
Retrato de muchacha en azul, del escritor Luis E. Ramírez Cabrera, es el título de la novela publicada por la sureña Ediciones Mecenas, para satisfacer las necesidades intelectuales y espirituales de los amantes de ese polémico género literario, que tiene tantos admiradores y algunos detractores a todo lo largo y ancho del archipiélago cubano.
El también miembro activo de la filial provincial cienfueguera de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), transita —con éxito indiscutible— por los más disímiles géneros literarios y periodísticos: el ensayo acerca de temas etno-folclóricos insulares, el relato erótico-sensual, la novela psicológica y la entrevista.
El mayor mérito literario y psicológico que posee ese texto reside en la peculiar manera en que el autor elabora el estudio personográfico realizado a la protagonista, a la cual arma y desarma sobre la base de la percepción, en primera persona, de una criatura que hace participar activamente al lector de su contexto existencial y falta de sentido de la vida
El personaje protagónico de «Geydi» deviene un ser humano signado por el dilema, la incertidumbre y la duda; por ende, vive en el pasado, en el deseo insatisfecho, en un mundo onírico y en la posibilidad de un futuro que —no obstante abrirle las puertas— se le torna poco satisfactorio en su contexto social, así como en sus expresiones individuales
«Geydi» es incapaz de definirse. No entiende quién es, por qué es, y por qué está. O con otras palabras, no sabe qué objetivos persigue en la vida ni hacia dónde encamina sus pasos. Reflexiones que suelen acompañar la travesía de un personaje mediatizado por el conflicto y la vacilación. Características personográficas que lo enriquecen desde los puntos de vista literario y psicológico, ya que lo alejan de lo unidimensional, tan común en los escritores que cultivan el género novela en las letras cubanas.
A ese peculiar ser humano lo resarce un elemento que desempeña la función de factor desencadenante en la historia de vida de «Geydi»: actuar de acuerdo con los dictados de su verdad, por incómoda que pudiera resultarle al otro, e incluso, a cuanto pudiera entrar en confrontación directa con las actitudes moralizantes defendidas a ultranza por la progenitora, quien se ha quedado detenida en el «tempo psíquico».
«Geydi» está lacerada por recuerdos infanto-juveniles que la torturan de forma implacable, y que —irremisiblemente— influyen en la configuración de su actitud ante la vida: el sexo, la posición ante el temido «qué dirán», la asertividad, así como la selección de amistades y de parejas.
Retrato de muchacha en azul constituye una aproximación al mundo mitad real, mitad ficticio, donde se desenvuelve la mujer cubana de ayer, hoy y siempre.
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