
Arturo Montori de Céspedes (1878-1933) fue profesor por oposición de la cátedra de Gramática, Composición, Literatura Española y Cubana de la Escuela Normal para Maestros de La Habana, donde llegó incluso a ocupar su dirección. Fue precursor de la llamada «Escuela Nueva» e impulsor de la enseñanza laica.
Escribió libros de texto, algunos en colaboración con Ramiro Guerra, como el Libro Cuarto y el Libro Quinto de Lectura. Los libros de lecturas confeccionados por Arturo Montori encierran una sabiduría, que no resulta difícil imaginar cuán preparado podría salir el estudiante de aquellas aulas. Las lecturas de Montori combinaban a autores nacionales y de otros países, por tanto, los temas eran disímiles, desde la poesía de Gabriela Mistral hasta una anécdota sobre la vida del Padre Varela en Nueva York.
También figuró entre los redactores del Libro de Cuba. Director con Ramiro Guerra de la revista Cuba Pedagógica, colaboró además en Letras, Nuestro Siglo, Revista Bimestre Cubana y Carteles.
Montori es una de las figuras más relevantes en la pedagogía cubana en las décadas iniciales de la etapa republicana. Sobresalen su labor como maestro, pedagogo, publicista e investigador fecundo en diversas problemáticas. Por ejemplo, en su libro Modificaciones populares del idioma castellano en Cuba (1916), trataría el fenómeno de la marginalidad, los vicios y la vagancia persistente en el país
Colabora, asimismo, en la revista Cuba Contemporánea con el pseudónimo de «Monitor», donde ataca los males de la corrupción política de entonces. En uno de sus escritos advierte sobre la extensión de las revoluciones proletarias en Rusia y Alemania ante la injusticia social prevaleciente. Investiga y publica sobre la niñez cubana y en defensa del feminismo en Cuba, realiza estudios sobre la educación norteamericana en el año 1926 cuando se desempeña como Agregado Técnico de la Embajada cubana en Washington.
Indiscutiblemente la trayectoria de Montori de Céspedes en las tres primeras décadas del siglo XX y sus aportes a la escuela, a la formación y superación de maestros, más el ejemplo de una conducta capaz de erguirse ante las dificultades surgidas en la familia y en la sociedad y promover el mejoramiento profesional y humano con tanta brillantez y constancia, lo sitúan como un educador imprescindible en la Historia de la Pedagogía cubana y de la región iberoamericana.
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