
En la tarde de ayer 14 de junio se realizó en el Centro Cultural Dulce María Loynaz el espacio «Una fiesta innombrable» organizado de conjunto con el proyecto CubaPoesía con el fin de promover una lectura crítica de las letras cubanas contemporáneas.
En esta ocasión la cita estuvo dedicada al poeta, narrador, dramaturgo y ensayista cubano Antón Arrufat. El homenaje estuvo a cargo de un prestigioso panel moderado por el poeta Ricardo Alberto Pérez e integrado por la investigadora Cira Romero y los escritores Israel Domínguez y Francisco López Sacha, quienes abordaron, con sus lecturas personales, la obra del Premio Nacional de Literatura (2000).
Al iniciar, Ricardo Alberto Pérez agradeció a los presentes —en especial a Arrufat―, por acudir a la sala Federico García Lorca de la institución cultural después de tanto tiempo de incertidumbre y encierro, con motivo de celebrar la obra de un autor imprescindible de la literatura cubana a través de un panel de lujo.
El escritor Francisco López Sacha ahondó en la obra narrativa de Arrufat, sobre todo en La caja está cerrada (1984) — para él «un clásico de la narrativa de la Isla, una obra que ha conseguido lo que fue siempre el empeño de los grandes novelistas: crear un cuadro de época» ―, La tierra permanente (1987), La noche del aguafiestas (2000) y La ciudad que heredamos (2019), su última entrega. Sobre la que comentó, es un «libro deslumbrante si los hay, donde el juego polifónico de voces nos va desnudando una Habana todavía visible, hecha de retazos, recuerdos, reminiscencias, aproximaciones, visiones parciales y ensueños, que una relación tan ufana y tan íntima, como la de un abuelo con su nieto, revelan al tras luz».
Luego agregó que no creía posible calificar este libro como una novela, «a no ser que a una novela le baste con un solo misterio y con la posibilidad maravillosa de incorporar citas, leyendas, voces ausentes, fragmentos de otros libros, observaciones de viajeros y habitantes en disímiles épocas…».
Por su parte, el poeta Israel Domínguez recorrió la creación poética de Arrufat, y señaló temas que la atraviesan hasta convertirse en esencia de su poética:
«Desde En claro, su primer poemario, hasta Vías de extinción, su más reciente entrega, vuelve una y otra vez sobre lo que podríamos calificar como variaciones de un mismo tema, pues sus observaciones son frutos de diferentes aristas enriquecidas por su imaginación y su destreza estilística. Vida, muerte, eternidad, mortalidad, durabilidad e intensidad son ingredientes esenciales en la poesía de Antón.»
Más adelante explicó que «los poemas de Arrufat se entrelazan para conformar un solo libro que pudiera titularse como su antología La huella en la arena (…). Pudiera titularse así, pues este título encierra los presupuestos ideoestéticos del autor.

Para finalizar el panel, la ensayista e investigadora Cira Romero ahondó en el universo literario de Arrufat en conjunción con su personalidad. «Arrufat ha sido —considera― un perfecto y fiel creador de circunstancias. (…) Su voz expresada en diferentes modalidades de los mal llamados géneros literarios, violados por él con la tranquilidad pasmosa de quien sabe lo que hace porque, como dije antes, no cree en ellos y preñarlos de límites que nunca se erigen en absolutos, mientras sus páginas se recorren como una mediación entre los destinos y el fin».
Para la investigadora, Antón Arrufat conversa consigo mismo y con los otros, pero se comunica con mayor libertad a través de sus libros: poesía, cuento, novela, teatro, ensayo, periodismo cultural, gozosamente entretejidos y sin que sepamos cual es el mejor pues forman quizás un solo gran libro. Es un espíritu al que hay que descubrir lentamente, acercársele por los vericuetos de una personalidad nada lineal y sin mucho esfuerzo comprender que es un ser nacido para escuchar lo que a otros les está vedado, para dialogar consigo mismo y para transmitir a través de su escritura.
El tiempo no ha erosionado su obra y prueba de ello es el premio de poesía Nicolás Guillén a Vías de extinción cuando estaba a punto de cumplir 80 años, lauro con el que demuestra que el desgaste natural por el paso del inexorable no ha tocado ni tocará jamás su horizonte cultural.
Cira Romero terminó sus palabras con la certidumbre de que Antón Arrufat es el escritor vivo más importante de Cuba «y lo amplifico por la probada fuerza de sus facultades reflejadas en una obra poderosa, pero sin soslayar su fidelidad a las letras desde hace más de 60 años».
Antes de concluir el espacio, el homenajeado leyó algunos de sus textos. Para la ocasión seleccionó una serie de poemas que, considera, son los menos conocidos de su copiosa producción poética. «El río de heráclito», «Arte amatorio», «En la orilla», «La otra frontera», «El nuevo poderío», y «Arte de ver su cercanía», fueron algunos de los escogidos por el poeta para regalar a un auditorio de amigos, escritores y lectores, que por unas horas disfrutaron de esa fiesta innombrable que es, sin dudas, la creación de Antón Arrufat.

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Antón Arrufat lee el poema «Arte de ver su cercanía», incluido en su libro La huella en la arena
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