
Edward Estlin Cummings (14 de octubre de 1894 – 3 de septiembre de 1962), más conocido como E. E. Cummings o también e. e. cummings, fue, ante todo, un poeta estadounidense. Nació en Cambridge, Massachusetts, pero vivió la mayor parte de su vida en Greenwich Village y en Madison, New Hampshire, donde murió.
También pintó y escribió novelas y obras de teatro. Fue parte de la «Generación Perdida». Durante la Primera Guerra Mundial manejó ambulancias y, en 1917, pasó casi cuatro meses en un campo de detención en Francia bajo sospecha de espionaje. Esta experiencia le sirvió para escribir su novela The Enormous Room (La habitación enorme), publicada en 1922. A partir del año siguiente, comenzó a publicar sus libros de poesía, que terminaron por ser más de doce. Su obra poética completa, de estilo vanguardista, polémico y juguetón, supera las mil páginas. Al momento de su muerte, junto con Robert Frost, era el poeta más leído de su país.
Ahora, Tom Maver traduce sus poemas para Llantén en Hace tanto que mi corazón no está con el tuyo: «Este es un libro de poemas de amor», advierte. «Es verdad que la poesía de Cummings está llena de malabares sintácticos, una puntuación extraña y caprichosa, juegos con la tipografía y el verso libre. Sin embargo, la traduje porque es más bella que innovadora. Es más simple que provocativa. Va más al nervio que a la floritura. Como la primavera, la juventud y la alegría a las que les cantó, sus poemas se expresan con juegos ingeniosos y mil creatividades». Compartimos tres de sus piezas.
I
el viento es una Señora de esbeltos ojos finos (que se mueve) al atardecer y–toca las colinas sin motivo (hablé con esta indudable persona verde «¿Sos el Viento?» «Sí» «¿por qué tocás las flores como si no estuvieran vivas, como si fueran ideas?» «porque, señor las cosas que brotan en mi mente van a tropezar dentro de un torpe disfraz, aparentar fragilidad e indecisión –no suponga que estas cosas no tienen razón de ser y que las rosas y montañas sí y que son diferentes del yo soy que vaga inminentemente a través del mundo renovado» me dijo el) viento siendo Una señora vestida de verde que; toca: los campos (al atardecer)
II
Por ejemplo esto:
si al color de la medianoche
que es una más que oscuridad (que
es yo y es París y todas
las cosas) le sucede
la brillante
lluvia
profunda, hermosamente
y yo (que estoy en una ventana
esta medianoche)
sin ningún motivo me siento
profunda, completamente consciente de la lluvia o más bien
de Alguien que usa los techos y calles con sabiduría para hacer un
sonido posible y hermoso:
si un (quizá) reloj da la hora, que en la frescura
viva apenas se oye y
al final a través de delicadísimos gestos de la lluvia
asoma un color, que es la mañana, Oh no te asombres
si (justo en el borde del día) estoy
haciendo el millonésimo poema que no va a extrañarte
por completo, o si invento definitivamente, señora,
uno de los mil yoes que son tu sonrisa
III
La primavera es como una quizá mano (que viene con mucho cuidado de Ningún lado) y arregla una ventana donde la gente mira(mientras la gente observa y arregla y cambia pone con cuidado ahí una cosa extraña y una cosa conocida acá) y cambia todo con cuidado la primavera es como una quizá Mano en una ventana (cuidadosamente mueve de acá para allá Nuevas y Viejas cosas, mientras mueve una quizá fracción de flor acá y la pone un centímetro más allá) y sin romper nada
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