
¿Quién no ha leído o escuchado el popular «Pasarás por mi vida / sin saber que pasaste…» de José Ángel Buesa (Cienfuegos, Cuba 1910 – Santo Domingo, República Dominicana, 1982), poeta romántico con un claro tono de melancolía en toda su obra, que es primordialmente elegíaca? Se le ha llamado el «poeta enamorado». Ha sido considerado como el más popular de los poetas en la Cuba de su época. Su popularidad se debía en gran parte a la claridad y profunda sensibilidad de los versos.
De Buesa son estos tres poemas que compartimos Foto tomada de la web Poéticos, en ocasión de celebrarse hoy su cuadragésimo tercer aniversario luctuoso.
Símil de árbol
Árbol ya largamente florecido, con el tronco tatuado de iniciales, lo dejaron en pie los vendavales, sin una hoja, ni una flor, ni un nido, igual que un corazón envejecido que aún palpita, sin bienes y sin males, lleno de sal, como los litorales, con fatiga de amor y sed de olvido. Pero en el árbol se detuvo un día, para cantar, un pájaro viajero, y el tronco aquel sintió que florecía... como florece un corazón huraño, para después sentir que le hace daño la flor tardía de su amor postrero.
El nudo
Me costaba trabajo desatar aquel nudo, aquel viejo vestigio de una vieja ilusión que no sé todavía cómo pudo enredar sus raíces sobre mi corazón. Era un nudo tan firme, tan imperioso y cruel, que pensé muchas veces que al morirme moriría con él. Me costaba trabajo y el tiempo se me iba vanamente doblándolo hacia abajo, vanamente torciéndolo hacia arriba. ¡Ah, castigo final de los amantes, que es el dolor más terco y más agudo: doloroso castigo de las manos sangrantes queriendo deshacer un viejo nudo! Luchar porfiadamente, ciegamente quizás y comprender un día, de repente, que al tratar de aflojarlo se apretó más y más. Pero ahora voy cantando por la vida despreocupadamente una canción, aunque tengo una herida una pequeña herida sobre mi corazón. Y es que quizás fui rudo, como quien ciega un pozo, como quien parte un gajo pero ya me dolía tanto el nudo que lo corté de un tajo.
Poema del río
Únicamente el río conoce tu secreto, ese secreto tuyo que es el secreto mío. El río es un hombre de corazón inquieto pero el amor se aleja como el agua del río. Únicamente el río nos vio por la vereda, y el rumor de sus aguas era como un reproche. Tu piel era más blanca bajo la magra seda, como el deslumbramiento de la nieve en la noche. No importa que huya el agua como un amor de un día; mi amor, igual que el río, se quedará aunque huya. Únicamente el río supo que fuiste mía, para que mi alma fuera profundamente tuya. El río es como un viaje para el sueño del hombre, el hombre, es como el río, un gran dolor en viaje. Únicamente el río te oyó decir mí nombre cuando las hojas secas decoraron tu traje. Sí. El río es como un hombre de corazón inquieto que va encendiendo hogueras y se muere de frío. Únicamente el río conoce tu secreto. Únicamente el río.
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