
Siempre he pensado —y dicho— que quien escribe la historia de forma amena, logrando que el lector se apasione por los hechos, las circunstancias, los detalles, tiene la doble condición de historiador y de escritor. No siempre se consigue tal dualidad. Pero cuando se lee cualquiera de las numerosas obras de Ramiro Guerra, se está en presencia de un autor que unió al conocimiento, una manera directa y eficaz de escribir.
Este 29 de octubre se cumplen 55 años de fallecimiento de uno de los historiadores mayores de Cuba y de uno de los autores que más contribuyó a que los cubanos conociéramos de historia: precisamente Don Ramiro.
Pedagogo, publicista y economista…
Ramiro fue un hombre de pueblo que siempre estuvo entre su pueblo —expresó el doctor José Antonio Portuondo en la despedida de duelo—, hombre de campo que conocía profundamente los problemas del campo; defensor de la enseñanza pública en Cuba que más maestro podemos decir que fue pedagogo de gran perspectiva.
Más adelante el orador se refirió a otra faceta del quehacer del historiador, pues —citamos de nuevo al Dr. Portuondo— «no podemos hablar de Ramiro sin hablar de su antimperialismo, que mostró muchas veces a través de su obra y de su vida».
Conoció Ramiro Guerra la vida de los campos: nació en una finca de familia, en Batabanó, el 31 de enero de 1880. El tesón y la inteligencia, la perseverancia y la dedicación, lo impulsaron hacia metas cada vez superiores.
Ganó una beca para realizar, por muy breve tiempo, estudios en Harvard. Se graduó de doctor en Pedagogía en La Habana. Dirigió escuelas. Fue superintendente general de escuelas en Cuba y profesor de Historia y Geografía en la Universidad de La Habana.
Representó al país en varios congresos internacionales sobre problemas económicos y fue miembro de la Academia de la Historia de Cuba. También perteneció a sociedades de intelectuales, publicó artículos en la prensa y —durante el régimen de Machado— ocupó el cargo de Secretario de la Presidencia de la República.
Su obra es fuente obligada de consulta y abarca alrededor de 45 años de trabajo. Algunos de los títulos ilustrarán sobre cuáles fueron sus preocupaciones como escritor: José Antonio Saco y la educación nacional (1915), Nociones de Historia de Cuba (1921-1925), Azúcar y población en las Antillas (1927), En el camino de la independencia (1930), La expansión territorial de los Estados Unidos a expensas de España y de los países hispanoamericanos (1935), Manual de Historia de Cuba (1938), La industria azucarera en Cuba (1940), Guerra de los Diez Años (1959-1962)…
Se incluyen también, entre otros, dos libros autobiográficos: Mudos testigos (1948) y Por las veredas del pasado (1957).
Años atrás, en 1943, Carlos Rafael Rodríguez señalaba que:
Guerra ha contribuido a esclarecer numerosas vertientes de la historia cubana. Pero guiado por consideraciones del método positivista, en Guerra lo económico viene a convertirse en uno de los factores del proceso histórico, aunque sin duda lo estima factor de primera importancia.
La obra de Ramiro Guerra ha merecido frecuentes reediciones, buena parte de ellas posteriores al triunfo de la Revolución. Su estilo preciso, claro, la limpieza del lenguaje, hacen de estos textos —al margen de sus valores intrínsecamente investigativos— un material siempre válido.
Escritor reflexivo, historiador eminente, hombre de honradez probada, Ramiro Guerra murió el 29 de octubre de 1970, a los 90 años. Leerlo es el mejor modo de expresarle nuestro agradecimiento por cuanto hizo en defensa de nuestra nacionalidad.
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