
Con una impecable traducción llevada a cabo por la eminente intelectual cubana Julia Calzadilla Núñez, la Editorial Gente Nueva publicó en 2016 dentro de la Colección Veintiuno, un atractivo título que ha llamado la atención primero, y luego ha sido del gusto y la preferencia de buena parte del público adolescente y joven del archipiélago cubano, además de madres, padres y profesores que lo continúan solicitando en las escuelas secundarias y preuniversitarios: Un verano de amor y cenizas, de la escritora y periodista franco-canadiense Aline Apostolska, quien cedió su derecho de autor en esta edición, solo para Cuba.
Ganador del Premio del Gobernador General de Canadá en 2012 y del Premio FIT «Astrid Lindgren» 2014, el libro describe a través de una estructura típica de novela de viaje de aventuras y de crecimiento espiritual, la evolución física y psicológica de su protagonista: una adolescente nombrada Emma, presentada al inicio, supuestamente, como poseedora de un carácter rebelde y voluntarioso, quien inicia el relato evocando el recuerdo de su primer gran amor.
Esta evocación nos lleva a un pasado reciente, cuando Emma debió partir junto a sus padres —una pareja de profesionales librepensadores, ambos maestros: ella de matemáticas y él de lengua inglesa— en misión humanitaria hacia la India, específicamente hacia la región del Tíbet, donde experimentará una serie de profundas vivencias que le llevarán a cambiar por completo su visión del mundo, de la vida y de sus, en apariencia, fastidiosos e idealistas padres.
La autora juega dramatúrgicamente con quien lee, pues presenta al inicio a la joven recién saliendo de una profunda depresión, provocada por la pérdida de ese amor. A primera vista nos parece incluso algo banal o insustancial, pues aún no apreciamos el alcance de su brumosa situación, ni conocemos las terribles razones que la han llevado a ese abismo. Pero no será un simple capricho juvenil el motivo de la separación de la pareja, y para no adelantar la compleja trama y el desconcertante clímax que nos guiará hacia una mejor comprensión de aquella introducción y su desenlace, solo queda subrayar la excelencia lograda en la descripción fidedigna de diversidad de escenarios y rituales, la riqueza de matices en los diálogos y la precisión en la caracterización de cada personaje, muy consecuente con el rol que desempeña cada uno.
De gran interés cultural es la minuciosa exposición de los detalles en las formas de vivir, relacionarse, expresarse y hasta alimentarse en la Villa de Dharamsala, refugio de huérfanos tibetanos del exilio en los montes Himalaya, donde cada acto y costumbre, aunque parezca absurdo o incomprensible ante nuestros ojos occidentales, tiene su razón de ser. Así, serán aceptados crudamente por los protagonistas viajeros para sobrevivir en un entorno insólito, muy distinto al de los visitantes, aliviando ese encuentro civilizatorio donde, quienes no concebían otras formas de vida y otras creencias, conocerán algunas inimaginables.
El texto provoca emociones contrastantes de una a otra página, desde la explosión pasional del sentimiento amatorio hasta el visceral sentido de injusticia y horror que provocan la terrible y tradicional división en castas del pueblo indio y las consecuencias que ello destila. Desfilarán ante los ojos de los lectores, pasajes conmovedores y terribles de la historia de ese país y sus conflictos fronterizos con China y el Tíbet, donde figuras como la del Dalai Lama, la Madre Teresa de Calcuta y otros líderes religiosos y políticos serán centro de valoraciones y críticas tan justas como rigurosas. La juventud se presenta dentro de este convulso escenario, como aquella parte más sana y brillante de la sociedad, simbolizada en Tenzin y Dagbo, cuyos sueños dan al traste con sacrificios horrendos y a veces inútiles, en un contexto social difícil, conformado por mezquinos intereses de los sectores más poderosos y discrepancias interreligiosas, que, a pesar de esforzados intentos, no se puede cambiar.
Aunque la lectura del relato deja un sabor de impotencia y realidad, este corre en paralelo con el agradecimiento por la posibilidad de conocer otras situaciones humanas y de soñar junto a los personajes una sociedad donde puedan ser posibles la justicia y la comprensión para todos los habitantes del mundo, inmersos en una alucinante historia de amor.
De igual forma agradecemos la edición y corrección de estilo del escritor, periodista y promotor cultural Enrique Pérez Díaz, quien está al cuidado de la extraordinaria colección creada por él en 2007; el diseño y la composición de Danys Ribeaux Garrido, la hermosa cubierta con finas ilustraciones y viñetas de Maury Díaz Caballero, las cuales se integran a la perfección en cada secuencia y punto de giro del argumento.
La autora, Aline Apostolska, nació el 2 de mayo de 1961 en Macedonia del Norte, en la antigua Yugoslavia. Siendo muy niña emigró a Francia, donde estudió periodismo, danza, así como otras disciplinas humanísticas y artísticas en París hasta completar una maestría en Historia internacional. Volvió a trasladarse, esta vez a Montreal, Canadá, donde trabajó desde 1998 como periodista de prensa escrita, radio y televisión. Residió algún tiempo en Cuba, donde se le entregó a causa de este libro la Distinción a la Humildad «Dora Alonso».
Apostolska ha impartido talleres de escritura en Guatemala y viajó por varios países –Sudáfrica, China, Nicaragua— como reportera para publicaciones de Quebec, donde publica en francés. Actualmente maneja varios blogs en redes sociales, ofreciendo cursos on line; así como un canal de Youtube.
Posee más de cuarenta obras publicadas, entre ensayos, crítica de arte, poesía y novelas, muchas de ellas dedicadas al público adolescente y joven. Igualmente, en 2018 se inició como pintora con una exposición en el Centro de Arte Nuevo de Montreal.
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