
Cuba y la fundación del Partido Socialista Popular
En diciembre de 1945 Trujillo debió enfrentar una importante huelga general de los trabajadores azucareros de la zona Este del país. El líder más importante de ese paro laboral, Mauricio Báez, fue perseguido con saña por la policía y logró encontrar asilo en la embajada de México para luego salir en dirección a Cuba, donde continuó sus campañas de condena a la dictadura trujillista. Hacia 1946 Trujillo, presionado por los Estados Unidos y la opinión pública internacional, asumió algunos gestos de acercamiento con los países que se le oponían, entre ellos Cuba, de donde recibió a algunos intelectuales, periodistas y jefes militares para actos protocolares.
De ese modo Trujillo propició un cambio de imagen de su régimen. Fue así que los medios de propaganda dominicanos se esforzaron en presentarlo como un benefactor de la clase obrera y de la unidad de los dominicanos. A esos efectos divulgaron sus propuestas para producir el retorno de los emigrados y fundar nuevos sindicatos y partidos políticos. Trujillo entonces asumió que en esa coyuntura podía chantajear a los Estados Unidos con un acercamiento hacia las organizaciones prosocialistas del continente. Con esta operación el dictador pretendía obligarlos a concederle el pleno reconocimiento a su régimen.
Para implantar esa política, aunque parezca paradójico, lo primero que hizo Trujillo fue liquidar a los grupos socialistas en su país. Se inició así una redada de comunistas considerados radicales por el gobierno, sobre todo de origen español.Trujillo impulsaba esta maniobra política a partir de contactos secretos que anteriormente había concertado con el Partido Socialista Popular de Cuba. La revista Bohemia del 5 de mayo daba a conocer una noticia insólita: bajo el título «Pacto con el Diablo» se informaba que «todo parece indicar que los comunistas cubanos han suscrito un pacto con el dictador Trujillo, de la República Dominicana». El semanario ofrecía más detalles del acuerdo firmado en La Habana «con riguroso secreto» entre la parte dominicana encarnada en el subsecretario de trabajo y economía, Ramón Marrero Arizty y la parte cubana, representada por Juan Marinello y Blas Roca del PSP unidos a José Morera por la CTC. Se decía que era un primer paso dirigido a procurar acuerdos similares con otros dirigentes comunistas de América Latina, entre ellos Vicente Lombardo Toledano, Presidente de la CTAL.
La Bohemia dio una versión sobre los términos del pacto, que eran los siguientes: los comunistas se comprometían a suprimir la propaganda antitrujillista a cambio de que la dictadura dominicana ofreciera el reconocimiento sindical, garantías políticas, convocatoria de elecciones constituyentes y autorización para celebrar un congreso obrero dentro de seis meses.En ese sentido era evidente que Trujillo estaba más interesado en chantajear a los Estados Unidos que en producir una sincera apertura democrática para todos los dominicanos. Este criterio se refrenda en un informe de George Scherer, el embajador estadounidense en Ciudad Trujillo, cuando plantea: «Existe la posibilidad de que el Presidente Trujillo tenga en mente asustar con los comunistas al gobierno de los Estados Unidos, así como también obtener el apoyo de los primeros en el exterior. Sea cual fuera el desenlace, está muy claro de que el Presidente Trujillo está jugando un juego peligroso» [1].
Sin embargo, muchos comunistas pensaron que actuando desde dentro de los regímenes de fuerza era posible conducirlos a ofrecer concesiones mayores para los trabajadores. El propio senador Juan Marinello, un día antes que Marrero Aristy abandonara Cuba, expresó que los comunistas cubanos se habían opuesto a Batista hasta que este, al final, aprobó una tregua con el Partido y lo legalizó como organización política, después de lo cual el partido lo apoyó hasta «el final»[2]. Era lamentable que los comunistas, pretendiendo beneficios para las clases trabajadoras a partir de una táctica de difícil concreción, estuvieran cayendo en la celada que el déspota Trujillo había urdido para encumbrarse ante el imperialismo norteamericano. La revista Bohemia recogió criterios de revolucionarios dominicanos que estaban por emplear otras tácticas de lucha, quienes añadían:
«Pensar que bajo una dictadura gansteril como la de Trujillo se pueda desarrollar un movimiento de masas, como pretenden los comunistas dominicanos, es una ilusión de óptica política, que demuestra como a veces la teoría nubla la visión de la realidad»[3].
El problema que se les creó a los comunistas, los que efectivamente creyeron sinceramente en la capacidad del pueblo dominicano para apropiarse de la lucha de masas, fue que asumió una responsabilidad histórica, para lo cual no estaba preparado. Tampoco existían las condiciones favorables en la República Dominicana para que, desde el único partido de oposición existente, se pudiera captar todo el rechazo del pueblo contra Trujillo y producir transformaciones de peso para las grandes mayorías en el feudo del «Benefactor».
Los posteriores ataques de la prensa dominicana contra las actividades auspiciadas por los comunistas, así como el temor del propio Trujillo de que las protestas de estos se les fueran de control y atrajeran el repudio popular a su gobierno, condujeron al régimen dictatorial a cerrarles los espacios concedidos.
Trujillo, en el caso de los comunistas, evidentemente jugaba con dos cartas al propio tiempo: una dirigida a chantajear a Washington y otra a dar una imagen de democracia. En cualquier caso, las expresiones de disenso serían sometidas a las decisiones últimas de un tirano. Precisamente una manifestación pública convocada por el PSP y la Juventud Democrática el 26 de octubre sería una especie de parteaguas para demostrar los propósitos totalitarios de Trujillo. El mitin estaba autorizado y resultó bastante concurrido, el PSP en medio de sus contradicciones estaba atrayendo las ansias liberadoras de los dominicanos.
Las demandas de estos iban más allá de las formalidades que podía admitir su «Benefactor» y las calles se desbordaron, pero el régimen había penetrado la protesta con sicarios a sus órdenes que provocaron riñas internas con un saldo de lesionados entre los manifestantes. Entonces una parte de la muchedumbre cargó con sus heridos y se dirigió a protestar por estos atropellos ante las sedes diplomáticas de México, Cuba y los Estados Unidos. El momento era de definiciones. Trujillo estaba decidido a tomar distancia de sus promesas democráticas.
Los comunistas entrarían en una etapa crítica, azotados por las calumnias y persecuciones del régimen al que pretendieron arrancar apreciadas reivindicaciones para la clase obrera. Los comunistas dominicanos fueron perdiendo protagonismo, toda vez que tuvieron que replegarse ante la represión desatada contra ellos, en todo caso podemos referir que su actuación preparó el camino para que el pueblo dominicano asumiera que contra Trujillo no valían soluciones pacíficas negociadas. En general, operaron con buenas intenciones y lo más importante fue que no se asimilaron al aparato político del régimen.
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Referencias
1. Informe de George Scherer de 13 de agosto de 1946. En: Bernardo Vega: Ob. Cit, Tomo I (1946) p. 346.
2. Informe confidencial «Comunismo en el área del Caribe», Archivo General de la Nación de la república Dominicana. Fondo: Relaciones Exteriores. Caja 37 legajo 624.
3. Ibídem.
Leer además Relaciones cubano-dominicanas durante el periodo de la Segunda Guerra Mundial (1943-1947) (I)
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