
(…) creo en la soledad rota, como pan , por la poesía.
ANNE HÉBERT
(Poésie, solitude rompue)
Anne Hébert nace el 1 de agosto de 1916 en Sainte-Catherine-de-Fossambault, Quebec. Pasa sus primeros años confinada en la casa de campo de su familia. Su padre, el poeta y crítico literario Maurice Hébert, y su primo, el poeta Hector de Saint-Denys Garneau, la animan a escribir. Así ve la luz su primer poemario Les songes en équilibre (1942), un cuaderno de versos en el que aún no se revela la voz poética que, años más tarde,sería la del descenso hasta el sepulcro de los reyes (Le tombeau des rois, 1953).
Podemos leer una descripción de la joven Anne en el diario de este primo poeta:
Anne vino hoy. Su manera de caminar y algunos de sus gestos evocaron en mí una extraña elegancia, entre rígida y mecánica, con una pizca de belleza dominada por una timidez infantil. Sin embargo, la rodeaba como un halo de fuego, rara y sorprendente combinación (…)
En 1954, la obtención de una beca le permite viajar a París, donde radica durante más de cuarenta años, lejos de su Saint-Laurent. Desde la distancia, Quebec se convierte en inagotable materia de escritura (Les Chambres de bois, 1958; Kamouraska, 1970; Les enfants du sabbat, 1975).
Anne Hébert muere en Montreal el 22 de enero del 2000. Junto a Saint-Denys Garneau, Alain Grandbois y Rina Lasnier, es una de los cuatro fundadores de la poesía moderna de Quebec.
Como tallados sobre los huesos con un puñal[1], sus poemas persiguen la luz y la vida de otras existencias.
A continuación, comparto la traducción de La chambre de bois.
La alcoba de madera
Miel del tiempo
Sobre las paredes resplandecientes
Techo de oro
Flores de los nudos
corazones impredecibles de la madera
Alcoba cerrada
Cofre claro donde se ovilla mi infancia
Como un collar desensartado.
Duermo sobre flores apaciguadas
El olor de los pinos es una vieja sirvienta ciega
El canto del agua golpea mi sien
Pequeña vena azul rota
Todo el río atraviesa la memoria.
Me paseo
En un armario secreto.
La nieve, un puñado apenas,
Florece bajo un globo de cristal
Como una corona de recién casada.
Dos penas ligeras
Se estiran
Y ocultan sus garras.
Voy a coser mi vestido con este hilo perdido.
Tengo zapatos azules
Y ojos de niña
Que no me pertenecen.
Aquí debo vivir.
En este espacio pulido.
Tengo víveres para la noche
Siempre que no me canse
De este canto monótono de río
Y que esta sirvienta trémula
No deje caer su carga de olores
De repente
Sin retorno.
Sin cerradura ni llave
Me rodea la madera antigua.
Amo a un pequeño candelero verde.
El mediodía arde en los vidrios de plata
El lugar del mundo resplandece como una fragua
Esta sombra es de angustia
Estoy desnuda y toda oscura bajo un árbol amargo.
* * *
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