
La revisión del manuscrito original correspondiente a estos fragmentos revela, luego del estudio de su letra cuidada, que Martí pudo haber copiado de un artículo o libro sobre el tópico en cuestión, pero la variedad, interrelación y precisión de los juicios seleccionados hace abrigar también la posibilidad de que tamizara y concentrara ideas sobre un mismo tema que siempre le preocupó y del que pensaba escribir un estudio, como lo prueba la presencia del siguiente enunciado en el Cuaderno de apuntes 9: “Análisis de la fama”.
En el largo pasaje anteriormente referido se somete a juicio la capacidad de acierto de los críticos o de los creadores sobre sus propios compañeros de armas —equivocados la mayoría de las veces—, pues los juicios de muchos grandes artistas sobre sus colegas revelan una singular obtusividad de juicio o una pálida y pueril envidia, incapaz de controlarse o de enmascararse […] Una gran obra clásica y armoniosa puede poner en crisis al autor de una gran obra fragmentaria y secular, poner en duda su legitimidad y, por lo tanto, empujarlo a rechazar sectariamente esa obra clásica, así como también puede suceder lo contrario. En tal caso el juicio es descabellado, pero su unilateralidad se mueve desde un sufrimiento, desde una exigencia creativa, que no lo justifican pero lo explican y le confieren una humana dignidad.[1]
La primera cita de Longfellow alude a algo que siempre ha sido necesario: el papel del crítico como legitimador o el que pone en descrédito, con fundamentaciones, una obra literaria. Y ese papel, en toda sociedad que se respete, se ha materializado desde hace mucho tiempo en las publicaciones periódicas donde ha existido una idea precisa de lo canónico y de lo creativo. Bien decía Félix Pita Rodríguez que en su tiempo existía en Francia un crítico que los escritores lo pensaban dos veces a la hora de publicar, pues era diestro espadachín en magazines y periódicos. La cita de Emerson es bastante cáustica y quizá se refiera a su experiencia personal y a su profundo talento, ocupado en asuntos magnos que sólo desde la enunciación creativa y singular de la buena literatura podría llegar al prójimo. La última cita de Longfellow, además de volver a aludir al carácter pérfido de algunos críticos e incluso oportunistas —aspectos ya elucidados en la primera parte del ensayo junto a la posición de Martí—, se refiere a aquellos que suelen vivir en el plano de la publicación y el comercio de los escritores, ya sea moviendo ideas que no son suyas, antologando, atribuyéndose potencialidades de sucesos literarios, pero que entran en todo ese entramado de lo que Martí ha descrito como mediocridad literaria, aquí comentada y estudiada.
Su interés por el género de la crítica, la necesidad de su cultivo en los marcos de la literatura, para que reine un ambiente de sanidad y talento, se hace evidente a través de varios juicios y reflexiones recogidos en el Cuaderno 18 donde percibimos su intuición de que la fama siempre es equivocada y de que la relación que se establece entre las obras talentosas de la literatura, los editores y el público es desigual. En este inapreciable cuaderno bajo el título de “Crítica y Éxito” aparecen una serie de citas que constituyen reflexiones, que, aunque fracturadas en su disposición dentro de él, responden todas al tratamiento de tan delicada problemática que no parece extinguirse jamás en el campo de las bellas letras, las cuales parecen ser materiales preparativos para el ensayo sobre la fama:
Crítica y Éxito. —Del libro de versos de Charlotte y Emily Bronté (Charlotte, la de Jane Eyre) se vendieron, según carta de Carl a De Quincey, dos ejemplares en un año.
Críticos: “Sans doute Pantolabus et Crispinos écrivirent contra Horace de son vivant et Virgile essuya les critiques de Bavins”.[2] [Sin duda Pantolabus y Crispinos escribieron contra Horacio en vida y Virgilio soportó las críticas de Bavins].
El éxito.- Del Nature de Emerson sólo se vendieron 500 ejemplares en doce años.
Del Vanity fair de Thackeray, “The publishers are said generally to have looked shy upon it”.[3] [“Los editores lo valoraron con timidez”].
Del Innocents Abroad [libro satírico de Mark Twain de 1869] que produjo a los editores al fin $ 75,000, ningún editor de N. York, Boston ni Filadelfia quiso hacerse cargo.[4]
-Carlyle no encontró publicador para el Sartor resartus en Inglaterra.[5]
– El éxito. – De Mme. Gervaisais de los Goncourt: “C ‘etait superbe, l’ insuccés fut complet. A peine si 300 exemp. Se vendirent”. [“Era soberbia, el fracaso fue completo. Apenas se vendieron 300 ejemplares”, dice Daudet].
– A “Mr Barnes of N. York”,[6] que ha producido a su autor Gunter[7] $ 100,000, ningún editor de los E.U. lo quiso, y el autor tuvo que publicarlo por su cuenta.
– A Jonson, a Samuel Johnson, el editor a quien propuso su “Irene” lo mandó a cargar baúles.
– Del juego estúpido de las cuatro bolas “Pigs in clover”, se vendió más de un millón en la primera semana.
– Both Goldsmith‘s[8] comedies were once refused, his first by Garrick, his second by Colman.[9]
Crítica -¿Y Stendhal ya en 1829, no dijo así de V. Hugo?: “V. Hugo, ultra vanté, n’ a pas de succes réel, du moins pour les Orientales. Le Condamné fair horreur et me semble inférieur á certains passages… Memories de Vidocq. Mais il n’ est pas un homme ordinaire, mais il veut être extraordinaire, et les Orientales ennuient”.[10]
Semejantes desvíos entre resultado y verdad le animan a concebir la crítica no como “el afán de zaherir una reputación que aún no se ha podido conquistar, sino como la imparcial mesura de quien sólo por beneficio y prez de las letras emprende tarea tan desagradable y tan dura como un juicio”,[11] y a comprender, como bien afirma en los apuntes en hojas sueltas, que el éxito de los hombres no se mide por su éxito inmediato, sino por su éxito definitivo; -no se mide por el dinero que acumularon, sino por el resultado de sus obras.
En estos excesos, en esta falta de objetividad se detendría la pupila aguda de Martí, llegando a constatar que para que la crítica no fuera objeto de semejantes requiebros esta debía ser por fundamento creativa, una creación junto al necesario “ejercicio del criterio”.[12] Que permitiría, según afirma Elena Jorge, el rechazo de la arbitrariedad crítica como la insatisfacción con el análisis estilístico superficial, su sentido superior de la obra literaria y la anteposición de la justicia al arte. Tales enseñanzas son vertidas tempranamente en sus obras distinguiendo entre pasión y objetividad:
A hacer crítica viniera y no justicia, si por crítica hubiera de entenderse mezquino afán de hallar defectos, ese celo del ajeno bien, ese placer del mal ajeno, huéspedes ciertamente indignos de pechos generosos. Criticar, no es morder, ni tenacear, ni clavar en la áspera picota, no es consagrarse impíamente a escudriñar con miradas avaras en la obra bella los lunares y manchas que la afean; es señalar con noble intento el lunar negro, y desvanecer con mano piadosa la sombra que oscurece la obra bella […] Criticar es amar.[13]
La necesidad de la existencia de ese noble intento subyace en muchas de sus anotaciones donde refiere lo que él critica y a lo que se opone. Sobre este proceso de estudio, profundización, negación y afirmación de la crítica anterior se asienta su concepción de la crítica, el método de su crítica literaria: “Lo que un crítico dice de otro (Auguste Filon) de Sainte Beuve: -“el padre de la crítica sin alma”,[14] o esta jugosa definición de Mathew Arnold: “Criticism is a desinterested endeavor to learn and propagate the best that is known and thought in the world”.[15] [“La crítica es una desinteresada tentativa en aprender y propagar lo mejor de lo que es conocido y pensado en el mundo”]. El sentido humanista de la definición se vincula directamente con las ideas martianas sobre este género literario, llenas de sentido afirmativo, constructivo y creativo, y con esta otra, ubicada luego de la gran tirada sobre crítica y críticos, que deja afuera cualquier sentimiento malsano o medroso: “La critique n ‘ es utile qu ‘ à révéler les aspects nouveaux d’ un talent, les formes nouvelles de l’ art ou encore à signaler les symptomes d’ un état des Âmes; á chercher la loi d’ une évolution des esprits. Hors de là il n ‘ y a que puêrilites et taquineries”.[16] [La crítica es útil sólo para revelar los aspectos (nuevos) novedosos de un talento, las formas nuevas del arte e incluso para señalar los síntomas de un estado de las almas: para buscar la ley de la evolución de los espíritus. Fuera de eso sólo hay puerilidades y bromas]. (Auguste Filon).
A lo que sigue una reflexión suya que constituye un fundamento de la poética del arte de la crítica: “Lo esencial es afirmar (sobre críticos.) Apretar, juntar, crear, confortar, añadir —Agregar, no degregar”.[17] Lo que nos recuerda vivamente el concepto y la función de la intertextualidad como texto que reacciona a textos precedentes en un regressus ad infinitum, pues de hecho, sólo aprehendemos el sentido y la estructura de una obra literaria en su relación con arquetipos, abstraídos, a su vez de largas series de textos de los que son en cierta manera la invariante. Esos arquetipos, nacidos de otros tantos “gestos literarios”, codifican las formas de uso de ese “lenguaje secundario” que es la literatura. Con los modelos arquetípicos la obra literaria está siempre en una relación de realización, de transformación o de transgresión. Y, en gran medida, es esa relación lo que la define.[18]
[1] Claudio Magris: “Literatura y veneno. Cuando los escritores destruyen a sus colegas”, Il Corriere della Sera, 14 de julio de 2006.
[2] José Martí: Ob. cit., t. 21, p. 381. Seguidamente, fiel a sus ideales, afirma de un crítico desalmado: “en páginas (de crítico de oficio) donde el único verde que se ve es el del veneno”. (Sobre crítica a uno que “escribe con color, que está de más cuando es mucho, pero no cuando está en su lugar, como una rosa en un jardín”, p. 382).
[3] En el mismo cuaderno más adelante se repite casi idéntica esta información: “Vanity Fair was refused over and over again”. (Ob. cit., p. 430). Seguidamente puede leerse un nuevo ejemplo: “Ben Hur, by Lev Wallace [No Len, como transcribe] was rejected from more that one humbler house before Harpers accepted it”. Se refiere a Lewis Wallace (1827-1905). Abogado, escritor y general de la Unión en la Guerra Civil estadounidense. Esta novela fue un rotundo éxito.
[4] Unas páginas después puede leerse: “Innocents Abroad was black with handling before it was put into print”. [I.A estuvo en descrédito mañosamente antes de ser impreso]. (O.C., t. 21, p. 430).
[5] En el propio Cuaderno 18 se lee también: “¿Y el Sartor Resartus, sin la ayuda de Emerson? Hume’s History of England failed to get buyers. (Carlyle)”. (O.C, t.21, p. 430). El Sartus resartus es una obra autobiográfica a la manera de una filosofía de la indumentaria donde se comenta la falsedad de la riqueza material, y, a la manera de un romance filosófico, Carlyle detalla sus crisis personales. Y afirma su idealismo espiritual.
[6] Novela de Archibald Clavering Gunter, publicada en 1888 por la casa Bryce en Toronto, Canadá. Este libro, una vez editado, vendió 3 millones de copias.
[7] En O.C. se transcribe “Junter” erróneamente.
[8] Both Goldsmith fue un novelista norteamericano (1844-1901). Se convirtió en el escritor de color local más conocido. Este apunte se repite de manera idéntica dentro de este mismo cuaderno en la página 406.
[9] José Martí: O.C., t. 21, pp. 396-397.
[10] José Martí: O.C, t. 21, p. 427.
[11] José Martí: O.C., “Crónica para la Revista Universal“, 29 de junio de 1875, t. 6, p. 248.
[12] “La crítica es el ejercicio del criterio” en José Martí, O.C., “Echegaray”, junio 21 de 1879, t. 15, p. 94.
[13] José Martí: Ibídem.
[14] José Martí: O.C., t. 21, Cuaderno de apuntes 18, p. 426.
[15] Ibídem. Entre cita y cita puede leerse esta nota tentativa: “Leer en la Contemporary Review el artículo «Manners of Critics de Andrew Lang»”, quien fue un versátil escritor británico, crítico, folclorista, biógrafo y traductor que vivió entre 1844 y 1912, pues a Martí le preocupaban las maneras más adecuadas de cultivar la crítica.
[16] José Martí: O.C., Cuaderno de apuntes 18, t. 21, p. 422.
[17] Ibídem.
[18] Razonamiento que usa como base algunas ideas esbozadas por Manfred Pfister en “Concepciones de la Intertextualidad” en Intertextualität 1. La teoría de la Intertextualidad en Alemania, Selección y traducción: Desiderio Navarro, Casa de las Américas, UNEAC, La Habana, p. 26 y 28, respectivamente.
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