
Entran palabras al idioma. Unas con más suerte que otras, y lo de la «suerte» se explica porque aquellas que irrumpen con notable fuerza alcanzan pronto una elevada frecuencia de uso, algo así como si se pusieran de moda… Del modo mismo en que otras se engavetan, se van del habla y abur con ellas, aun cuando permanezcan en el diccionario y solo los escritores las entresaquen de vez en cuando para «impresionar» al lector.
Ei idioma, a la manera de un ente social —como usted que nos lee, y también como este servidor—, se mueve, se nutre, se ensancha. Entre las voces que en algunos casos el tan útil diccionario de nuestras computadoras no ha «asimilado» del todo y en consecuencia acostumbra subrayar en rojo, figuran estas tres propuestas: sororidad, resiliencia y procrastinación. Las dos primeras con mayor frecuencia utilizadas en el lenguaje de género o inclusivo, la tercera no tanto porque resulta difícil hasta de pronunciar y de escribir.
Veamos la significación de cada una de tales voces:
- Sororidad: es la solidaridad, alianza y colaboración entre mujeres, especialmente frente a las desigualdades que propugna el machismo. Según nuestro parecer su sinónimo más cercano es solidaridad entre las mujeres.
- Resiliencia, por su parte, es la capacidad humana para enfrentar con habilidad y tenacidad las situaciones límites, sobreponerse a la adversidad y fortalecerse a partir de ellas. La resistencia, la tenacidad y la fortaleza la acompañan.
- Procrastinación: acción de posponer las tareas o responsabilidades importantes, sustituyéndolas por otras irrelevantes o placenteras; es, en fin, la mala costumbre de dejar para mañana lo que podemos hacer hoy. Como sinónimo puede aceptarse una combinación de pereza con falta de voluntad.
Sin duda, cada una porta consigo un contenido o significado de importancia que atañe a conductas personales ante la vida, pero, al mismo tiempo, de connotación en el orden social. Son ellas de una inmanencia tal que quien escribe, desde su condición de humildísimo colaborador de Cubaliteraria digital, se ha puesto a pensar/filosofar/«vacilar» y se atreve a hacer —siempre con el mayor respeto hacia quienes dos mil años atrás redactaron la Biblia—, la siguiente propuesta:
Que además de las tres virtudes teologales, a saber, la fe, la esperanza y la caridad, se incluya una cuarta igualmente universal y necesaria: la resiliencia.
Que además de los Diez Mandamientos bíblicos se incluya un onceno mandamiento que enaltezca el valor de la sororidad y la afirme como una condición en bien de la mujer, de la sociedad, del prójimo, de nosotros todos.
Que además de los siete pecados capitales se incluya un octavo, la procrastinación, considerándosela como un vicio dañino para la conducta personal, puesto que enlentece la toma y realización de las decisiones.
Y para el amable lector —usted— que nos ha seguido hasta aquí, bástenos con estas dos palabras finales ya también fuera de moda: He dicho.
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