
Muy pocos hoy recuerdan quién fue Félix Tanco Bosmenier, uno de los asiduos concurrentes a las tertulias literarias de su amigo Domingo del Monte durante la estancia de este en la ciudad de Matanzas, a las cuales asistía también José Jacinto Milanés.
Tanco, si acaso, es mencionado por su presencia entre los cuatro autores incluidos en el libro Rimas americanas, de 1833, junto a Domingo del Monte, José Policarpo Valdés y Ventura de la Vega, así como por la abundante correspondencia que mantuvo con Del Monte.
Sin embargo, algunas curiosidades vale la pena apuntar en torno a la vida y la obra de Félix Tanco Bosmenier. Aquí le van. Nació en Santa Fe de Bogotá, Colombia, en 1797, aunque se trasladó a Cuba con la familia desde temprana edad. En esta nación cursó estudios y cultivó su afición por las letras.
Al incipiente escritor lo animaba un profundo sentimiento abolicionista, por tal razón fue enviado a prisión y a continuación embarcó hacia España. De vuelta, desempeñó algunos trabajos, entre ellos en el semanario El Iris; también colaboró para otras publicaciones: La Aurora de Matanzas, Brisas de Cuba, Revista de La Habana…
José Manuel Carbonell lo incluye en su vastísima antología Evolución de la Cultura Cubana, pero señala que «la poesía de Tanco solo vive en la tradición del pasado y en la melancolía del recuerdo erudito», lo cual equivale a considerarlo un poeta menor dentro del parnaso insular. Pero aquí entramos nosotros, desde Cubaliteraria, para hacerle un poco de justicia. He aquí una muestra de su quehacer, en este fragmento del poema «El himeneo»:
Pasó del corazón la cruel tormenta
que el dios festivo o iracundo
en nuestros pechos suscitó violenta.
Pasó el amor, y en ellos solamente
quedó el afecto puro, sosegado
de la amistad, que en perdurable agrado
los mueve suavemente.
Salvando las implacables distancias del tiempo, no está mal, aunque al final resulta acertada la apreciación del crítico J.M. Carbonell.
De sus trabajos en prosa destaca el titulado Petrona y Rosalía, escrito en 1838 e inédito hasta 1925, cuando se publicó en la revista Cuba Contemporánea.
El autor «merece ser recordado porque fue el primero en escribir una novela antiesclavista, ya que la terminó meses antes de que Anselmo Suárez Romero comenzara su Francisco», tal cual apunta Max Henríquez Ureña. En realidad, Tanco y Suárez Romero, ambos, escribieron novelas (aunque no publicadas en el momento de ser redactadas, pero que circularon manuscritas), las cuales se inscriben entre las primeras de contenido antiesclavista de la literatura de habla española en el continente americano.
Tanco embarcó hacia Nueva York en 1869, tras sus hijos, involucrados en los trajines independentistas. Allá murió el 26 de septiembre de 1871, hace ahora 155 años. Nacido fuera de Cuba y muerto fuera de ella fue, no obstante, un escritor cubano, además de un cubano antiesclavista y un hombre que en su tiempo se preocupó por cuanto se relacionara con la isla que lo acogió y donde hizo familia.
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