El alma humana, aunque vestida con el lenguaje domesticado y los hábitos del pensamiento lógico, guarda la impronta de su origen salvaje, una memoria profunda que la cultura intenta cubrir con la promesa falaz de una tranquilidad inmerecida. Sin embargo, el poeta, aquel a quien la Musa ha consagrado, posee el único poder capaz de rasgar esta tela, y de guiar esa alma desorientada. Leer más