
Si antes en nuestro ensayo habíamos referido que Martí, a través de poemas y afirmaciones, intuye poco a poco que el dolor le hace ver claro el sentido y la razón de su vida, ahora podemos afirmar que ha llegado al íntimo reconocimiento de tal verdad, pues es capaz de expresarlo con mucho acierto en una de sus prosas poéticas que dejó en sus apuntes, curiosamente en la misma hoja que se recogen los versos anteriormente citados. Se produce el salto de lo reflexivo a lo creativo por excelencia. El dolor es parte consustancial de aquella:
Acurrucado: se quedó en esqueleto: se consumió sin morir: se le cayeron los ojos: le queda pelo en las cejas, y un tufo sobre la frente en el cráneo mondado: se le conoce que vive en que tiembla: a retazos caído el vestido: lacras de huesos por entre el vestido podrido: omóplato desnudo. Vivo que no pudo amar. ¿Por qué está así? Le quieren arrancar a la fuerza su secreto. Se defiende con los huesos, se aprieta con las manos el lugar del corazón. De entre los huesos empolvados sale el amor, con un cuchillo de plata fina, un cuchillo diminuto, cabeza de mujer, hoja de lengua, que lo atraviesa de parte a parte, y cuando le arrancan el dolor, rueda por tierra, muerto.
(CA, 18, p. 385).
El dolor es y ha sido su secreto, y uno de sus acicates, el amor, como aquí reconoce. Como bien afirman González y Schulman, Martí fue un gran sufridor, y el más genial y acrisolado estoico que la raza ha producido. Pero la aridez desolada y desoladora del estoicismo clásico se atenúa en él y se compensa por la trascendencia que al amor concede. Según Mañach, en Martí amor y dolor se funden y complementan en su ideación, y en la medida que el amor melifica el dolor, su concepción supera y hasta se desvía y rectifica la noción estoica.[1]
En tal sentido el dolor y el amor están dialécticamente vinculados en la ética y la estética martianas y alcanza su punto cumbre en los Cuadernos en la prosa poética citada, pues, según refiere Carlos Javier Morales, si la misión sagrada del hombre es el amor, acto por el que consigue superar las contradicciones aparentes que el mundo nos ofrece, el ejercicio de esa misión amorosa conlleva una dosis ineludible de dolor. El dolor reviste así un valor eminentemente positivo, porque el dolor es la única arma de que dispone el hombre para contrarrestar las fuerzas del mal, las fuerzas destructoras de la armonía cósmica.
Son ampliamente conocidas por los estudiosos de la obra martiana la idea aquí comentada del verso como fruto del dolor y como alivio a él, y aquella en la que expresa que el dolor no debe mostrarse, que debe permanecer en lo oscuro. En la base de estos razonamientos, bien tamizadas, se hallan las siguientes afirmaciones de Coleridge, que el poeta recoge en el Cuaderno 18:
“A grief without a pang, void, dark and drear”.
Coleridge
“Work without hope draws nectar.
And hope without an object cannot live”.
Coleridge
(CA, 18, p. 403).
Las alusiones sutiles en la segunda cita del escritor inglés a la escritura y al sufrimiento, que inevitablemente fructifica, fueron captadas por nuestro escritor, y constituye una pequeña muestra de la impronta de la concepción del dolor romántico que recibe Martí. Podemos afirmar igualmente que las ideas de Martí sobre el dolor en forma general, y en particular las que se muestran en los Cuadernos de apuntes, evidencian el carácter dialéctico de su pensamiento: si primero se nos muestra la oposición entre lo hermoso y lo árido, seguidamente se nos dice, se nos prueba que de lo árido nace lo hermoso. El dolor crea el verso, provoca su irrupción e irradiación.
Las formas que toman el concepto del dolor y del amor en la obra de Martí son prueba de la presencia de la dialéctica analogía–ironía, esencial en su cosmovisión. Como bien afirma Carlos Javier Morales ambos polos se conocen con los términos analogía (estado armónico final) e ironía (conciencia de la diversidad y la fragmentación inmediata).
Ya veremos cómo Martí se basará en el mismo dolor para recobrar la armonía ausente. El dolor, ya en los románticos, se establece como el único sendero para superar las contradicciones aparentes del universo, puesto que todo intento por conciliar lo contradictorio en una síntesis armónica se muestra necesariamente doloroso. Toda actividad del hombre dirigida a reconstruir lo que la maldad humana ha fragmentado ha de pasar por el camino insoslayable del dolor. Sin él no es posible reconstruir la armonía en el mundo terreno, ni contemplarla en su esencia más profunda e ideal.[2]
Como han afirmado los estudiosos que, de alguna manera, han tratado el tema, esta insólita exaltación del dolor en Martí, tan contraria al epicureísmo del hombre tropical tiene su raíz filosófica más remota en los estoicos Epicteto, Marco Aurelio y, sobre todo, Séneca. Acaso sus tempranas lecturas de la Biblia y de los Evangelios contribuyeron también a desarrollar en él estas ideas. Una posible tercera influencia es la lectura de los escritores y poetas románticos. Martí fue el último gran romántico de la lengua y dada esta afinidad es posible que alguna huella hayan dejado en él los que con mayor sinceridad exaltaron este sentimiento: Leopardi, Schopenhauer, Hartman… Pero el dolor romántico es con frecuencia libresco, inventado y mera “pose”, en tanto que la doctrina martiana es una vivencia, una agonía y una filosofía personalísima.[3]
El dolor considerado como fuerza artística es lo que singulariza la visión y el concepto de Martí. Y de ello se dan pruebas innumerables en estos Cuadernos de apuntes.
Aunque esta doctrina se acentuará en los últimos diez años[4] de su vida, como bien afirman Schulman y González, aparece ya diáfana no sólo en El presidio político en Cuba sino también en tempranas anotaciones de estos Cuadernos (1-5). Creemos, como afirman dichos estudiosos, que aunque en las obras citadas el dolor tiene sólo una dimensión ética y espiritual, es a partir de 1880 cuando se perfila el contenido estético y la trascendencia creadora que al dolor le concede Martí (véanse cuidadosamente las ideas que sobre él aparecen en los Cuadernos del 6 al 18).
En su diario y en su vida este sentimiento adquiere importancia definidora y le concede un rango único. Sólo su acendrado concepto de la dignidad del individuo rivaliza en su escala de valores con la jerarquía purificadora, redentora y hasta creadora que al dolor confiere.[5]
La naturaleza entrañable, espiritual y singularísima de este concepto en Martí, íntimamente relacionada con su misión libertadora y apostólica le permite al escritor trascender la postura estoica, la bíblica y la romántica. El hecho de que el dolor anteceda como condición sine qua non a la escritura, y este se convierta en una forma privilegiada de conocimiento, despoja de carácter negativo a esta noción y explica los numerosos razonamientos de carácter encomiástico que le dispensa.
Dolor en Martí es fuente de inspiración para la escritura, si se entiende por inspiración el ser transportado hacia la experiencia poética, para recibir allí, en el suelo fértil de la palabra poetizante, aquella visión que, paradójicamente, no puede quedar contenida en el verbo humano. // Queda signada, pues toda su obra por esta relación ‘escritura–dolor’.[6]
Carlos Javier Morales parece que ha dado con el apelativo justo cuando se refiere al concepto como fragua, ya sea para la acción fecunda y heroica o para la genialidad poética, y refiere que este principio se halla también en el Fausto de Goethe.[7] Si la vida es el objeto de la creación literaria, como ha apuntado en muy diversas y numerosas partes de su obra, con marcado énfasis en estos Cuadernos, el dolor y el afán de superarlo permiten al poeta el logro de la excelencia artística.
Ese acto creativo en que concluye el dolor, ese carácter trascendente que se le da a dicha noción es lo que diferencia a Martí del resto de los románticos hispanoamericanos, como bien afirma el importante estudioso Oscar Rivero-Rodas, quien considera que para Martí el poeta es una manifestación plena del dolor, es la presencia del dolor, concebido como un sentimiento cósmico, que brinda la posibilidad del perfeccionamiento para lograr una identificación total con el universo.[8]
* * *
Ver además Poética y dolor en los Cuadernos de apuntes de José Martí. Parte I
[1] Ver Manuel Pedro González e Iván Schulman: José Martí. Esquema ideológico, México, DF, Editorial Cultura TG, SA, 1961, p. 434.
[2] Carlos Javier Morales: La poética de José Martí y su contexto, Madrid, Editorial Verbum, 1994, p. 81.
[3] Manuel Pedro González e Iván Schulman: José Martí. Esquema ideológico, ob. cit., p. 433. Los románticos tenían una especial valoración del dolor porque “creían en la necesidad de luchar por sus creencias aún con el último suspiro de sus cuerpos, en el valor del martirio como tal, sin importar cuál era el fin de dicho martirio. Consideraban a las minorías más sagradas que las mayorías, que el fracaso era más noble que el éxito pues este último tenía algo de imitativo y vulgar. La noción misma de idealismo, no en su sentido filosófico sino en el sentido ordinario del término, es decir, el estado mental de un hombre que está preparado para realizar grandes sacrificios por un principio o alguna convicción, que se niega a traicionarse, que está dispuesto a ir al cadalso por lo que cree, debido a lo que cree, esta actitud era relativamente nueva”. (Isahiah Berlin: Las raíces del romanticismo, Madrid, Editorial Taurus, 2000, p. 28).
[4] Ibídem, p. 433.
[5] Manuel Pedro González: “Aspectos inexplorados en la obra de José Martí”, en revista Cursos y Conferencias, Buenos Aires, diciembre de 1954, p. 322.
[6] Maybel Mesa: “El sentido del dolor para Martí y su relación con la escritura desde los Cuadernos de apuntes”, citado en nota 4, p. 71. (Parte I).
[7] Carlos Javier Morales: La poética de José Martí y su contexto, ob. cit., p. 135. Y sigue dando pruebas de la ascendencia romántica del tratamiento del tema del dolor en Martí: “El propio Keats anticipa esa valoración del dolor como fragua de la personalidad vital y de la personalidad poética […] si leemos este fragmento de una carta de Keats, de 1819, nos percatamos de esa virtud ennoblecedora que atribuye al dolor, enmarcado en una visión armónica del mundo”: No veis cuán necesario es un mundo de dolores y trastornos para forjar una inteligencia y hacer un alma? No sólo es el corazón un catón, sino la biblia del pensamiento, el pezón donde mama su identidad. Tan varias como son las vidas de los hombres, tan varias resultan sus almas, y así hace Dios seres individuales, almas idénticas de la chispa de su propia esencia”, p. 138.
[8] Ver Oscar Rivero-Rodas: “Martí y su concepto de la poesía”, en Revista Iberoamericana, Pittsburg, no. 37, p. 805.
Visitas: 15






Deja un comentario