similares características—, cuya dirección al inicio emprendió un empleado de correos, Ilidio Machado.
Paralelamente, hay un desarrollo de un nacionalismo conservador de base etno-tribal como la Unión de Poblaciones de Angola (UPA), que tenía su base de apoyo en la emigración bacongo-angolana en el Congo Belga, además de otros movimientos de inspiración religiosa. No obstante, el MPLA experimentó un proceso de radicalización cualitativamente muy superior a los movimientos regionalistas, étnicos o religiosos de otras organizaciones coterráneas. Ese radicalismo corporizó en el estallido de la lucha armada a inicios de los años sesenta y el desarrollo de tres frentes armados a mediados de dicha década.
En febrero de 1961 el MPLA logró un alzamiento simultáneo contra varias instituciones del colonialismo. La organización experimentó el asedio de la policía portuguesa y de la inteligencia militar. Esto favoreció el traslado del MPLA temporalmente hacia Leopoldville (Kinshasa), pero la situación del conflicto congolés se había deteriorado lo cual propició la captura del cuartel de la organización en la capital congolesa, en noviembre de 1963, cuando Neto y Lucio Lara fueron capturados y arrestados.
Hay un reflujo en esa primera etapa de la lucha desplegada por el MPLA porque la organización enfrentó toda una serie de problemas organizativos y de disensos en su estructura, de contradicciones entre el mando militar y el político, y fracturas de la misión en el exterior con relación a lo que ocurría en el escenario interno angolano. Esta situación con el tiempo fue superada y un primer reflejo de ello fue la apertura de un frente de lucha en Cabinda con apoyo del Congo-Brazzaville, país donde había ocurrido un proceso político que había sacado del poder al conservador Fulbert Yolou.
Por otra parte, en 1966 se empezaron a desarrollar las operaciones militares en el territorio de Moxico, creándose una tercera región política-militar, que se extendió al territorio de Kuando-Kubango. Para 1970 el MPLA había desplegado una concienciación con relación al carácter supratribal de la organización que le posibilitó extenderse por el norte del país, Luanda-Kuanza norte-Zaire, Cabinda, Luanda- Malanje, por la región oriental Moxico-Kuando-Kubango, y por la zona centro-sur Bie-Huambo.
Nunca se llegó a concretar la unidad con las otras dos grandes organizaciones por los profundos disensos que las caracterizaron, aunque el MPLA propuso una coordinación conjunta o una fusión de las tres organizaciones, pero nunca aceptó disolver su membresía dentro del FNLA o la UNITA. El FNLA solo suscribiría un acuerdo en 1972 cuando ya la popularidad del MPLA era incuestionable, pero nunca se concretó en la práctica. El MPLA desplegó un intenso trabajo en el exterior que le propició, con el tiempo, ganar el apoyo del que carecía en un inicio, desde los principales foros de solidaridad afroasiática, de América Latina en los marcos de la OSPAAL, así como del Movimiento de Países No Alineados y la ONU. Portugal quedaría en un aislamiento internacional, solamente evadido por el apoyo de la OTAN y del régimen de Pretoria.
Las guerras coloniales provocaron la crisis metropolitana y la Revolución de los Claveles en territorio lusitano, se abrió el camino del armisticio y de la negociación, así como las presiones del país europeo para desembocar en una fórmula neocolonial. La reunión de los tres movimientos en enero de 1975 precedió a los famosos Acuerdos de Alvor, firmados el 10 de enero de 1975 que establecían un gobierno de transición, bajo un alto comisionado portugués y la participación de las tres principales organizaciones, desde el 31 de enero de 1975.
La etapa de la transición fue rica en acontecimientos pues hubo una movilización en función de obtener una correlación de fuerzas favorables, principalmente en los centros urbanos en función de la proclamación de la independencia que debía ocurrir el 11 de noviembre de 1975. Entonces culminaron los casi cinco siglos de presencia portuguesa, pero se abrió la grieta de otro conflicto, de graves resonancias internacionales, con participación de los actores de la Guerra Fría, proceso meticulosamente reconstruido por el historiador italoamericano Piero Gleijeses en sus textos Misiones en Conflicto y Visiones de Libertad.
Cubanos al sur del paralelo 15. Una reconstrucción testimonial del investigador Pedro Edy Campos Perales
El texto Misión al sur del paralelo 15 es un excelente ejemplo testimonial de la nueva correlación de fuerzas en el terreno que se experimentó en el suroeste de Angola después de la histórica Batalla de Cuito Cuanavale. Esto representó un punto de giro con relación al anterior empantanamiento de las tropas angolano-cubanas. La nueva situación cualitativa era necesaria para poner fin al conflicto africano en un contexto de transformaciones dentro de la Guerra Fría, en el escenario internacional que conduciría al desmontaje de la Unión Soviética, uno de los grandes pilares en los que se sustentaba el apoyo al gobierno angolano del MPLA de José Eduardo dos Santos. Desde esa perspectiva la dirección de la revolución cubana movió los hilos del proceso en función de trabajar en un nuevo balance de las fuerzas operativas en el suroeste angolano, en la misma medida en que se fueron desarrollando las negociaciones.
Campos Perales, en su condición de protagonista de aquellos acontecimientos, se convierte en el hilo conductor de más de veinte testimonios orales en los que se articula la visión humana y micro-histórica de los sucesos narrados por los artífices de aquella epopeya con la visión contextual del historiador, que coloca la relación del hecho histórico en sí con la estructura y la evolución del conflicto angolano, como reflejo en el Cono Sur africano del conflicto bipolar.
La malograda operación de la FAPLA con asesoría soviética para la toma de Mavinga provocó el repliegue de las tropas angolanas hacia Cuito Cuanavale, que revitalizó las aspiraciones del ejército sudafricano de consolidar su hegemonía en el sur angolano con apoyo de la UNITA. Esa posibilidad se vio frenada por la victoria angolano-cubana en la histórica Batalla de Cuito Cuanavale.
El lanzamiento de la maniobra XXXI aniversario y específicamente el avance de los cubanos por el sector suroeste del suelo angolano contribuyó inconmensurablemente a la superioridad del mando angolano-cubano en la última fase del conflicto, que les permitió avanzar con ritmo acelerado hacia una negociación en varias rondas, desde una posición de fuerza, que le pondría un final definitivo a la fase internacional de la crisis. Se trasladaron importantes contingentes de internacionalistas cubanos que avanzaron con el armamento más moderno con que contaba la mayor de las Antillas en aquellos momentos. Se refleja en el texto el avance al sur de Lubango de manera escalonada, tomando los principales puntos estratégicos y construyendo la infraestructura necesaria para el progreso de las tropas angolano-cubanas y también de la SWAPO de Namibia, territorio ilegalmente ocupado por Sudáfrica, cuyo destino se dirimía en esta accidentada contienda.
El investigador Pedro Campos Perales, quien maneja con destreza las herramientas del historiador, utiliza en su narrativa histórica un arsenal de conocimientos tácticos del terreno de operaciones y de la estructura de mando que se fue desplegando a través de las diferentes operaciones militares que, con un grado muy variable de intensidad contribuyeron al nuevo balance de fuerzas castrenses y a su vez del impacto político y diplomático que tuvo esa nueva correlación de fuerzas.
Es pertinente señalar el aporte del libro no solo por el conocimiento explícito de las características del ejército en campaña de la parte angolana-cubana, sino por el amplio dominio que se refleja en la obra sobre el ejército del enemigo, especialmente las tropas y la fuerza aérea sudafricana que habían dominado el espacio aéreo en el sur de Angola.
Algunas de las cuestiones generales y contextuales son abordadas en el capítulo primero dedicado a los antecedentes. También a la situación previa en el campo de operaciones militares que fue de vital importancia para comprender la necesidad del despliegue a gran escala que se decidió por parte de la dirección de la revolución cubana. Todo esto en apoyo a las tropas angolanas de la FAPLA, en el contexto de la celebración del aniversario 31 del desembarco del yate Granma.
El poblado de Cahama se encontraba a casi 200 kilómetros al sudeste de la ciudad de Lubango. Este pertenecía a la provincia meridional de Cunene. El segundo capítulo de Misión al sur del paralelo 15 le da voz a la memoria testimonial de los protagonistas que tuvieron una presencia en este territorio, que fue fundamental como punto de relanzamiento de las tropas cubanas y angolanas hacia otras regiones meridionales en búsqueda de la frontera con Namibia.
El objetivo era revertir la influencia de la aviación sudafricana y de las operaciones militares desplegadas por el Apartheid en la región. Resultan de especial valor los testimonios relativos a la construcción y puesta en marcha del aeropuerto de Cahama, cuya contribución estratégica facilitó las operaciones aéreas y terrestres de los cubanos y angolanos por toda la zona del sudoeste. Las vivencias de algunos de los hombres sobre los que descansó aquel complejo engranaje resultan reveladoras de la condición humana, a pesar de los tiempos de guerra. En este escenario se puso a prueba la tenacidad de los cubanos que prepararon y protagonizaron aquella epopeya saturada de detalles que nos reflejan varias aristas del poliedro de una contienda bélica desarrollada a miles de kilómetros de nuestra realidad cubana.
Lo anterior implicaba sobre la marcha un proceso de adaptación por la lejanía de los familiares, los imprevistos y las enfermedades en un medio natural diferente y la interacción con las costumbres de la población local.
Cronometrado como un reloj suizo fue puesto en marcha en tiempo récord el aeródromo de Cahama. El autor, haciendo uso de su amplio conocimiento de la región, nos despeja algunas variables relacionadas con la cultura y con los tejidos etnohistóricos del área, que contribuyen a una mejor comprensión del contexto social en el que se desplegaron las operaciones. La economía agrícola de Cahama, el paso de la importante carretera panafricana, la estratégica vía de conexión de varias naciones del Cono sur africano, y sus construcciones urbanas de paredes blancas y techos rojizos son algunos de los elementos descriptivos que Campos Perales nos proyecta sobre el lugar que el alto mando angolano-cubano había determinado para la construcción del nuevo aeropuerto.
El tercer capítulo está dedicado a la apertura del frente Mucope-Humbe-Xangongo, entramado defensivo donde se establecieron varias brigadas de tanques y de infantería, por la importancia que se les atribuyó debido a potenciales acciones militares dentro del frente sur, durante el primer semestre de 1988. Algunos de los protagonistas del libro fueron parte de aquella histórica misión, en que el autor no solo destaca las operaciones propiamente militares, sino las relacionadas con el componente técnico e ingenieril y de los especialistas que contribuyeron en ese aspecto, así como los internacionalistas que tributaron al desarrollo de los servicios médicos en esa región.
El autor de Misión al sur del paralelo 15 hace un desglose de las diferentes unidades que se dispersaron por el área a partir de la entrevista a los artífices que participaron en los eslabones de este complejo engranaje, con un meticuloso nivel de detalles. El papel de la defensa antiaérea fue crucial en la nueva correlación de fuerzas angolano-cubanas en el frente sur.
En ese proceso de escalonamiento de los acontecimientos, después de haber logrado la defensa cubana una consolidación en la línea Cahama-Mucope-Humbo, se procedió a realizar otras operaciones defensivas que favorecieron el avance hacia la frontera. Este es el objeto de estudio del capítulo cuatro que nos narra los principales itinerarios en la búsqueda de la frontera con Namibia, que en la concepción estratégica cubana debería contribuir —como lo hizo— a la superioridad aérea y antiaérea en el sur de Angola, impidiendo el libre vuelo de la fuerza aérea sudafricana.
Dicho desplazamiento ocurrió a partir del mes de marzo de 1988. El autor, en voz de sus protagonistas, va engrosando el discurso sobre el alcance y las limitaciones de los diferentes avances de las tropas, así como los avatares encontrados por el camino. Los acontecimientos entre los meses de marzo y junio de 1988 fueron de valor inconmensurable de cara a las negociaciones con el enemigo.
La nueva situación cualitativa creada después de la victoria de Cuito Cuanavale y el avance hacia la frontera por el frente sur representaron un punto de giro para el conflicto internacional. Esta posibilitó la maduración de la posición negociadora angolano-cubana, evitando cualquier curso de empantanamiento del proceso. Resulta de gran valor la división cronológica de la dimensión diplomática del conflicto que nos conduce a resaltar el protagonismo que va alcanzando la representación cubana, principalmente desde inicios de 1988, lo cual se relacionaba con el cambio de la correlación de fuerzas en el terreno militar. Anteriormente los Estados Unidos había tratado de evitar la presencia cubana, en las primeras rondas de reuniones de 1987.
A partir de 1988 la voz de Cuba se hizo sentir en las negociaciones poniendo sobre la mesa cuestiones que eran troncales para la resolución del conflicto y que el historiador italoamericano Piero Gleijeses nos detalla en su monumental obra Visiones de libertad. A manera de resumen, el investigador Pedro Campos Perales nos va acercando a ese complejo mundo de la negociación de conflictos en que la misma cronología nos va ilustrando los avances de las diferentes rondas negociadoras.
Cuba había llevado dos puntos fundamentales, el de la retirada de las tropas sudafricanas y la interrupción del apoyo norteamericano a las fuerzas militares de la UNITA. En las tercera y cuarta ronda negociadora, como nos refleja el autor del texto, Cuba se hizo presente por la presión de la parte angolana y formando parte de la delegación del país austral. Pero después de los avances de Angola y Cuba en Cuito Cuanavale en el plano militar, Estados Unidos tuvo que aceptar a Cuba como miembro pleno del proceso negociador. Nuestro país exigía la aplicación de la resolución 435/78 de la Organización de Naciones Unidas a cambio del repliegue de las tropas cubanas al norte del paralelo 13.
Como ilustra el autor de la obra que se presenta, a partir del desarrollo de los acontecimientos en los que participaron los protagonistas, el curso de las negociaciones adquirió un carácter cuatripartito, resultado de la preocupación por la parte sudafricana de un posible cruce de la frontera con Namibia, de las tropas cubanas. Todo esto se fue despejando por el proceso negociador en la misma medida en que avanzaban las tropas en el terreno, culminando con los históricos acuerdos de Nueva York en diciembre de 1988.
El libro nos ofrece valores añadidos de extraordinaria importancia como el testimonio gráfico, los mapas y el material fotográfico que lo acompañan y que refuerzan el discurso desplegado por el autor. Además, presenta un cuerpo referencial y de anexos que pueden tributar a futuros proyectos de investigación sobre el tema.
Misión al sur del paralelo 15 representa un aporte historiográfico al conflicto angolano desde una mirada interseccional que nos coloca en la convergencia de los estudios micro-históricos, a la par que muestra excelente destreza en el manejo de las fuentes orales y testimoniales, en clara articulación con los procesos macro-históricos, ubicándonos en un escenario particular de la Guerra Fría en el corazón del Cono sur africano.
Felicitamos de antemano el presente esfuerzo editorial, a su autor y a los más de veinte protagonistas con sus historias de vida que lo acompañaron en esta aventura investigativa.
Destacamos el trabajo de edición y corrección realizado por el profesor Magdey Zayas Vásquez y la profesora Estela Lizandra Lora Soltura, respectivamente. La editorial Cubaliteraria y su Colección Narrativa y Crónica se visten de lujo con esta nueva entrega, que enriquece el fondo literario y el caudal, todavía parcamente explorado, sobre las presencias de Cuba en África.
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* Luis Edel Abreu Veranes (La Habana, 1987). Licenciado en Historia y máster en Historia Contemporánea. Ejerce la docencia en la Universidad de La Habana como profesor auxiliar de Historia de África y Medio Oriente y profesor de Historia de África Precolonial. Es, además, jefe de cátedra de Historia de Asia, África y Medio Oriente en esa institución, miembro del ejecutivo de la cátedra de Historia y Cultura de Turquía, de la Asociación Latinoamericana de Estudios de Asia y África y de la Unión de Historiadores de Cuba. Actualmente realiza su doctorado en Ciencias Históricas. Ha presentado diversas ponencias, conferencias y artículos sobre sus temas de investigación. Algunas de sus investigaciones han sido publicadas en las revistas Catauro, Horizontes y raíces, Revista Cubana de Ciencias Sociales y Brazilian Journal of African Studies.
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