El elogio a la mortalidad es una defensa de lo concreto frente a lo abstracto, de lo vivo frente a lo inerte. «Gilgamesh» y Borges (1899-1986), cada uno a su modo, nos advierten contra la tentación de la duración infinita. Nos invitan a amar el mundo en su fragilidad y a buscar lo eterno en el instante de plenitud que el arte y la memoria son capaces de rescatar del naufragio de los días. Leer más