
Social, la revista que auspició Conrado W. Massaguer, ha vuelto a la vida tras casi 90 años de silencio. No como revista, sino como libro de artista, con una tirada limitada y numerada, ciertamente, pero que en cada entrega resalta el legado de la publicación original y de su fundador, precisa su directora, la escultora Nerea R. Vera.
De ahí, subraya, las referencias presentes a sus portadas icónicas, viñetas y algunas pautas de diseño, artículos sobre sus fundadores y el empeño de mantener sus estándares en la calidad de los textos. Una continuidad que se acentúa cuando se recuerda que, si en 1938, Social dejó de aparecer en el número 240, la de hoy comenzó en el 241, un encadenamiento que más allá de las cifras, trata de mantener los criterios editoriales de sus fundadores y contar con escritores y diseñadores de todas las generaciones que conviven en Cuba, así como contenidos muy diversos.
-Lo esencial es organizar en artículos bien escritos las distintas áreas de la creación cubana en su devenir, balanceando los temas en una suerte de tres tiempos. Así en las secciones, claramente delimitadas de Social, si se escribe, digamos, sobre arquitectura, se hace abordando la época colonial, la republicana y la posterior a 1959… Lo mismo en diseño gráfico e industrial, urbanismo y patrimonio, mientras que en secciones como las relativas a historia, música, arte y la entrevista se va de una época a otra en el intento de lograr una selección variada y atractiva– comenta Nerea Vera.
Esta habanera nacida en la década de 1980 ha desarrollado y madurado largamente su obra plástica, con hincapié en el dibujo y la escultura, en exposiciones dentro y fuera de Cuba. Durante siete años trabajó como ilustradora de libros y de la revista La isla infinita, fundada por Cintio Vitier en 1999. Fue ese quehacer con autores del grupo Orígenes que hizo nacer «mi anhelo de crear un fondo documental que preservara el patrimonio de las revistas cubanas».
De cualquier manera, Social como proyecto ocupa de modo fortuito un lugar en la vida profesional de su editora. Cuando comenzó a restaurar la casa de El Vedado que había pertenecido Cruz Bustillo, coronel del Ejército Libertador, oficial con igual rango en el Ejército de la República y jefe de la fortaleza de la Cabaña durante un tiempo, descendientes del militar le obsequiaron sus libros, muchos de ellos relativos a la masonería. Conmovida por la atmósfera de la casa y sus objetos de comienzos del siglo XX, Nerea notó que faltaba algo, y era lo que leían las mujeres…
-Así conecté con Social y lo que comenzó como una actividad paralela a mi trabajo como artista, derivó en nutrir mi obra y transformarla de maneras insospechadas.
Dejó de importar los materiales que requería para su trabajo, que es lo que hacen casi todos nuestros artistas. Eso cambió radicalmente sus piezas pues comenzó a crear sobre soportes más crudos, que son aquí los que están a mano y con pigmentos poco convencionales, que enriquecieron el resultado en lugar de empobrecerlo, pues muchos de los materiales traían una carga intrínseca a veces histórica que desencadenaba otros significados.
–Social, además, me acercó a maestros de oficios que desconocía como Eduardo Viciana, restaurador de vitrales y único maestro de vidrio soplado en Cuba. Porque a raíz de la visita a su taller para escribir un artículo sobre su ardua labor como restaurador de las 563 luminarias del Gran Teatro de La Habana y del Capitolio Nacional, terminamos creando en conjunto una serie de piezas que formarán parte de mi próxima exposición personal.
Revivir Social no resultó tarea fácil. Implicó para su directora una tarea de años para registrar otra vez la marca de la revista y su logo y recopilar sus 240 números en un archivo tanto físico como digital. Valga aclarar que diseño, maquetación, impresión y encuadernación de tabloides, periódicos y revistas están regulados en la actualidad para el sector privado en Cuba. Surgió entonces la alternativa del libro de artista que no alcanza a todos los lectores que se quisieran, pero que es válida hasta encontrar una figura legal que la ampare y continuar de cierta manera la publicación.
Hoy, el 70 % de quienes leen Social son mujeres de entre 25 y 35 años de edad, residentes en Cuba. «Esto es significativo», expresa Nerea Vera y resalta su convencimiento de que cobra sentido la fórmula de elegir lo más bello, atemporal, autóctono cubano y también lo contemporáneo con una estética que se pasea entre épocas.
Precisa:
-Social se dirige primeramente a los cubanos, tanto de adentro como de fuera. Luego a quienes nos visitan y desconocen nuestra historia, nuestras características y tienden a la imagen estereotipada de Cuba. Porque creemos que la palabra bien escrita tiene peso, transforma, y que dar visibilidad de proyectos de genuino esfuerzo y belleza contribuye a que se multipliquen, crezcan. Desmontar décadas de percepciones erróneas sobre nosotros y de nosotros mismos sobre nuestra esencia y potencial es el objetivo a largo plazo, y a quienes más importa es a las nuevas generaciones, ávidas de conectar de otra manera con su raíz.
Nerea Vera está convencida de que haber sacado los primeros dos números después de 87 años no ha sido banal.
-Con una modernidad distinta y un inteligente imán editorial intentamos que Social haga buscar con avidez más contenido, incluso al lector no familiarizado con el sentido nuevo que damos a las crónicas culturales. De manera que incluso si mañana cesaran de salir estas páginas, en que se busca un equilibrio difícil, dejen una oportuna lección sobre muestro valor como nación de hombres y mujeres creadores, en todas las épocas. Por eso asumimos además la lealtad a lo nativo, que más que excluir asegura la vinculación a lo global, la aspiración a que el gesto creador ofrezca ese adelantamiento o condensación de un proceso que la circunstancias realizan de una forma más lenta, y la conciencia de la dignidad de arte.
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