
Quién es Reyita, tal vez, sea una pregunta innecesaria a treinta años de su conversación, que vino a significar e iluminar a un sujeto que en el panorama de la literatura cubana nunca antes, en sus términos, había sido develado.
Esta conversación de Reyita treinta años después puede ser abordada desde la Geografía Crítica implementando otra dimensión, no desde la geografía física en la que se han fijado fronteras desde el poder y no desde las dinámicas y vivencias de los grupos humanos, además de las relaciones de micropoder.
Desde esa invisibilidad Reyita emerge como una fuerza arrolladora, ella se define como «una persona común y corriente» y desde la perspectiva materna… «La negra esta, la jocicúa». Y podemos agregar otra pregunta: ¿Cómo se siente Reyita?… «Siempre me sentí desairada».
Y así queda establecido el escenario, el campo de batallas de Reyita, el ámbito familiar y su devenir cotidiano.
Pudiera pensarse que es mínimo el escenario de Reyita, pero en el ámbito familiar Michel Foucault lo entiende como dispositivo: «red heterogénea compuesta por discursos, institucionales, prácticas normas y formas de saber articuladas en relaciones de poder». Gillles Deleuze en Michel Foucault, filósofo al desarrollar esta noción de dispositivo, afirma: «los dispositivos tienen pues como componentes líneas de visibilidad, de enunciación, líneas de fuerza, líneas de subjetivización, de fisura, de fractura que se entrecruzan».
Las relaciones de poder por lo general son apreciadas como políticas, pero en la familia, identificada esta como institución, tienen un sesgo de normalidad por su presencia en el devenir cotidiano.
El constante desaire por su condición de negra es tal vez la primera frontera que ha de salvar Reyita. El racismo y la discriminación racial constituyen la frontera y relación de poder más perdurable con la que bregará nuestra testimoniante, en tanto negra y mujer. Hago referencia al género porque en sí, es otra frontera conflictiva y de hondas repercusiones. Aquí operan el Patriarcado como ideología y el machismo como su expresión cotidiana, pero en esta Geografía sin salida al mar, y sí con salida a un mar de contiendas múltiples, aún nos queda el límite que aporta la condición de clase social. Todas estas coordenadas están mediadas, en el contexto familiar, por relaciones de micropoder.
Todas las fronteras antes establecidas son valladares para la realización personal, eso que en la Constitución de nuestra República ha sido identificado como la realización plena de la personalidad. Lo hasta aquí dicho solo me deja el camino para identificar y pensar estas fronteras. No es mi intención reproducir el relato del libro, pero sí compartir hitos de esta historia.
Dejar abiertas otras interrogantes y otros pensamientos es mi propósito en lo sucesivo.
I
Madre seré
La Discriminación y el Racismo son aún hoy motivo de nuestros desvelos, el constante pensarlos e intentar soluciones han sido esclarecedores de toda la situación de los negres en nuestra contemporaneidad y los aportes de nuestras luchas reivindicadoras.
Reyita elige tener descendencia de un hombre blanco, la terrible experiencia del Racismo la hace elegir en favor de sus hijos y, ahora corresponde pensar esta nueva frontera, los hijos de Reyita no pudieron ser salvados de la exclusión así lo demuestra la casi nula relación con la ascendencia paterna.
La mulatez es vista por el prejuicio racista como una mancha, la prueba de la falta, la contaminación de la pureza blanca vista por la supremacía blanca como un no lugar, no se es negro pero tampoco se es blanco, una fuente de divisiones, una suerte de displicencia que muchas veces deja un sedimento de inseguridad, de sensación de no pertenecer. Y lo peor un intento de anular, de borrar la presencia de la raza negra.
Por eso hay que hacerse una vez más una dura pregunta o todos somos negros o la solución es la mulatez.
Y tengo una radio
Aquí se produce un fractura que converge con la condición de género, Reyita ha comprado una Radio para escuchar sus novelas después de mucho esfuerzo y crédito amenazante de la estabilidad y solvencia hogareña; es uno de los pocos actos que Reyita concreta para su solaz únicamente, Rubiera que no atendía esos reclamos pretende disfrutar de la Radio en igualdad de condiciones a lo que Reyita se opone: desconecta la Radio y se va a la cocina a escuchar su novela en franca oposición al Machismo y al Patriarcado, sustentada en la suficiencia económica de una mujer que rompe con el privilegio patriarcal.
Algo significativo, Rubiera, es apenas una presencia, pero no cualquier presencia, como el Patriarcado pende como una espada de Damocles.
Un misterio me protege
Aunque no se ahonda en la cualidad visionaria de Reyita, esa zona de la sabiduría ancestral la acompañó, su intuición fue guía y asidero, en más de una ocasión encomendó a su hijo Monín a la Caridad del Cobre, imagen que conservó toda su larga vida, sin dudas, esa energía era uno de los pilares de su fuerza y claridad para atravesar y desdibujar las fronteras que en su paso por la vida fue encontrando. Ahí está el derecho a la opacidad, a lo no constatable que nos ha acompañado siempre.
Me pegunto, acaso debemos seguir omitiendo como valor de conocimiento el vínculo con la ancestralidad que muchos cubanos, no solo negres, tenemos.
Barracones otro país
Es aquí donde se puede apreciar en toda su dimensión la pobreza, esa frontera que se sostiene en la angustia de no saber si al final del día lograrás el sustento para ti y los tuyos, la angustia perenne de la insuficiencia ante las demandas de la cotidianidad, y en medio de semejante desastre los personajes pintorescos que acaso deambulan como una certeza de que la dignidad es posible, tal insistencia en la vida nos dice de que una sonrisa puede aliviar la tormenta del día y abrir un espacio a la esperanza.
En barracones las prostitutas tenían su centro de trabajo y con ellas Reyita comenzó a configurar otro país, las auxilió, no importaba el color de la piel, solo tenía en cuenta la necesidad de ayuda, de acompañamiento, de poner alivio en una herida que era resultado de la pobreza. Convirtió su casa en un lugar donde los hijos de aquellas mujeres podían estar seguros y repito, allí confluyeron blancos y negros unidos en la angustia de la pobreza.
Reyita en sus predios abolió el prejuicio racial, casi hizo un país nuevo que la acompañó hasta su último aliento.
Esta es una fractura y subjetivización desde el poder de la empatía, una soberana expresión de poder de una mujer negra a la que, lo que hoy llamamos privilegio blanco, no la detuvo.
La lucha contra la Discriminación Racial y el Racismo no solo es un encontronazo político, también es un camino cívico, difícil pero cívico por lo que no podemos resolver, hacer justicia los unos sin el entendimiento de los otros, ese es uno de los legados de la historia de Reyita.
No es mi intensión extenderme solo he querido asomarme desde una perspectiva problematizadora al valor de un libro que treinta años después de su publicación todavía sigue expandiendo coordenadas para el país que Reyita construyó con todas las fronteras que fue desdibujando.
Sí decir algo más a favor de este libro, si en Cuba se llegara a historiar la micro historia desde la perspectiva de un estudio de caso habría que contar con Reyita, sencillamente, sin dudarlo. Los invito a leer una vez más.
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