
Cuando pensamos en la concepción que del arte tenía Martí como expresión de verdades universales, magisterio social y actividad creadora que se propone el bien del prójimo, nos viene a la memoria la idea de Marina Tsvietáieva donde se enuncia que el arte debe reflejar la realidad, pero no como un espejo, sino como un escudo. Tal aserto, además de ser una de las ideas que fundamentan el cuerpo de la estética del cubano, es como una especie de centro irradiador en el método de su crítica literaria, ejemplarmente descrito y sometido a análisis por renombrados ensayistas. A estudiar las huellas y pruebas de la conformación de dicho método en sus Cuadernos de apuntes y Apuntes en hojas sueltas, se dedicarán las páginas que siguen, donde demostraremos cómo sus preocupaciones y pesquisas sobre las funciones de la crítica, conceptos como el de lectura, sus ideas sobre la literatura y su intrínseca relación con la historia, y otras aseveraciones coadyuvan a la formación de José Martí “como la cabeza más alta de su época, en el seno de un movimiento crítico de vanguardia en América Latina”.[1]
El sentido afirmativo, creativo , amoroso de su crítica queda descrito en casi todas las aseveraciones que sobre el tema aparecen en estos Apuntes, y nos percatamos de que lo que habíamos descrito como reflexiones sobre la mediocridad literaria y su compleja conformación y manejos en nuestro libro Los Cuadernos de apuntes de José Martí o la legitimación de la escritura son, en verdad, y fundamentalmente, meditaciones, análisis sobre la naturaleza del fenómeno de la crítica literaria en su tiempo y antes de él, del mundo literario y de las relaciones de la literatura con la historia, donde fama y éxito no son directamente proporcionales al talento y la calidad, juicios estos que sin duda lo ayudarían a consolidar el método de su crítica literaria, que se va conformando con la observación, el examen, el autoestudio, del que va dejando huellas en sus Apuntes a través de puntuales citas que le desbrozan el camino sobre lo que él se propone concebir, pertenecientes a importantes escritores de cuyo legado indudablemente se va a nutrir.
“Precisamente en la existencia de un método y no en la ausencia de él, puede fundamentarse el enorme valor de la crítica martiana, así como la actualidad de muchas de sus concepciones estéticas”.[2] Así en el importante Cuaderno de apuntes 18, de la década del noventa, considerado por quien escribe como núcleo de su poética en estas anotaciones, aparecen enunciados que profundizan en la naturaleza del crítico y por extensión de la crítica, en el polémico enfoque de su formación y destinos literarios: “Críticos: Every one knows Disraeli ‘s definition of critics as «People who have failed in art and literatura»”.[3] [Todo el mundo conoce la definición de Disraeli de los críticos como gente que ha fracasado en el arte y la literatura]. Antes había citado de alguien que no refiere: “Crítica —De los críticos, decía: —(produits impuissants, mentat `a leer debut) [frutos, productos impotentes, se los dije desde sus comienzos].
Semejantes rasgos negativos o excesos, o, si se quiere, desequilibrios están fundamentados —lo sabe bien Martí— en la falta de objetividad y sentido creativo del que adolecen una buena parte de los críticos literarios. En tal sentido sus reflexiones apuntan a la condición que él le pedía a la crítica literaria y que no encuentra en sus cultivadores: “… talentos de arte menor, buenos para mantener y conservar, pero no bastante calientes de adentro para arremeter y crear”.[4] En reflexiones tales sobre el mundo muchas veces falso que rodea a los verdaderos creadores, despliega una profunda curiosidad hacia la mediocridad literaria y la cortedad de miras de muchos críticos: “Los incapaces de crear spre. acusan de imitación a los creadores. Los talentos frustrados son los enemigos implacables del talento”.[5]
“Reconocer la virtud es practicarla. En eso se conoce al que es incapaz de la virtud. —en que no la sabe conocer en los demás. El hombre que lo niega todo, a quien se niega es a sí mismo”.[6]
Tal sentido de sinceridad, objetividad, de nobleza y jerarquía del juicio, en una palabra, de ética literaria, lo lleva a penetrar en delicados intersticios que a veces sólo los escritores atisban: “Siempre a muchos poetas pareció mal lo que hacían otros tan notables como ellos, o mejor que ellos”.[7] Es curioso descubrir cómo Martí se percata de los desequilibrios en las relaciones entre los creadores y la idea clara que subyace debajo de todas estas reflexiones, de cómo no debía ser la crítica y de todo el mundo oscuro de pasiones que tendría que dejarse fuera, pues siempre persiguió a todo trance el equilibrio, la justicia y el respeto.[8]
La prueba de su altitud de miras la recoge en los apuntes cuando reproduce un breve diálogo entre los escritores franceses Paul Bourget y Henry Beyle Stendhal:
Ou donc trouver pour resister a ces terribles puissances une autre arme que le renoncement absolu et que le nirvana des sages du l’ Inde?
Bourget
Dans le plaisir divin de la bonne oeuvre accomplie; dans l’ épanoiuis —sement de l’ âme devant la beauté pure et superieure; dans l’ energie de l’ âme pleine du bonheur de la Beauté, et de cette espéce de beaute qui est la vertu.
J’ ai assez véeu pour voir que difference engendre haine.
Stendhal[9]
[¿Dónde encuentras entonces para resistir esos terribles poderes otra arma que el renunciamiento absoluto y el nirvana de los sabios de la India?Bourget
En el placer divino de la buena obra realizada; en plenitud ante la belleza pura y superior; en la energía del alma plena de felicidad de la belleza, y de esa especie de belleza que es la virtud.
Yo he vivido bastante para ver que la diferencia engendra odio.
Stendhal]
Semejante cita nos recuerda la cardinalidad que en la estética martiana tiene la idea de la unidad entre verdad, bien y belleza en el arte, que muestra su consecuencia primera en lo que él denomina la “utilidad de la virtud”.
Más allá de la condición ética de estos razonamientos, que lo ayudan a asumir las dificultades de la existencia y la naturaleza pérfida de los hombres, no debemos pasar por alto el espíritu constructivo, creativo y de amor, y un sentido profundo de equilibrio que preside a dichos juicios, cualidades que están en la raíz de su empeño crítico. También comprobamos las dimensiones de su propósito cuando reconoce el carácter solemne o elevado de la literatura, por encima de cualquier tendencia hueca o estéril que siempre lucha por parecer esencial:
Los hombres en Literatura son lo mismo que en política. Los caracteriza una necesidad vil de seguir y obedecer. Se encorvan, como las espigas del trigo al viento. Se enternecen y dan, como las damas frágiles, a los brillantes caballeros. —Están casi siempre poseídos del apetito de la novedad de aquella pobre loca de que habla la Santa Escritura. Pues, por Dios que ya que son hombres, deben serlo; y no que en cuanto asoma uno por el gallinero, con cacareos de gallo triunfo, cresta saliente y colorines de Victoria, ya toda la gallinería se puso en pie, y va tras el gallo, y cacarea como él, y usa sus colores. —Los hombres son como césped fino crecido que parece enseñando siempre la mano de las plantas de un gigante. Como a un caballo se le abren los belfos para verle por los dientes la edad, así, a poco que se mire entre lo que escribe cada hombre, puede decirse de seguro: por aquí ha pasado Fulano! —Por Dios que de todo puede hacerse moda, de los miriñaques, de los promontorios, de los moños: pero de la inteligencia, no, que es cosa santa! Y la mayor parte no corta en ella pantalones, sino sayuelas.[10]
El carácter sagrado y elevado del arte trae como consecuencia, al manifestarse, la grandeza y autosuficiencia del genio respecto a las veleidades de la crítica deshonesta y malintencionada, idea que va interiorizando Martí y de la que deja huellas en sus apuntes a través de dos puntuales citas:
Talent, the real thing, has never cared a finger’s stop about criticism, whether it be laudatory o condemnatory, kindly or cruel, rapturous or contemptuous, or wheter or not it be at all. A man or woman endowed with the instinct of what is right and what is wrong in artistry, is utterly beyond the reach of such influences. —To a mind conscious by spontaneous convictions of the truth or falsity of its methods; praise or blame is alike indifferent —alike impotent to exhilarate or depress. [El talento verdadero nunca se ha cuidado del chasquido de dedos de la crítica, si es laudatoria o condenatoria, bondadosa o cruel, entusiasta o desdeñosa, ni del sí ni del no en absoluto. Un hombre o una mujer dotados con el instinto de lo que es verdadero y de lo que es erróneo en arte, está completamente fuera del alcance de semejantes influencias. —A una mente consciente de convicciones espontáneas sobre la verdad o la falsedad de sus métodos, alabar o difamar le es igualmente indiferente —igualmente impotente estimularla o reprimirla].
Charles Medlinger[11]
En la página anterior recoge la otra, que también pertenece al mismo autor:
Críticos: No that criticism must occupy itself wholly or even mainly with jealous analysis of a work of art or artificiality, with senses avidous for faults and blunders. That of course, means hypercriticism, which is as much of a nuisance and as strongly indicative of disease as hyperaesthesia. And so unavailing is it against the eternal verities of crafts and letters that the world regards it as no more than an interesting abnormality. —Zoilus, The Amphipolite, after his ardous and bitter attacks on Homer, hand only his labour for his pains, 6, and the popular surname of Homer’s Scourage. As for the 2 other overnice answers of tradition, all we know of Bavins and Maevins is that they “damned themselves for inmortal fame” by provoking a sneer from Virgil and a snob from Horace. [Críticos: No se debe decir que la crítica se ocupe totalmente con análisis envidiosos de una obra de arte, con ávidos sentidos para buscar los desatinos y los errores. Lo que, por supuesto, equivale a hipercriticismo, que es tanto sinónimo de incomodidad como indicativo tanto de enfermedad como de hiperestesia. Y es tan inútil ir contra las eternas verdades de las artes y las letras que el mundo lo considera una interesante anormalidad —Zoilo, el Amfipolita, después de su ardoroso e hiriente ataque a Homero, recibió solo los sufrimientos de sus dolores y el sobrenombre de El Azote de Homero.
En cuanto a las 2 relamidas respuestas de la tradición, todo lo que conocemos de Bavins y Maevins es que ellos se ganaron la mala fama para la posteridad de haberse burlado de Virgilio y haber declarado vulgar a Horacio].
Charles Medlinger[12]
En su estética el carácter sagrado, afirmativo y constructivo que acompaña generalmente a las grandes obras de arte es algo que siempre debe respetar un crítico. El principio de su crítica, que reza que la exégesis debe ser honesta, edificante y el ejercicio del criterio, no objeto de bajas pasiones personales, tiene su base en sutiles intuiciones del escritor como la siguiente: “Muchos críticos creen de buena fe que están cediendo a la justicia cuando están cediendo a la envidia”.[13]
Semejante parecer, entibiado por la verdad, lo corrobora en un largo pasaje del Cuaderno de apuntes 18, con ejemplos concretos y propias referencias y experiencias de lectura que le develan que la subjetividad impregna al juicio crítico y puede ser consecuencia del celo profesional.
Crítica y opiniones críticas:
- Jeffrey [14], de Worsdworth: “This Hill never do” [Esto nunca debió hacerse].
- Horace Walpole[15] calls Dante, “extravagant, absurd, disgusting, in short, a methodist parson in Bedlam”. [Horace Walpole dijo de Dante: “extravagante, absurdo, repugnante, en pocas palabras un cura metodista en Bedlam”].
- De la “Instauratio Magna” de Bacon dijo un contemporáneo eminente: “The chilliest of printed books”. [“El más frío de los libros impresos”].
- Hackett llamó a Milton en su “Life of Lord Keeper Williams”, “a petty school boy scribbler” [“un alumno garabateador y mezquino”], y un crítico dijo del “Paraíso Perdido”, —que fuera de su poemalia es una de las obras más majestuosas del hombre, “A profane and lascivious poem”.
- Para un Flaubert, siempre hay un Fraemer.
- Johnson dijo del autor de “An Elegy in a Country Church Yard”[16]: “Sir, he was dull in a new way and that made people call him great”. [“Señor, él era torpe de una manera nueva que hacía a la gente llamarlo grande”].
- Y de Johnson dijo Horace Walpole que era “a babbling old woman” [“una vieja farfullante”].
- La opinión de Shelley sobre el “Anciet Mariner” de Coleridge, fue esta: “No clumsiest attempt at german simplicity he ever saw”. [“Ningún intento más torpe nunca antes visto en la simplicidad germánica”].
- De Goethe pensaba el refinado y sentencioso De Quincey: “Even Calibán in his drunkness never shaped an idol more weak an hollow tan modern Germany has set up in the person of Goethe”. [“Aún Calibán en su embriaguez nunca modeló un ídolo más débil y vacío que el que el alemán moderno estableció en la persona de Goethe”].
- De Keats afirmó la Quaterly Review que sus versos habían sido recibidos con un “roar of laughter”. [carcajada].
- “Critics are sentinels in the grand army of Letters, stationed at the corners of newspapers and reviews to challenge every newcomer”. [Los críticos son los centinelas en el gran ejército de las letras, apostados en las esquinas de los periódicos y revistas para desafiar a los recién llegados]. Longfellow.
- “The critic destroys: the poet says nothing but what help somebody”. [“El crítico destruye: el poeta no dice nada que no ayude a alguien”]. Emerson.
- “Some critic are like chimney sweepers, they put out the fire bellow, or frighten the swallow from the nest above: they scrape a long time in the chimney, cover themselves with soot, and bring away nothing but a bag of cinders, and then sing from the top of the house as if they have built”. [“Algunos críticos son como barredores de chimenea, apagan el fuego desde abajo o se asustan con las golondrinas de los nidos de arriba, raspan largo tiempo en la chimenea cubiertos de hollín, y no sacan nada que no sea un montón de cenizas, y entonces cantan encima de la casa como si ellos la hubieran construido”]. Longfellow[17]
[1] Elena Jorge Viera: “Hipólito Taine y la crítica cubana. El caso de José Martí”, en Francia y Cuba. Actas del Coloquio de Burdeos, diciembre de 1982, p. 215.
[2] Elena Jorge Viera: José Martí, el método de su crítica literaria, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984, p. 253.
[3] José Martí: Obras completas, t. 21, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, p. 428. Se refiere a Benjamín Disraeli (1804-1881). Político y escritor británico.
[4] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 281. El énfasis es mío. (C.A.).
[5] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 383. Y a continuación sigue reflexionando sobre el mundillo literario y el celo profesional, ideas que, además de ayudar a edificar el perfil del mediocre, le permiten conformar su método crítico desde una perspectiva legitimadora, amparada en una profunda observación. “En los talentos sucede al revés que en las casas, donde el de arriba es el que envidia al de abajo, y no como en el talento, que el de abajo es el que envidia al de arriba. Es la accesoria que le dice a la casa principal: ¡que me quitas el sol! Y la sacristía, llena de pergaminos y casullas que le sacan el puño a la catedral, porque la ve con naves y torres”.
[6] En el propio apunte anteriormente ha citado, luego de una aseveración de Persio, un juicio sobre la naturaleza mercadeable de las plumas de algunos críticos desde la antigüedad, y sobre cómo se van tejiendo en el mundo literario los lazos que tienden a la mediocridad”. Y el que lea a Persio ve que ya había gacetilleros entonces que encontraban numerosa y excelente la poesía de los que daban de comer buen vientre de trucha, y vestían con túnica nueva a los críticos mal arropados”. (O.C., t. 21, p. 406).
[7] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 406.
[8] En el propio Cuaderno de apuntes 18 recoge: “Críticos (?) —Cristo era para Tácito (Ann. XV cap. 44) Christus quidam” [Un tal Cristo]. Evidentemente en las miras martianas tales deslices quedaban fuera de lugar.
[9] Ob. cit., t. 22, p. 91. Paul Bourget (1852-1935). Fue novelista prolífico, dramaturgo y ensayista. Sus principales obras críticas son Teoría de la decadencia (1881), donde intentó responder a algunas tendencias literarias y al naturalismo que él interpretaba como decadentismo enfermizo y Ensayos de psicología contemporánea (1883), una serie de trabajos muy elaborados donde analiza problemas morales de Francia, y consideró los valores de autores como Hipólito Taine, E. Renán, Charles Baudelaire, Flaubert y Stendhal.
[10] José Martí: Ob. cit., t. 22, p. 227. En el razonamiento reproducido anteriormente ya estaban tamizadas las esencias de la siguiente cita del dramaturgo italiano Pietro Cossa (1830-1881), recogida en el Cuaderno de apuntes 18: “Mediocrity, conscious that it can make no useful discovery, will always make what noise it can over more questions of form”. [La mediocridad, consciente de que se puede hacer un descubrimiento inútil, siempre se meterá ruido, y lo hará más allá de cuestiones de forma].
[11] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 429.
[12] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 428.
[13] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 343.
[14] (O.C.) transcribe “Jeffery”, pero es Jeffrey, y se refiere a Francis Jeffrey o Lord Jeffrey (1773-1850). Juez de profesión y crítico literario escocés.
[15] Horace Walpole (1717-1797). IV Conde de Oxford. Político, escritor e innovador arquitecto británico. Escribió la célebre novela El castillo de Otranto y multitud de cartas que ofrecen una imagen muy ilustrativa de la aristocracia de su tiempo, particularmente desde el punto de vista intelectual.
[16] Se refiere a Thomas Gray (1716-1771), poeta inglés, y a su obra “Elegía sobre un cementerio de aldea”. Fue uno de los hombres más eruditos de su época.
[17] José Martí: Ob. cit., t. 21, pp. 421-422.
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