
«Psicología Clínica: temas escogidos», del profesor Juan Donaldo Quintana Mendoza, docente (jubilado) de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, es el título del libro, publicado por la Editorial Científico-Técnica, y dedicado —fundamentalmente— a los amantes de esa rama de la ciencia psicológica.
La teoría sin práctica es puro verbalismo;
La práctica sin teoría mero empirismo
Félix Varela.
Psicología Clínica: temas escogidos, del profesor Juan Donaldo Quintana Mendoza, docente (jubilado) de la Facultad de Psicología de la Universidad de La Habana, es el título del libro, publicado por la Editorial Científico-Técnica, y dedicado —fundamentalmente— a los amantes de esa rama de la ciencia psicológica.
En ese texto, escrito con profesionalidad y amor a la «ciencia del espíritu» el ex jefe del Departamento de Psicología del Hospital Psiquiátrico de La Habana «Cdte. Dr. Eduardo Bernabé Ordaz», incursiona en los más disímiles campos de la Psicología Clínica, a cuyo ejercicio se ha entregado en cuerpo, mente y alma, porque, al igual que el venerable padre Félix Varela, José Martí y don Enrique José Varona, piedras fundacionales de la psicología cubana, percibe nuestra noble profesión como fuente nutricia de ética, cultura, humanismo y espiritualidad.
Con apoyo en el principio defendido por la Psicología Humanista de que «el hombre es una unidad bio-psico-social-cultural y espiritual indivisible», el profesor Quintana Mendoza disecciona con afilado bisturí todos y cada uno de los componentes básicos sobre los que se estructura la personalidad humana, así como los factores internos y externos que influyen en él… y lo enriquecen o perturban. Requisito indispensable para conocer la esencia íntima del «soberano de la creación» y también el carácter psicógeno u orgánico de las condiciones que padece cuando se altera el equilibrio bio-psico-socio-cultural y espiritual en el que se sustenta la salud, definida no como la ausencia de enfermedad física o mental, sino como un estado de bienestar psicológico, social y espiritual, que caracteriza a quienes viven en paz y armonía consigo mismos, con los demás y con el entorno natural donde desarrollan sus actividades diarias.
Con ese arsenal teórico-conceptual y metodológico in mentis, Quintana Mendoza explora —con fino olfato investigativo— casi todas las aristas que configuran los trastornos de la personalidad; entidad controvertida y controvertida, tanto en el contexto de la Psicología Clínica, como en el ámbito de la Psiquiatría.
Esa obra pone a disposición de profesionales y estudiantes de dichas disciplinas los hallazgos clínico-psicológicos y psicológico-forenses de las pesquisas desarrolladas y publicadas por el autor en revistas nacionales y foráneas.
Por otro lado, la lectura analítico-sintética de ese libro nos alienta a percibir —desde una perspectiva objetivo-subjetiva por excelencia— cómo la realidad socioeconómica que hoy enfrenta la mayor isla de las Antillas, como secuela del genocida bloqueo estadounidense, la desintegración del bloque socialista de Europa del Este, la desaparición de la Unión Soviética y el «marabú» mental que paraliza el desarrollo de nuestra sociedad, influyen en la dinámica de la personalidad de quienes habitan —contra viento y marea— en el indomable caimán caribeño, y cómo esa situación afecta el sistema de valores sobre el que se construye la personalidad básica (concepto antropogénico) de la población cubana, que vive, ama, crea y sueña en la ínsula caribeña y se alimenta del «ajiaco» multiétnico cultural que, según el sabio don Fernando Ortiz (1881-1969), «nos identifica como nación y como pueblo».
Según el profesor Juan Donaldo Quintana Mendoza, en esa interrelación dialéctica de factores económico-sociales, educativos, psicológicos, ético-morales y espirituales debe buscarse la explicación científica de la psicopatización o sociopatización de la personalidad de muchos miembros de la sociedad cubana actual: individuos que hasta hace algo más de treinta años eran individuos cuya integridad no era discutible desde ningún punto de vista, y hoy han cometido delitos, han rozado los límites de la actividad criminal o han contaminado y deshumanizado su alma con pasiones mezquinas: odio, envidia y adoración enfermiza por tener, entre otras no menos deleznables.
Concluyo esta reseña con un aforismo martiano: «Son buenos libros, aquellos que dan de qué hablar». Ustedes, lectores, tienen la palabra.
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