
En los apuntes hay todo un tratado de su poética crítica que engrandece y explica el método esbozado en sus páginas, que va desde el reflejo de citas de aprendizaje, que ya muestran su ingenio y refinado gusto literario sobre el género en cuestión, y la naturaleza de las relaciones escritor – éxito y sociedad, hasta la concepción de sus propias ideas sobre la percepción de la grandeza y autosuficiencia del genio artístico respecto a la crítica, y el sentido de justicia, afirmativo, constructivo y creativo que deben primar en la valoración crítica.
Coincidimos con Alceu Amoroso Lima en reconocer que la base de la crítica martiana es su concepción de la honradez, que es la viva señal del lazo íntimo que une su estética con la visión total de la vida; y con Cintio Vitier cuando proclama que la crítica del maestro tiene como premisa unir y mejorar a los hombres. El consuelo, la fuerza, la protección, incluso la salvación que brinda el arte a los hombres es algo bien cualificado y descrito desde la Poética de Aristóteles donde se enuncia que el arte emplea reproducciones por imitación, donde se puede imitar con medios genéricamente diversos, o por imitar objetos, no de igual manera sino de diversa de la que son (Ob. Cit, p. 1):de lo que resulta claro no ser oficio del arte el contar cosas como sucedieron sino cual desearíamos que hubieran sucedido, lo que le aporta un grado suficiente de universalidad (Ob. Cit, p. 14). Por tanto sus invenciones serán bellas y nuevas y aportarán valor, protección y engrandecimiento a su espíritu (Ob. Cit, p. 21). Entonces el arte se ocupará de demostrar y deshacer razones, conmover pasiones —cual de conmiseración, temor, ira y otras semejantes a estas—, agrandar y empequeñecer, o lo que es lo mismo, provocar resguardo y engrandecimiento del alma humana. Y será esencial discernir quién lo dice o lo hace, para quién, cuándo, cómo, para qué, si por ejemplo, para obtener un mayor bien o para evitar un mal mayor. (Ob. Cit, p. 43)
Entiéndase entonces el trabajo proyectivo y programático de la crítica, de la que ya sabemos que la verdadera debe ser arte, al logro de ese bien- el arte no como una fotografía de la realidad, sino como una fotografía de una fotografía de la realidad, como ha dicho un genio del cine – de ese enriquecimiento humano, cordial y también ceñido en los marcos y sendas de su desarrollo. En la poética de Martí tal asunto es en varias ocasiones subrayado de disímiles formas como cuando afirma:
La poesía, que congrega, o disgrega, que fortifica o angustia, que apuntala o derriba almas, que da o quita a los hombres la fe y el aliento, es más necesaria a los pueblos que la industria misma, pues ésta le proporciona el modo de subsistir, mientras aquella les da el deseo y la fuerza de la vida. («El poeta Walt Whitman»)
En tejido sutil queda esbozado un aserto con lenguaje de futuridad y sello original. La cualidad del arte como sustento del espíritu aparece tratada una y otra vez en trazos aforísticos y osados como cuando dice: «El culto de las artes ennoblece el ánimo y embellece las fisonomías» (Boletines de Orestes. R.U., 1875): «Arte es huir de lo mezquino, y afirmarse en lo grande, y olvidarse, y enaltecerse, y vivir, porque olvidarlo es la única manera de perdonar al creador ese don pesado, incomprensible y loco de la vida.» (Ídem); «El arte, como la sal a los alimentos, preserva a las naciones». (Escenas Norteamericanas, 1880); «El arte no es venal adorno de reyes y pontífices, por donde apenas asoman la cabeza paterna del genio, sino divina acumulación del alma humana, donde los hombres de todas las edades se reconocen y confortan.» («Seis conferencias por Enrique José Varona», enero 1888).
Nos enfrentamos por tanto a una concepción del arte —y por extensión, de su crítica creativa— como forma privilegiada de conocimiento con su divino don de proyección social y novedad al mismo tiempo, y de alimento espiritual que conforta al que lo produce y al que lo consume, como defensa ante el rebajamiento de las bajas pasiones en la que pasa a un primer plano la capacidad sublime y ética del arte.
Quizá por ello muchos de los juicios críticos de Martí conserven vigencia, pues presumiblemente ha concebido, como ha dicho Tsvietáieva, a la crítica como oído absoluto para el futuro, y ha coincidido con el juicio interno del objeto en sí mismo, adelantándose a los contemporáneos, pues, y siguiendo con ella, en la crítica quien no es profeta es artesano. Con derecho al trabajo, pero sin derecho a juicio. Ha demostrado poseer las cualidades que Francesco de Sanctis considera debe adornar al crítico: el sentido del arte, exaltarse contemplando o leyendo, colocarse en la misma situación del artista: ve todo lo que este ha visto, reconstruye en su fantasía la obra, determina el valor de la obra de arte y del artista, examinados, juzgados en sí mismos, y luego la relación con la historia y el tiempo. Tales fundamentos aparecen ampliamente tratados y aludidos tanto en los Cuadernos de apuntes como en los apuntes en hojas sueltas, como hemos demostrado en el presente ensayo, y son también parte de los principios rastreados por Elena Jorge Viera en su valioso libro José Martí, el método de su crítica literaria, y aplicados a sus anotaciones inéditas. Allí se afirma que en ellas
Se revelan sus preocupaciones teóricas sobre el realismo, la relación establecida por él entre literatura y la historia, los nexos que observaba entre la poesía y la ciencia y la necesidad de una renovación estilística que excediera la pura técnica de efectos sorpresivos externos.
Problemáticas que ilustra con las siguientes citas:
No es mi convicción la del libro últimamente llegado, ni me atraen sistemas incompletos, ni me seducen innovaciones caprichosas, ni me enamoro del libro que últimamente leo ni tiene para mi autoridad hombre alguno, a no ser que lo que diga se confirme por el acuerdo entre su intuición de lo verdadero y el conjunto de hechos históricos.
Parece que es necesaria una reforma en nuestra manera de escribir. No debe escribirse de manera que el escritor luzca por alusiones que demuestran su conocimiento propio de modo que el lector, a la par que admire al escritor, no aproveche de lo que de él lee, ya por lo vago de la alusión, ya porque desconozca el asunto. No debe escribirse para ser admirado, por más que nunca deba ni pueda dejar de pensar en ser estimado y querido del lector, sino para decir las cosas de manera tan sólida, bien estudiada, concentrada, juzgada, depurada, acrisolada, aprovechada, completa, que cada línea escrita deje conocimiento nuevo al lector, o idea clara y fecunda, muy diluida y probada por el autor mismo antes de darla, lo cual aprovechará más que pomposas aunque afortunadas exhibiciones de facultad de imaginación y composición artística. El estilo de fruto debe sustituir al estilo de alusión.
Y en este otro párrafo indica claramente el camino de la superación del esteticismo por medio de la ciencia:
Fundar la Literatura en la ciencia. Lo que no quiere decir introducir el estilo y el lenguaje científicos en la Literatura, que es una forma de verdad distinta de la ciencia…
Como hemos demostrado en el presente ensayo en los apuntes hay todo un tratado de su poética crítica que engrandece y explica el método esbozado en sus páginas, que va desde el reflejo de citas de aprendizaje, que ya muestran su ingenio y refinado gusto literario sobre el género en cuestión, y la naturaleza de las relaciones escritor – éxito y sociedad, hasta la concepción de sus propias ideas sobre la percepción de la grandeza y autosuficiencia del genio artístico respecto a la crítica, y el sentido de justicia, afirmativo, constructivo y creativo que deben primar en la valoración crítica. Que implica «la preocupación constante por la “sinceridad” y la “honradez”, es decir por la fiel correspondencia entre literatura y realidad», y, por tanto, el cumplimiento del principio rector de la concepción estética martiana donde se enuncia que el arte es inseparable de la vida, fuente a su vez de toda verdad, según ha formulado Cintio Vitier.
De todo este razonamiento se desprende su defensa de la función espiritual, estética y enaltecedora de la literatura. En estas páginas hemos querido demostrar cómo Martí además de poseer «una fina sensibilidad, y un grado tal de originalidad» exhibe también un «firme sostén teórico de sus apreciaciones literarias», y que el seguimiento de todas estas normativas estético-morales evidencian que «nunca ejerció [la crítica] ni concibió esta función como un quehacer profesional sino como un servicio a la cultura.» Pues, como afirma Todorov, los textos literarios están impregnados de ambiciones cognoscitivas y éticas y no existen sólo para producir un poco más de belleza en el mundo, sino también para decirnos cuál es la verdad de este mundo, y para hablarnos de lo que es justo e injusto.
También el crítico, por su parte, puede formular no sólo juicios estéticos, sino también juicios sobre la verdad y la exactitud de las obras y está consciente que la crítica es una disciplina con dos vertientes: el conocimiento y el juicio.
Cuando Martí rechaza en múltiples afirmaciones de estos apuntes la mediocridad literaria, la falta de miras de ciertos «creadores» y nos entrega su elevado espíritu, nos viene a la memoria un aserto de Fedro a propósito de los celos entre escritores, muy relacionado con una imagen martiana sobre la poesía –el verso como espada reluciente de un guerrero jinete que va camino al cielo, y la poesía nueva personificada en la metáfora del caballo– que describe su diferencia respecto a aquellos y la verdadera realeza de su crítica:
«El espíritu del hombre es portado hacia lo alto y lo verdadero por un caballo, y arrastrado hacia lo bajo de sus miserias por otro.»
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