
Varias obsesiones mueven
las páginas, el conjunto
de los textos sin un punto
final. Cuando el libro lleven,
las ideas que promueven
entrarán en un combate
filosófico, un debate
sobre la Revolución
y hasta una actualización
e ideológico rescate.
Iramis nos importuna,
Iramis nos dinamita
y acudimos a su cita
sin que él suba a una tribuna.
Su lucidez, por fortuna,
se vuelve un canto, en sí mismo,
de heterodoxo marxismo
ante la desigualdad
o ante la inmovilidad
y en contra del sectarismo.
Se entra como en una gesta
y nuestro autor polemiza
tal como lo hace en La Tizza
con preguntas sin respuesta.
A la izquierda de la orquesta
hay un silencio atonal.
Malestar antiestatal.
¿Deseo cuentapropista?
¿Deseo capitalista?
¿Se cumple el pacto social?
Acaso sus opiniones
sondeen oscuras zonas
y, como pocas personas,
nos provoque reacciones.
Justo por esas razones
es que el autor logra altura,
si nos hinca su postura
de sabios puntos de vistas,
sectarios y oportunistas,
cuidado con la lectura.
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