
Rito Ramón Aroche, coméntanos cómo llegas a Cubaliteraria y cuándo empiezas a colaborar en el portal.
Quizás porque esa sede se encontraba o encuentra al lado de una de las oficinas deLetras Cubanas. Y aunque trabajaba en otro departamento, en este caso de promoción, siempre andaba metido en las de Letras Cubanas compartiendo amistades de un lado y de otro y hasta algún piscolabis de vez en cuando, o de cuando en vez, que como ya sabemos no es lo mismo pero es igual. Es decir, de Cubaliteraria y de Letras Cubanas. Fue así que un día hablando en un pasillo con alguien que trabajaba ahí, sobre el estado de la poesía cubana en ese momento y viendo él mis (quién duda) desmesurados argumentos hízome la propuesta de ofrecerme una columna de crítica a la cual tuve que decir no…
¿Si tuvieras que presentarte a nuestros lectores del portal con cuál libro tuyo te presentarías y por qué?
Me gustaría que fuera con todos en caso de que estuvieran lo mejor posible editados y me duele que no haya ocurrido así. Es decir, que se acerquen desde el punto de vista de la edición «a lo que yo simplemente soñé». La primera vez que regalé un libro a Cintio me dijo: —¿y te lo hicieron como tú querías?— Mmmmm… en el 2017 estuve trabajando un libro mío con un editor, y esto es solo para ponerte un ejemplo, y luego de horas sentado a su lado compartiendo y debatiendo criterios, el libro salió peor de lo supuestamente acordado/editado. Al parecer lo que mandaron a imprenta fue la copia sin editar. Cuando veo al ilustre editor y le cuento acerca de tamaño estropicio con gelidez de un esquimal en el rostro me respondió —y mira si había pasado ya casi un año de su circulación—, el editor: «puedes creer —me dijo—, que yo no he visto el libro aún». Josuuuu… en fin, que no tengo un ego lo suficientemente lúcido como para decidir.
Me percato que tus colaboraciones giran casi siempre en torno a poetas foráneos poco conocidos o cuya obra ha tenido escasa promoción, ¿a qué se debe ese interés?
Mira, la ciudad letrada es muy complicada y esto lo he dicho y vengo diciéndolo hace muchos años. Me gustaría hacer crítica literaria en esos medios. Pero los poetas (los escritores cubanos más bien) son extremadamente sensibles y egocéntricos y cuando menos pueden enviarte a la llamada Comisión de Ética que no se si funciona o no, conozco casos, pero mientras tanto te pueden estar haciendo pasar cuando menos un mal momento en caso de que no le guste tu trabajo sobre su obra. Y eso, si es que no terminan de retirarte la palabra de por vida. ¿Recuerdas a Carpentier? «el provincialismo literario que nos hace ver genios en todas partes y obras maestras en cada manuscrito». Y por el otro lado están los medios mismos que como ya he dicho igual: ¿Critica sí, pero a quién? Durante la pandemia (pensé que iba a durar mucho más) decidí dedicar tiempo y esfuerzo a ese ejercicio, así que me armé «de armas y bagaje» tal como diría André Breton, libros y autores a mi alrededor, y mucha, pero mucha bibliografía, y sentarme a trabajar. Te cuento que no pasé del primer trabajo crítico, pues al enviarlo a los medios… Mmmm… todavía estoy esperando me respondan. Alguna directora de un tabloide llamó a un amigo mío para que me aconsejara a fin de que no siguiera por ese camino, pues según sus muy protectoras palabras me iban a odiar. Y para mí no estaría mal que me odiaran siempre que primero me lo publicaran y luego pasáramos a un estado de debate.
Pero, ¿te imaginas a una directora, poeta por demás, de una publicación (me ocurrió también con un director de revista) enviándome de manera molesta y persuasiva tamaño consejo? Así que preferí dejar el tema como el título de un cuento de Lovecraft «En estado latente» y seguirle hablando a los poetas y lectores de otros poetas y poéticas de allende los mares y que no se encuentran tan fácil al alcance de la mano. Esto venía ya de El Caimán Barbudo y su sección «Los raros», fundada en los años 80 con el objetivo de dar a conocer autores que, por una causa u otra, no son conocidos en nuestro país. En los años 90 me acerqué a la publicación y aceptaron mis colaboraciones para esa sección durante mucho tiempo lo cual agradezco.
¿En qué proyecto literario o libro estás trabajando? ¿Qué podemos esperar de Rito a corto plazo?
Bueno, ya a mi edad… en tener quizás menos paciencia con las editoriales pues todo lo que hago es colocar el libro en ella y punto. Por otra parte, muchos son los proyectos. Y todos me obsesionan, me absorben todos (la computadora se ocupa como herramienta al fin que puedas permitirte eso). Y tal como más o menos diría Umberto Eco en las Apostillas a El nombre de la rosa, cuando un proyecto «me aburre» me paso para el otro y así. Lo complicado del asunto es el sosiego, algo extremadamente difícil si vives en una casa ruidosa, en un edificio ruidoso, en una calle ruidosa, en un barrio ruidoso, en una ciudad ruidosa. Y no es que yo pretenda vivir en una torre de cristal. En verdad creo que no me serviría absolutamente de nada. Una vez supe de un escritor mexicano que según él podía escribir hasta en un estadio.
En Cuba tengo un amigo narrador, Sergito Cevedo, que no es sino hasta las tres de la tarde que se comporta como un ser social bastante amigable a la hora de sonar el teléfono o que le toquen la puerta a la búsqueda de su pedacito de oro o lo que sea. No tiene, no quiere, celular. Vive solo. Y uno de los nuestros, Nelson Villalobos, pintor, que es un verdadero caso de estudio, vive en un segundo piso y mientras pintaba o escuchaba música o leía, sus vecinos de los bajos daban un tambor, o hacían santo a algún ahijado, o escuchaban a todo dar música de reguetón o reparto o lo que fuera. Todo ese furor le subía por un patio interior o especie de respiradero en tanto él seguía pintando o leyendo, o recibiendo visitas como si aquí no pasara nada. Pero cuando más me gustaba era cuando escuchaba música clásica o jazz o música cubana y los de abajo se bajaban con su tambor. Yo le decía: «hermano, nunca Carpentier fue más exacto que cuando escribió Concierto Barroco». Proust hizo desonorizar su estudio con tal de poder concluir su En busca del tiempo perdido, en lucha contra la muerte la cual él sabía que podría sobrevenirle de un momento a otro, saga que logró concluir, en palabras de Alejo Carpentier «muerto sobre las últimas páginas». Proust era asmático malo y el medicamento que se usaba en la época para atenuar el asma se supo, muchos años después, que era contraproducente para la salud misma. Y una de esos que los caballeros prefieren rubia, Marilyn Monroe, fue otra que también hizo desonorizar el estudio de alguien que llegara a ser uno de sus esposos, el dramaturgo Arthur Miller. Súmale la, al parecer, popularidad granjeada en el barrio de un tal Rito. Gente buscándome para algo tan simple a veces como venir a conversar. O que le preste algún tipo de herramienta o… al punto que ya en casa ni se molestan en ir abrir la puerta. Solo se me dice sin saber quién es: «El popular», te buscan allá afuera. Y eso que no te he hablado de los deberes del día, Cintio los llamaba, «el paseo matutino»: la receta, cola en la farmacia para los medicamentos, vira, esa no era la receta. La búsqueda del pan o la viandita y un etcétera de cosas. Carpentier dijo escribir solamente una página diaria y ya vimos la obra que hizo. De modo que, y en prueba de que ando un poco locuaz hoy, te dejo con Lezama cuando expresó —y que no sé por qué imagino ha de venir bien con mi caso—: «la suma de poquedades. Todos los días se escribe un poco, con apetito, con gusto, con voracidad verbal, y al cabo de un año nos asombramos que la caja donde antes cabía el sombrero gigante de la abuela está llena de signos aljamiados, con gran sorpresa nos acercamos y es nuestra letra».
¿Libro que te gustaría ver publicado por nuestras editoriales?
Bueno, si es la de seguir aquella antiquísima máxima que reza: «aprovechar deleitando», optaría por el delicioso Diccionario filosófico de Voltaire. Y porque estaría, además, tal como diría Roberto Fernández Retamar, dentro de esos libros que nunca se terminarían de leer. Eso.
* * *
S / T
Mortecina la luz al fondo del pasillo pocos no se han vuelto a mover
«los ojos de ese hombre del bar…» habría ido al baño? sombrero
sobre la mesa luz mortecina al fondo «el hombre…» tiraba el vientre
de su camisa «venía siempre» el agua del lavamanos las piernas
semiabiertas «qué habrías hecho tú al borde como ya te tenía?»
ladeaba la cabeza «no parece que se hubiera caído» la espalda contra
la pared «parece que lo hubieran arrastrado hasta el baño» «seguía
todo el tiempo tus labios… seguía la nimiedad de tus senos» acaso
la nimiedad de tus ojos? «qué habrías hecho tú con sus insinuaciones?»
nervios con los que pude contar «pregunten a ese monstruo del bar» la luz
en el rostro de ese tipo en el charco del baño «vendrán por ti de seguro Karen
esta noche preguntarán».
Animales de invierno
Ubícate todas las noches es algo ubícate treinta y seis los gatos
de la pareja de la casa de enfrente ubícate todas las noches es algo había
uno subido era un gato atigrado subido en los mismos escombros otro
que rengueaba de atrás teníamos tiempo hasta las doce ubícate tiempo
antes de que regresaran los vecinos de enfrente gatos de treinta y seis
aquella noche en que regresaron muy pocos «no vi yo quiénes eran»
invierno en la noche olores suculentos en la panadería de al lado ubícate.
Naturaleza muerta con espejo
Ni sé qué pudo haber sido de aquellas ensoñaciones el aleteo
en el vidrio luz que hubo allá en el espejo «la habitación…
la sombra… en el espejo…» el aleteo en el vidrio
acaso la perniciosa luz más tarde y sobre los lavaderos
los pocos huesos lamidos frutas derruidas acaso la misma piedra
el aleteo en el oreganillo pernicioso en el vidrio la luz en el espejo.
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