
Sexo de cine. Visitaciones y goces de un peregrino, del escritor, crítico cinematográfico y ensayista Alberto Garrandés, es el título del volumen publicado por Ediciones ICAIC y dirigido —básicamente— a los amantes del séptimo arte que prefieren vincular la pantalla grande con el sexo y el erotismo. Desde la vertiente metodológica, el autor adopta el principio de la descripción analítica para seleccionar un grupo de filmes que tienen como núcleo fundamental o eje central el polémico tema del sexo; instinto primario, cuyo claustro materno es uno de los componentes esenciales del inconsciente freudiano, donde habita todo lo que acerca al hombre genérico a la «bestia salvaje» que se oculta —y acecha— en las regiones más ignotas del cerebro humano.
Por otra parte, el que fuera columnista de Cubaliteraria estructura su crítica cinematográfica en forma de relato ensayístico (¿qué otro género literario podía escoger un autor que se desenvuelve en ese contexto con la profesionalidad, sagacidad y habilidad que lo identifican en el campo de las letras insulares y de un poco más allá de nuestras fronteras geográfico-culturales?) para incursionar —con sólidos conocimientos teórico-conceptuales y un lenguaje accesible al lector— en una manifestación artística que se apoya en el cuerpo sexualizado, en las articulaciones sobre las cuales se asienta la libido (deseo erótico-sexual, según el vocabulario psicoanalítico ortodoxo) y en el complejo y complicado proceso de activación sensorial, caracterizado —sobre todo— por el placer desencadenado por la relación íntima entre dos cuerpos y el orgasmo (respuesta final de la personalidad), experimentado y disfrutado por la pareja de amantes desde los más disímiles puntos de vista.
Con base en escenas que hacen alusión directa al sexo explícito, a la entrega afectiva —evidenciada a través del sexo— y a la relativa escasa visibilidad de los intercambios erótico-sexuales, dichas condicionantes y «goces» proporcionados por el encuentro entre dos cuerpos configuran —según Garrandés— una lectura cultural, que se manifiesta a través del uso inteligente de un estilo emocionalmente intenso, transparente, sintético, independiente e inmerso en su propio diálogo con las metáforas del cuerpo (desnudo) y su plasmación en el relato fílmico.
Por último, Alberto Garrandés platica con un interlocutor inteligente (unas veces, desmedido, otras veces avezado —¿o incisivo al formular preguntas capciosas?— para concluir con un diálogo útil y fructífero, capaz no solo de completar, moldear o pulir las ideas expresadas en ese contexto literario, sino también de acariciar el intelecto y el espíritu del lector, al que le muestra —desde la óptica objetivo-subjetiva del distinguido intelectual habanero— las implicaciones que suelen provocar situaciones tan polémicas como la mirada pornográfica, la emancipación de lo «obsceno» y la levedad del erotismo (y del ser); temas tabúes hasta hace poco tiempo, tanto en la literatura como en los demás medios masivos de comunicación (incluido, por supuesto, el séptimo arte).
Si usted, estimado lector, decide navegar en esas turbulentas aguas que nos propone el libro Sexo de cine, estoy seguro de que no se arrepentirá de poder descubrir o desentrañar los «secretos» sobre sexo, que sin duda alguna despertarán su imaginación y fantasía en esa área de la personalidad humana.
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