
Canción de lobos
Ruge y retumba ronca la tormenta
por la enlutada bóveda del cielo,
y sobre el dorso de impetuosas ráfagas
cabalgan las deidades del invierno.
En el frígido erial donde vagamos
sin acierto buscando alguna senda,
ni un arbusto descubre la mirada
que el suspirado abrigo nos ofrezca.
Allá en la cueva el hambre que nos mata,
y fuera de ella el frío que nos hiela:
entramos, como rudos cazadores,
sin piedad nos acosan por doquiera.
Y júntaseles otro en la batida:
del cargado fusil la saña fiera
deja sobre la nieve señaladas
con nuestra roja sangre nuestras huellas..
Tenemos frío, sí tenemos hambre
y el mortífero plomo nos asedia,
Pero, ¿qué importa?… En cambio somos libres
¡Oh santa Libertad! jBendita seas!
(Buda, enero de 1847)
***
Tú fuiste mi única flor
Tú fuiste mi única flor;
Ya, marchita, mi vida es un desierto.
Tú fuiste luz de mi esplendente sol;
Apagada, yo en noche me convierto.
Tú fuiste el ala de mi inspiración;
Rota, ni puedo ni volar ansío.
Tú fuiste de mi sangre único ardor;
Ya fría estás, y muérome de frío.
(Pest, enero de 1845). Versión de Juan Luis Estelrich
***
Al final de septiembre
Aún florecen los jardines en el valle;
El álamo verdea ante mi ventana.
Mas… mira allá: ¿ves el reino invernal?
Un manto níveo cubre la montaña.
En mi joven corazón el dorado verano
reina aún, con plena primavera,
pero la helada mano del invierno
encanece mi oscura cabellera.
Se marchitan las flores…
Se extingue la vida…
¡Siéntate sobre mi regazo, adorada!
Si hoy tu cabeza descansa sobre mi pecho
quizás llorarás sobre mi tumba mañana…
Oh, dime: si antes moriré, ¿cubrirás
mis restos con lienzo sepulcral, dolorosa
¿Dejarías mi nombre si el amor retorna?
¿Me olvidarías por su llama fogosa?
Si, ya viuda, tu velo un día caerse dejaras
sobre mi lápida, ponlo cual bandera
oscura;
Saldré de mi tumba, llevándolo conmigo
al mediar la noche, en la triste hora.
Con tu velo de viuda secaré mi llanto
por ti, que tan pronto me has olvidado;
Vendaré con él mi corazón sangrante
que aún, desde Allá, para siempre, te sigue amando.
Sobre el autor
Sándor Petrovics (Kiskőrös, Hungría, 1 de enero de 1823 – Rumania, 31 de julio de 1849). Poeta y combatiente independentista. En 1842 publicó su primer poema con el nombre de Sandor Petrovics, con el apellido de origen eslavo de su padre, pero ese mismo año lo cambió por el de Petöfi, que pretende ser su traducción húngara: “Petrovics (eslovaco) = hijo de Pedro = Petöfi (húngaro)”. De hecho, desde sus primeras obras y a pesar de su ascendencia, Petöfi se sintió siempre muy vinculado al nacionalismo magiar y llegó a ser el principal inspirador de los grupos radicales revolucionarios que propugnaban la independencia del Reino de Hungria fuera del imperio austríaco. Dos años después, en 1844, tras encontrar un empleo de periodista en Pest, publicó su primera colección de poemas que incluye el poema heroico-cómico “El martillo del pueblo”, con el que obtuvo gran éxito.
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