
Son de Almendra, de la escritora y periodista cubano-puertorriqueña Mayra Montero, es el título del libro, publicado por la Editorial Letras Cubanas, para satisfacer con creces las necesidades cognoscitivas y espirituales de los amantes de la novela y del género periodístico reportaje (uno de los más difíciles de dominar por un profesional de la prensa, ya que incluye noticia, crónica, entrevista, etc.)
Cuando el lector se adentra en la acción dramática, cuyas redes invisibles lo «atrapan» desde la primera hasta la última página, le asalta una duda: ¿es un reportaje periodístico devenido novela o viceversa?
A esa interrogante me atrevo a responder que la autora está consciente de que «tener sentido de la noticia [como la tenía el periodista Joaquín Porrata, protagonista de la obra, y joven reportero del Diario de la Marina primero y de Prensa Libre después] es, en realidad, saber qué es importante, vital, qué tiene color y vida [aunque en su búsqueda incesante ponga en peligro la suya propia], qué es lo que le interesa al “gran público”, eso es periodismo»1. Mientras que —por otra parte— conoce al dedillo los hilos invisibles que debe mover para involucrar emocionalmente al lector en la «horrible pesadilla», en la que Porrata estuvo a punto de morir.
En las más de 300 páginas de ese texto, Mayra Montero describe La Habana de los años 50 del pasado siglo, donde los crímenes cometidos por la sanguinaria dictadura pro yanqui del general Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973) contra los jóvenes revolucionarios u opositores al régimen de facto, se mezclaban con las «monstruosidades» (¿tienen acaso otro calificativo?) llevadas a cabo por la mafia ítalo-estadounidense radicada en la «Ciudad de las Columnas» contra quienes constituían un estorbo para sus planes expansionistas, que incluían la edificación de una cadena de hoteles y casinos de juego a todo lo largo del litoral habanero, además de los ya existentes: Hotel Nacional de Cuba, Habana Hilton, Capri, Riviera.
Hoteles y Casinos que generaban jugosas ganancias capaces de abultar las cuentas de las familias mafiosas (extranjeras y del patio) que los operaban; «bofetada» en pleno rostro a la nación cubana, necesitada con urgencia de la erradicación de las lacras sociales que la corroían, el adecentamiento de las costumbres y ese «sol del mundo moral» que nos ilumina desde el día 1o de Enero de 1959…, hace exactamente más de seis décadas.
El periodista Joaquín Porrata, descendiente de una familia pequeñoburguesa disfuncional, se involucró en un sórdido ambiente de gánsteres, carniceros de hombres y animales, proxenetas, bailarinas, cirqueros de baja estofa y reporteros que buscaban en el ejercicio de la profesión, cómo ganar dinero fácil o escalar posiciones «clave» en la prensa republicana de la época, y cuya premisa era: «el fin justifica los medios».
La lectura fluida y amena de Son de Almendra nos revela qué vínculo «secreto» existe entre la mafia y el periodismo, y dónde está la frontera entre investigación policial e investigación periodística.
Por otra parte, en dicho volumen no se violan los códigos periodísticos que Mayra Montero domina al pie de la letra, ni se transgreden los indicadores en los que se estructura el género literario novela, donde —cual «maga circense»— mezcla realidad y ficción para ofrecerle al lector una deliciosa obra, en la que se pierden los límites imaginarios que separan esas dos disciplinas: literatura y periodismo2.
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NOTAS
1. Barton Rascoe. Citado por William L. Rivers y Cleeve Mathews, en La ética en los medios de comunicación. México, D.F.: Editorial Gernika, 1985: p. 185.
2. Jesús Dueñas Becerra. «Literatura y periodismo: similitudes y diferencias». Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. 97 (1-2); enero-junio, 2006: pp. 159-163.
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