
Los Poemas sin nombre, publicados por Ediciones Loynaz en el año 2000, son puras condensaciones de poesía. Poesía interior, rara en las mujeres. A la misma vez ocupan un ámbito tocado por el impulso de la poesía. Es una colección de 124 poemas en prosa o textos escritos en prosa de una belleza poética que les hace especiales, íntimos, personales. Poemas que hablan de su infancia, de sus sueños y de sus temores. Poemas en los que Dios es el eje sobre el que todo gira.
Poemas sin nombre
I
Señor, las criaturas que enviaste ya están aquí, aleteando junto a mi cabeza. Yo las sujeto por un hilo de sangre y temo que se rompa el hilo... A pesar de que todavía no las veo, inmersas como están en la tiniebla, yo creo que son muchas, y creo también que algunas son hermosas y dignas de vivir. Pero mira, Señor, que no puedo alimentarlas todas con esta poca sangre mía; ni quiero ya que se me mueran, como no quiere la madre perder el hijo concebido, aunque no lo deseara antes y le sea fruto de fatiga después. Dame, Señor, una de tus estrellas de nodriza para estos hijos de menguada madre... Dame para ellos el vestido de los lirios, ya que no sé tejer...
II
Yo dejo mi palabra en el aire, sin llaves y sin velos. Porque ella no es un arca de codicia, ni una mujer coqueta que trata de parecer más hermosa de lo que es. Yo dejo mi palabra en el aire, para que todos la vean, la palpen, la estrujen o la expriman. Nada hay en ella que no sea yo misma; pero en ceñirla como cilicio y no como manto pudiera estar toda mi ciencia.
III
Solo clavándose en la sombra, chupando gota a gota el jugo vivo de la sombra, se logra hacer para arriba obra noble y perdurable. Grato es el aire, grata la luz; pero no se puede ser todo flor...; y el que no ponga el alma de raíz, se seca.
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Sobre la autora
Dulce María Loynaz (La Habana, Cuba, 10 de diciembre de 1902-27 de abril de 1997). Es conocida como la más grande escritora cubana del siglo veinte, galardonada con el Premio Nacional de Literatura en 1987 y con el Premio Miguel de Cervantes en 1992. En la casona que habitó entre 1947 y 1997, ubicada en la esquina de las calles 19 y E, en El Vedado, funciona desde el 5 de febrero de 2005 el Centro Cultural Dulce María Loynaz.
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