
Un abuelo, un padre, un nieto. Dos madres que se mudaron al más allá y les dejaron el alma en el esqueleto, el latido en un aprieto, el brillo sin los colores, pero pese a los dolores Fernando quiere jugar al cariño y despertar el sueño de sus mayores. Cuando falta una mujer- luz, cuando falta la madre, pocas preguntas el padre sabe o puede responder. Cuando es eterno el ayer un buen abrazo no auxilia. Cuando la ignota vigilia le quita al tiempo el relevo pues se aprende a hacer de nuevo recetas de una familia. Del libro brotan belleza o preguntas naturales, interrogantes casuales, nanas contra la tristeza. La infantil naturaleza busca la línea detrás del horizonte y jamás desiste en su fantasía al preguntar, todavía: ¿cómo se hacen las mamás? Fernando, con frenesí, arma un viaje al cielo a pie, pregunta por qué y por qué y no acepta “porque sí”. El padre anda por ahí con cientos de dudas juntas. El abuelo une las puntas de una estrella anocheciendo y todos seguimos siendo el niño de las preguntas.

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