
Dialéctica del espectador, del genial cineasta Tomás Gutiérrez Alea (Titón) (1928-1996), es el título del libro, publicado por Ediciones de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV), y prologado por el crítico Juan Antonio García Borrero, en homenaje al aniversario 65 de la fundación del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC).
En ese texto, verdadera joya de la literatura especializada insular y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas, está concebido desde una óptica ideo-estético-artística por excelencia, y redactado con un lenguaje accesible al lector no familiarizado con el vocabulario técnico-profesional utilizado por los críticos cinematográficos; con pocas palabras: un estilo sencillo, personalísimo, y al alcance de todos los públicos, sobre todo los más jóvenes, a quienes está especialmente dedicada dicha edición.
En esa obra, los críticos, estudiosos y amantes de la pantalla grande podrán encontrar un conjunto de ensayos, caracterizados, fundamentalmente, por la utilización del lenguaje cinematográfico, cuya forma sui generis de escribir puede compararse —según mi percepción objetivo-subjetiva— con las imágenes fílmicas sobre las cuales se estructura su importante aporte ideo-estético-artístico al desarrollo del séptimo arte en la mayor isla de las Antillas.
El apasionante tema acerca de la creación cinematográfica es tratado con la profesionalidad y rigor teórico-conceptual y metodológico que lo identifica, por uno de los más grandes cineastas hispanoamericanos de todas las épocas y todos los tiempos.
En ese libro se revela una faceta literaria poco conocida de Gutiérrez Alea: la del sagaz teórico, la del sutil ensayista capaz de incluir los temas que le obsesionan con la misma profesionalidad y responsabilidad con que se consagrara al quehacer cinematográfico.
Para el colega Juan Antonio García Borrero, esas páginas:
(…) son notas escritas por (…) Gutiérrez Alea en las imágenes de sus películas, ideas que nos van revelando las interioridades de un proceso creativo que, sin dejar a un lado la búsqueda de la emoción (Fresa y chocolate es una buena prueba de ello), casi siempre quiso priorizar el encuentro con un espectador [inteligente y] reflexivo.
En opinión de este cronista, no existe mejor homenaje por los 65 años de la constitución del ICAIC que la publicación de La dialéctica del espectador, según la óptica originalísima de Tomás Gutiérrez Alea, nuestro inolvidable Titón.
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